dilluns, 27 de maig del 2013

45. ¿Porqué me haces esto?

Àngel empieza a reír y vuelve a girarse, pasándome la bayeta que he dejado abandonada durante este interrogatorio.

- Ayúdame, va, que sinó no acabaremos nunca. – me quedo parada mirándole, con la bayeta en la mano, apretándola fuerte. No puedo creerlo…
- Sí… – contesto cogiéndola y volviendo a limpiar. De reojo voy mirando a Àngel, sonrojada y nerviosa. ¿De verdad va a besarme? Las piernas empiezan a temblarme y me apoyo en la encimera para tranquilizarme. Él se da cuenta y suelta una risita.
- Siempre queda la opción que llame a Enric y hables con él… – me giro rápido y le miro.
- Co...  ¿Cómo? – pregunto extrañada, él se gira y me mira con una sonrisa traviesa.
- Le llamo, te pones y le dices que no aceptas el trato, así yo no rompo la apuesta y tú te vas tranquila a casa.
- Sí – contesto sin pensar, de repente. Él  se sorprende y parpadea sin creérselo.
- ¿De verdad? – dice acercándose a mí – ¿Quieres que le llame? – susurra cerca de mí, cogiéndome suavemente por la cintura. Yo levanto la cabeza y me pierdo en su mirada, noto como el corazón cada vez late más fuerte y empiezo a respirar más deprisa. Él no se aparta, es más, da un pequeño paso más hacia mí, con una gran sonrisa traviesa y vuelve a preguntarme – ¿Le llamo? – yo niego con la cabeza lentamente y apoyo mi mano en su pecho para separarle un poco – ¿No? ¿Segura? – dice todavía con esa gran sonrisa. Yo me quedo quieta, quiero afirmar, pero a la vez negarlo… No sé lo que quiero. Agacho la cabeza y trago saliva, intentando serenarme. Él poco a poco va subiendo la mano que tiene en mi cintura y la posa en mi barbilla, levantándola, para hacer que le mire. Al notar su mano en mi cara, presiono más su pecho para que se separe, pero él hace fuerza, deja la bayeta que tenía en la otra mano y me coge de la cintura para evitar que me separe, sonriendo de oreja a oreja, disfrutando de mi tembleque. Poco a poco va acercando su cara a la mía, puedo notar su respiración en mi rostro y eso hace que se me erice todo el cuerpo. Vuelvo a agachar un poco la cabeza y él la levanta con una risita, tocando con su nariz la mía.
- ¿Àngel? – Àngel me suelta la cara y da un pequeño paso hacia atrás, asustado, igual que yo. Nos giramos y vemos a Manu entrando en la cocina – Ah, estáis aquí… – dice con una sonrisa. Cuando nos ve juntos se sorprende y mira a Àngel arqueando las cejas, él suelta una pequeña risa y niega con la cabeza. Yo les miro a los dos y doy otro paso hacia atrás, intentando recuperarme de lo que he vivido, volviendo a respirar tranquila. – Em… Es que te estábamos buscando… – dice casi disculpándose.
- Vale, vale… – susurra Àngel entre risas – ¿Qué pasa?
- Nada, nada… Te hemos arreglado el comedor y tal y ya nos vamos.
- Ah, gracias, Manu. – contesta con una gran sonrisa.
- En fin, hasta mañana. – se acerca a mí y me da dos besos. Entonces abraza a Àngel, dándole dos golpecitos en la espalda y se separa. – Portaros bien. – me guiña un ojo y se dirige hacia la puerta. Yo le sigo para despedirme de los demás y así conseguir separarme de Àngel, pero él me sigue para hacer lo mismo. Después de dar dos besos y las buenas noches a los chicos, Àngel cierra la puerta y vuelve a mirarme pícaro, apoyándose en ella.

- Déjame… – susurro con una sonrisa tímida, me giro y intento irme hacia la cocina corriendo, pero me para cogiéndome de la mano y girándome, haciendo que de dos pasos hacia él. Vuelvo a apoyar mis manos en su pecho y me separo un poco de él. – ¿Porqué me haces esto? ¿No ves cómo estoy? – susurro aguantándole la mirada, intentando darle pena. Él suelta una pequeña risa y levanta la cabeza, mirando hacia el techo. Abriendo los ojos como platos, sin poder creerlo, levanto yo también la mirada, intentando encontrar el vacio encima de mí… Pero no. Encima de nuestras cabezas está colgado el muérdago famoso de la apuesta. – No – digo contundente al bajar la mirada y verle sonriendo. Él suelta una pequeña risa y mueve los hombros.
- Una apuesta es una apuesta…
- Me da igual, yo no he apostado nada. – vuelvo a presionar su pecho para separarme y él me coge por la cintura.
- ¿Pero qué te pasa? Es solo un beso. – dice quitándole importancia.
- Para ti será solo un beso, yo no podré sacarme este momento de la cabeza y me volveré loca… – susurro agachando la cabeza. Vuelve a levantarme la cabeza con la mano, apoyándola después en mi cuello y me mira preocupado.
- ¿Tanto te importa? – susurra.
- No quiero sufrir por ti… Todo esto está siendo demasiado para mí… No tendría que haber venido. – intento dar un paso hacia atrás, pero me aprieta con fuerza hacia él y me abraza dulcemente, colando su mano por mi cuello y cogiéndome por la espalda.
- Perdóname, Aliss… – levanto un poco la cabeza para apoyarla en su hombro para poder respirar, oliendo su perfecto perfume.
- ¿Perdonarte porqué? – susurro en su oído. Él se separa pocos centímetros de mí, vuelve a cogerme de la mejilla y, rápidamente, sin que pueda defenderme, me besa. Presiona con fuerza sus labios contra los míos y yo abro los ojos como platos, presionando su pecho para separarle, pero no puedo, me rindo. Cierro los ojos y entreabro la boca al notar que poco a poco va dejando de hacer fuerza. Él, suavemente, me besa el labio inferior y se separa de mí, dejándome ir, dando un paso hacia atrás. Yo le miro enfurecida y cae una lágrima por mi rostro de felicidad y rabia. – Te odio.  

