Sacudo la cabeza. Àngel está enfrente de mí, riéndose. Me sonrojo y lo miro
mal.
- ¡Es tu culpa! –digo levantándome y girándome, para no verle, y cruzando
los brazos.
- ¿Mía? ¡Pero si no he hecho nada! – contesta divertido.
- ¿Qué no? ¡Pero si lo haces todo el rato! – me giro y le miro. Él también se
levanta, con una sonrisa pícara.
- ¿El qué, eh? ¿Qué hago? – dice acercándose a mí con esa misma sonrisa. Me quedo
quieta, sin apartar mi mirada de sus labios. Él da dos pasitos más hacia mí.
- P…Pues… Me... Me po.nes ner.viosa… – digo apartándome un poco, pero él
sigue avanzando hacia mí.
- ¿Nerviosa? ¿Qué tipo de nerviosismo? – vuelve a sonreír y a dar un paso
hacia mí.
- P… Pues… – clavo mis ojos en su mirada. Incluso en ella se refleja lo bien
que se lo está pasando al hacerme esto. Eso me cabrea un poco. Agacho la
cabeza, cojo aire y vuelvo a mirarlo. – Pues nerviosa del tipo de que me encantas y
que si sigues avanzando hacia mí, no podré contestarte. – lo digo lo más fuerte
que me deja el corazón, pero sale casi como un susurro. Aún así, él ríe y se
aparta de mí.
- Lo siento, Alicia, pero es que me hace mucha gracia la cara que pones.
- Pero vamos a ver, ¿tan difícil es pronunciar “Alice”? – Aprovecho que me
llame Alicia para cambiar de tema. Me están empezando a temblar las piernas y
no quiero acabar mal con él.
- “Alisssssss” – contesta riendo.
- ¡Nooooo! – contesto enfadada como una niña pequeña. Àngel salta a reír y
se acerca hacia mí, abriendo los brazos, dispuesto a abrazarme. Me quedo parada
ante esa reacción, pero no dudo ni un segundo, doy un paso hacia adelante y
dejo que me abrace, apretándome a él por su espalda al notar sus brazos rodeándome.
- Que tontita eres… – dice acariciándome la espalda. Contengo las ganas
enormes que tengo de llorar en este momento y me aprieto un poco más a él.
Al separarnos, Àngel está sonriendo. Yo sonrío como una imbécil al ver su
hermosa cara y agacho la cabeza para coger aire. Alguien carraspea detrás de
nosotros. Es Blair. La miro sorprendida, ¿Dónde estaba? Cuando Àngel y yo
empezamos a hablar en el banco, ella se levantó por que la habían llamado, ¿Y
hasta ahora no ha vuelto? ¿O es que estaba tan pendiente de Llàcer que no me
daba cuenta de que ella estaba allí? Me siento mal por ello, y la sonrío como
modo de disculpa.
- Siento cortaros el rollo… Pero es tarde, tenemos que volver a la estación
de tren.