- Bien, ¿Dónde quieres ir? – dice Llàcer al salir de Catalunya Radio.
- ¿Yo? ¡Pero si yo no conozco nada de por aquí! – ríe.
- De verdad, qué de pueblo eres, hija… – me lo quedo mirando mal mientras
él sigue riendo. – Podríamos ir a un restaurante bastante bueno que conozco…
Pero tendríamos que ir en moto, y no cabemos tres personas… – Blair se queda
parada y agacha la cabeza. Yo la abrazo riendo y le acaricio la cabeza.
- Pobrecilla, no digas esto que se siente culpable… Encima que la he
obligado a venir… – Llàcer vuelve a reír.
- Yo no he dicho nada, os lo habéis imaginado vosotras solas. – Blair
levanta la cabeza y lo mira de reojo, un poco mal. – No, ahora enserio, por
aquí al lado hay algún que otro bar… Podemos ir allí. – Asentimos con la
cabeza. – Bien pues… – se pone a mirar a los lados, como buscando el camino. Se
gira hacia la derecha y señala una calle. – ¿vamos? – Volvemos a asentir con la
cabeza, sonriéndole.
Llàcer empieza a caminar y yo rápidamente me pongo a su lado, carraspeando.
Blair se pone a mi lado, sin mirar a Llàcer, creo que le ha sentado mal su
comentario. Llàcer, que se da cuenta, sonríe y me susurra “la próxima vez ven
sola”. Me sonrojo como un tomate y agacho la cabeza, sin poder contestar. Blair
se lo queda mirando de reojo y él empieza a reír. Estoy segura que lo ha hecho
aposta, eran las reacciones que él quería ver…
Seguimos caminando y ninguno de los tres saca tema de conversación. Yo estoy
muy nerviosa y no sé qué decir, y menos con sus palabras resonando en mi
cabeza. De repente, Llàcer saca un paquete de tabaco del bolsillo y saca un
cigarrillo. Yo vuelvo a mirar enfrente, para no verlo fumar.
- ¿Te molesta que fume? – Mierda.
- Em… No… Solo que… No me gusta el humo. – digo un poco cortada.
Él vuelve a poner el cigarro en el paquete y se lo vuelve a esconder en el
bolsillo. Lo miro sorprendida y él me sonríe. Vuelvo a sonrojarme y agacho la
cabeza.
Finalmente, llegamos a la puerta de un restaurante. Él se para allí
delante, se gira, nos mira y dice “Que, ¿os parece bien?” las dos asentimos con
la cabeza, y él, con su perfecta sonrisa, abre la puerta y nos hace un gesto
para que pasemos.
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