Cuando le tengo a pocos centímetros, abro los brazos, dejándolos al lado de
mi cintura, tímida, mostrándole que deseo abrazarle, con una sonrisa en la cara
que nada ni nadie puede cambiar. Él, sin hablar, simplemente sonriendo,
mirándome a los ojos, me rodea con una mano el cuello y con la otra me acerca a
él, bajando la mano por mi espalda,
acariciándome, mientras con la otra me aprieta por los hombros hacia él. Yo le
rodeo la espalda, me aprieto más, todo lo que puedo, y hundo mis dedos en su
camisa, sonriendo, apoyando mi mejilla en su hombro, casi en su pecho, pudiendo
escuchar los latidos de su corazón. En este momento, el mundo ha parado para
mí, solo estamos él y yo, en medio de esta calle, abrazados. Las piernas me
tiemblan, el corazón late muy deprisa, más que latir, parece que bote, que
baile dentro de mí lleno de felicidad… Él sigue apretándome por la espalda,
pero con la otra mano pasa a acariciarme la mejilla y reposa su mano en mi
cuello. En ese momento, noto como todas las ganas de llorar que tenía aumentan,
es el momento más tierno que he vivido en mi vida y lo estoy viviendo con él,
sumándole el hecho de que sus manos estén acariciándome, hace sentirme más
especial. Aún así me aguanto, recuerdo la promesa que le hice, y no voy a
traicionarle. Inspiro con fuerza, notando su perfecto aroma y muriéndome de
amor al hacerlo: sigue usando la misma colonia que el primer día que lo abracé,
y eso me trae muchos recuerdos. Separa su mano de mi cuello y pasa otra vez a
mi hombro, la va bajando hasta la cintura, igual que la otra, y me separa de
él, mirándome directamente a los ojos, con ternura. Noto como se da cuenta de
que estoy haciendo un esfuerzo enorme para no llorar, tengo los ojos hinchados
y rojos, seguro, pero mi sonrisa lo compensa, creo. Cojo aire para preguntarle
cómo sabía que yo venía, no es normal esta reacción en él, pero antes de poder
hacer el esfuerzo para articular palabra, me contesta él.
- Me dejó un tweet Blair. – ¿Blair? ¿Un tweet? ¿A él? – Me dijo que venías a
verme, sola – remarca esa palabra,
haciendo que me sonroje más, si cabe – y que te cuidara. – Sonríe al ver cómo me
pongo roja. Me acaricia la mejilla. – Te echaba de menos. – Me besa en ella,
tiernamente. Cierro los ojos, dejando caer una lágrima, y me muerdo el labio.
¿Por qué me hace esto? ¿No ve que estoy temblando y que no puedo más? Le miro a
los ojos y le sonrío como muestra de agradecimiento, todavía no tengo fuerzas
para hablar. Él baja las manos que tenía en mi cintura y me coge de las manos,
apretándolas, para calmarme, y las eleva a la altura de su barriga – ¿Cómo
estás? – Sonríe.
- Nunca había estado mejor. – Logro contestar después de coger aire. Al
escucharme, vuelve a abrazarme tiernamente. Es un abrazo corto, pero con
sentimiento. Al separarme, vuelve a cogerme de las manos, mirándome fijamente.
- Bueno, ¿qué? – dice Àngel con una gran sonrisa. Me quedo mirándolo
atontada, sin saber a qué se refiere. – ¿Qué tenemos que hacer ahora?
- ¿Cómo? ¿Qué no tienes programa hoy? – Ríe.
- No, ¡claro que no! ¡Es Navidad!
- ¿Y entonces…? – Sonríe. ¿El tweet de Blair? ¿Ha venido solo porque sabía
que yo vendría? Sonrío como una tonta, llena de felicidad y me lanzo a
abrazarlo. Él suelta una carcajada tímida al ver mi reacción y me abraza,
moviéndome, como si fuese una cuna. – Gracias, gracias, gracias. – le susurro
en el oído, perdida en su perfecto olor.
- No me las des a mí, dáselas a Blair por amenazarme. – escuchar eso me hace
reír, aunque quizás debería preocuparme… – ¿Y bien, que quieres hacer? – dice
al separarse de mí, volviéndome a coger las manos.
- ¿Eh? Bueno… No… No sé… ¿Qué quieres hacer tú?
- ¿Yo? – contesta divertido. Me quedo parada y le miro cuestionándole.
Àngel, al ver mi cara, empieza a reír y yo me pongo como un tomate. ¿Qué
pensará de mí? Al ver cómo me sonríe, tiernamente, al acabar de mofarse de mí,
me doy cuenta de que no tengo que temer nada, que sabe que no estoy loca… No
como para hacerle nada. Y eso me gusta. – Vamos, vamos a pasear.