diumenge, 26 de maig del 2013

44. Me niego.

Cerrando la puerta con el pié y indicándome que pase, se adentra hacia el comedor, saludando a los chicos. Yo voy detrás de él, con los brazos cruzados por la vergüenza y sonriendo tímidamente. Al llegar al comedor, noto como todo el mundo se me queda mirando, cuestionando qué hago allí, a lo que agacho la cabeza todavía más sonrojada. Àngel se separa de nosotros y entra en una habitación que hay al final del pasillo.

- ¡Alice! – suelta Manu, viniéndome a dar dos besos – ¡Menuda sorpresa! ¿Qué tal todo? – lo miro sonriéndole, tímidamente.   
- Bien, bien… – contesto medio susurrando y levantando la cabeza.
- ¿Alice? – Enric se acerca hacia mí y me mira de arriba a abajo – ¿Eres la chica que colé al ensayo?
- Sí – salta Àngel en tono seco, apareciendo detrás de él y poniéndose a mi lado.
- ¿Qué haces aquí? – dice con una gran sonrisa, ignorando a Àngel y dándome dos besos, cogiéndome del cuello.
- Pues… – intento contestar.
- La he invitado – me corta Llàcer, pasando su brazo por mi espalda y cogiéndome del hombro. Giro un poco la cabeza y le miro intrigada y sonrojada, ¿de verdad está celoso? Enric le mira con la misma expresión que yo, aunque un tanto más divertido.
- ¿Ah sí? ¡Qué bien! Y pensar que ese día casi la matas… Le cogiste una manía… – vuelvo a mirar a Àngel, esta vez preocupada y dolida.
- Sí, bueno, pero la gente cambia… – dice intentando sacar hierro del asunto.
- Ya, ya, pero tú… – continua Enric para picarle.
- ¡Pero yo nada! – le corta Àngel soltando una carcajada a la que él se une. Sin entender bien qué les pasa, sonrío, intentando aparentar tranquilidad. – Bueno, vamos a empezar a hacer la comida, que veo que aparte de enredar la casa no habéis hecho nada… – se separa de mi y va hacia la cocina mientras yo me quedo allí con Enric, mirando al suelo.
- Escucha, escucha – susurra Enric acercándose a mí, yo le miro extrañada, y antes que pueda preguntarle escucho a Àngel gritar des de la cocina. Todos los que están en el comedor empiezan a reír y aplaudir divertidos y se acercan a la cocina para contemplar la escena. Cuando llegamos allí, Àngel está tapándose la boca con las manos para evitar gritar más y toda la cocina está hecha una porquería, llena de comida, sucia y platos puestos por cualquier sitio.
- ¿¡Pero qué habéis hecho!? – grita al vernos llegar a todos, yo contemplo la escena con los ojos bien abiertos, alucinando en general. Todos, mientras, siguen riendo y gritando, señalando la cocina y la cara de Àngel.
- ¡Pero abre el horno! – grita Marc desde atrás. Àngel suelta un pequeño grito, temiendo lo peor, y se dirige hacia el horno, abriéndolo rápidamente.
- ¡Va! – vuelve a gritar – ¡Sois unos cabrones! – suelta una gran carcajada y saca del horno dos bandejas de comida que hacen muy buena pinta. – Venga pues, ¡todo el mundo a la mesa!

Nos sentamos todos a la mesa, esperando impacientes para poder comer. Cuando me doy cuenta veo que tengo a Àngel a la derecha y a la izquierda a Enric, agacho la cabeza y suelto una pequeña carcajada tapándome la boca, para que no se den cuenta. Carraspeando, vuelvo a levantar la cabeza y sonrío, dándole mi plato a Àngel para que me sirva, ya que se ha prestado para hacerlo.

La cena transcurre rápido, cuando me doy cuenta ya vamos por las postres. Durante todo este rato no hemos parado de hablar, reír, gritar… Era como si nos conociéramos todos desde hace años, me han aceptado muy bien y he sido una más. Estoy llena de felicidad y no quiero  que acabe nunca esta noche, pero no puede ser así. Poco a poco la gente va yéndose y yo me quedo sentada en el sofá, melancólica, triste, no me quiero ir.

