Àngel empieza a reír y vuelve a girarse, pasándome la bayeta que he dejado
abandonada durante este interrogatorio.
- Ayúdame, va, que sinó no acabaremos nunca. – me quedo parada mirándole,
con la bayeta en la mano, apretándola fuerte. No puedo creerlo…
- Sí… – contesto cogiéndola y volviendo a limpiar. De reojo voy mirando a
Àngel, sonrojada y nerviosa. ¿De verdad va a besarme? Las piernas empiezan a
temblarme y me apoyo en la encimera para tranquilizarme. Él se da cuenta y
suelta una risita.
- Siempre queda la opción que llame a Enric y hables con él… – me giro
rápido y le miro.
- Co... ¿Cómo? – pregunto extrañada,
él se gira y me mira con una sonrisa traviesa.
- Le llamo, te pones y le dices que no aceptas el trato, así yo no rompo la
apuesta y tú te vas tranquila a casa.
- Sí – contesto sin pensar, de repente. Él
se sorprende y parpadea sin creérselo.
- ¿De verdad? – dice acercándose a mí – ¿Quieres que le llame? – susurra
cerca de mí, cogiéndome suavemente por la cintura. Yo levanto la cabeza y me
pierdo en su mirada, noto como el corazón cada vez late más fuerte y empiezo a
respirar más deprisa. Él no se aparta, es más, da un pequeño paso más hacia mí,
con una gran sonrisa traviesa y vuelve a preguntarme – ¿Le llamo? – yo niego
con la cabeza lentamente y apoyo mi mano en su pecho para separarle un poco –
¿No? ¿Segura? – dice todavía con esa gran sonrisa. Yo me quedo quieta, quiero
afirmar, pero a la vez negarlo… No sé lo que quiero. Agacho la cabeza y trago
saliva, intentando serenarme. Él poco a poco va subiendo la mano que tiene en
mi cintura y la posa en mi barbilla, levantándola, para hacer que le mire. Al
notar su mano en mi cara, presiono más su pecho para que se separe, pero él
hace fuerza, deja la bayeta que tenía en la otra mano y me coge de la cintura
para evitar que me separe, sonriendo de oreja a oreja, disfrutando de mi
tembleque. Poco a poco va acercando su cara a la mía, puedo notar su
respiración en mi rostro y eso hace que se me erice todo el cuerpo. Vuelvo a
agachar un poco la cabeza y él la levanta con una risita, tocando con su nariz
la mía.
- ¿Àngel? – Àngel me suelta la cara y da un pequeño paso hacia atrás,
asustado, igual que yo. Nos giramos y vemos a Manu entrando en la cocina – Ah,
estáis aquí… – dice con una sonrisa. Cuando nos ve juntos se sorprende y mira a
Àngel arqueando las cejas, él suelta una pequeña risa y niega con la cabeza. Yo
les miro a los dos y doy otro paso hacia atrás, intentando recuperarme de lo
que he vivido, volviendo a respirar tranquila. – Em… Es que te estábamos
buscando… – dice casi disculpándose.
- Vale, vale… – susurra Àngel entre risas – ¿Qué pasa?
- Nada, nada… Te hemos arreglado el comedor y tal y ya nos vamos.
- Ah, gracias, Manu. – contesta con una gran sonrisa.
- En fin, hasta mañana. – se acerca a mí y me da dos besos. Entonces abraza
a Àngel, dándole dos golpecitos en la espalda y se separa. – Portaros bien. –
me guiña un ojo y se dirige hacia la puerta. Yo le sigo para despedirme de los
demás y así conseguir separarme de Àngel, pero él me sigue para hacer lo mismo.
Después de dar dos besos y las buenas noches a los chicos, Àngel cierra la
puerta y vuelve a mirarme pícaro, apoyándose en ella.
- Déjame… – susurro con una sonrisa tímida, me giro y intento irme hacia la
cocina corriendo, pero me para cogiéndome de la mano y girándome, haciendo que
de dos pasos hacia él. Vuelvo a apoyar mis manos en su pecho y me separo un
poco de él. – ¿Porqué me haces esto? ¿No ves cómo estoy? – susurro aguantándole
la mirada, intentando darle pena. Él suelta una pequeña risa y levanta la
cabeza, mirando hacia el techo. Abriendo los ojos como platos, sin poder
creerlo, levanto yo también la mirada, intentando encontrar el vacio encima de
mí… Pero no. Encima de nuestras cabezas está colgado el muérdago famoso de la
apuesta. – No – digo contundente al bajar la mirada y verle sonriendo. Él suelta una
pequeña risa y mueve los hombros.
- Una apuesta es una apuesta…
- Me da igual, yo no he apostado nada. – vuelvo a presionar su pecho para
separarme y él me coge por la cintura.
- ¿Pero qué te pasa? Es solo un beso. – dice quitándole importancia.
- Para ti será solo un beso, yo no podré sacarme este momento de la cabeza
y me volveré loca… – susurro agachando la cabeza. Vuelve a levantarme la cabeza
con la mano, apoyándola después en mi cuello y me mira preocupado.
- ¿Tanto te importa? – susurra.
- No quiero sufrir por ti… Todo esto está siendo demasiado para mí… No
tendría que haber venido. – intento dar un paso hacia atrás, pero me aprieta
con fuerza hacia él y me abraza dulcemente, colando su mano por mi cuello y
cogiéndome por la espalda.
- Perdóname, Aliss… – levanto un poco la cabeza para apoyarla en su hombro
para poder respirar, oliendo su perfecto perfume.
- ¿Perdonarte porqué? – susurro en su oído. Él se separa pocos centímetros
de mí, vuelve a cogerme de la mejilla y, rápidamente, sin que pueda defenderme,
me besa. Presiona con fuerza sus labios contra los míos y yo abro los ojos como
platos, presionando su pecho para separarle, pero no puedo, me rindo. Cierro
los ojos y entreabro la boca al notar que poco a poco va dejando de hacer
fuerza. Él, suavemente, me besa el labio inferior y se separa de mí, dejándome
ir, dando un paso hacia atrás. Yo le miro enfurecida y cae una lágrima por mi
rostro de felicidad y rabia. – Te odio.