- Bueno que, Alisssss  – levanto la cabeza y veo a Llàcer de pie enfrente de mí  – tengo que acompañarte al hotel, ¿no? – afirmo con la cabeza, sonrojada  – bueno pues acabo de arreglar esto y vamos.

Se gira y vuelve a dirigirse a la cocina, que bastante faena tiene… Recordando cómo la han dejado, me dispongo a ir a ayudarlo, ya que los pocos que quedan están en el balcón pasando de todo. Cuando entro en la cocina, me pongo a su lado y empiezo a ayudarlo, limpiando la encimera y ordenando los platos. Él me sonríe como respuesta y sigue a lo suyo, limpiando la comida que hay tirada por aquí.

- Oh, míralos, como limpian. – nos giramos a la vez  y vemos a Enric con Diana en la puerta. Àngel le señala con el dedo, amenazante, y suelta una carcajada. – Nos vamos para casa…  – dice Enric guiñándole un ojo a Àngel.
- ¿Juntos? – dice Àngel con voz seductora, imitándole. Diana se sonroja y agacha la cabeza, sonriendo. – No has podido resistirte al final, ¿eh? – suelta una pequeña risita tímida y afirma con la cabeza. La pareja se despide de nosotros y se dispone a irse  – ¡Eh! – les grita Àngel antes que salgan por la puerta  – ¿Qué pasa con lo del muérdago? – Enric rompe a reír, coge de la mano a Diana y la lleva debajo del muérdago que tiene Àngel colgado de la puerta.
- ¡Esto se hace por fin de año! – grita Diana sonrojada.
- Nada, nada  – le corta Àngel  – él y yo teníamos una apuesta. Enric afirma con la cabeza, coge por las mejillas a Diana y la besa dulcemente.
- ¿Contento? – dice Enric mirándole.
- No, tenía que haber sido con Manu, pero bueno  – Enric vuelve a reír y Diana y yo nos miramos sin entender nada, y nos sonreímos mutuamente. Se despiden otra vez con la mano y abren la puerta, saliendo de ella. Antes de cerrar, Enric vuelve a entrar.
- ¡Àngel! Yo he cumplido, ahora te toca a ti. – le guiña el ojo  – ¡No hagas trampas! – y cierra la puerta. Me giro y miro extrañada a Àngel.
- ¿Tienes que besar a Manu? – le digo cuando vuelve a entrar en la cocina.
- ¿Qué? – ríe  – No, no… A otra persona. – arqueo las cejas, cuestionándole intrigada  – Hasta que no se vaya no tengo que hacerlo, así que tranquila, ya lo verás. – y vuelve a dirigirse a limpiar la cocina.
- ¿Y qué clase de apuesta es esa? – digo poniéndome a su lado – Yo creía que lo del muérdago se hace por fin de año, cuando la pareja entra en casa…
- Bueno, nosotros no lo hacemos así – ríe – la verdad es que nunca lo hemos hecho… Pero Enric me ha picado – dice mirándome fijamente – y yo cumplo con lo que digo. – no puedo evitar dar un paso hacia atrás al ver a Àngel tan cerca de mí y mirándome así, y él suelta una risita.
- Bue… Bueno… – carraspeo – todavía no me has contado lo de la apuesta…
- Creía que Diana se resistiría a Enric – contesta sin mirarme, limpiando la comida que hay en la pared – y le he dicho que si conseguía, por fin, que ella le dijese que sí… Tenían que besarse delante de mí. – continúo sin entenderlo – La única escusa que hemos encontrado era que se besaran debajo del muérdago, que “da buena suerte” – dice girándose y haciendo el gesto con los dedos.
- Aaaaah… ¿Y qué tienes que ver tu con esto? – se queda mirándome con una sonrisa – ¿A caso has ligado? – cada vez estoy más intrigada y no entiendo su silencio.
- No, no he ligado, pero nos lo hemos jugado, así que tengo que cumplir. – dice girándose y cogiendo otra vez la bayeta.
- Ah, ¡vale! – grito al entenderlo – Es decir, si él conseguía llevarse Diana a casa, tú tenías que besar a quien él te dijera, ¿es eso? – le pregunto intrigada.
- Sí, es eso, muy bien, Alisss – contesta divertido, centrado en su pared.
- ¿Y quién es el afortunado? – susurro entre risas. Àngel se gira y me mira extrañado y divertido, parece que vaya a decirme algo, pero rompe a reír y ladeando la cabeza vuelve a limpiar la pared. – ¿Qué? ¿Por qué te ríes de mí?
- Porque eres muy inocente…
- ¿Inocente? – Àngel se gira, se planta frente a mí, con una gran sonrisa, y me mira fijamente.
- ¿De verdad no intuyes a quien me ha pedido que bese? – susurra divertido. Entonces me suben los colores a la cara y doy un paso hacia atrás.

- No… – no es que no lo intuya, es que me niego, vamos, no puede hacerme esto.