dissabte, 30 de març del 2013

38. Esto no me puede estar pasando

Estando sentada a su lado, noto como pasa su brazo por mi hombro y me aprieta fuerte hacia él. Sube la mano en la que tiene el móvil y la pone en una buena posición para hacer una foto. Yo, que todavía no me lo creo, me aprieto un poco más a él y le rodeo la espalda con el brazo que tengo a su lado y el otro lo apoyo en su pecho. Salta el flash y veo como ríe divertido. Voy para separarme de él, ya que noto todos los colores subidos a mi cara, pero vuelve a hacer fuerza para que no me mueva. Entonces, susurrando me dice “Vamos a hacernos una mejor” y noto como presiona sus labios en mi mejilla. El corazón me empieza a latir con mucha más fuerza, cierro los ojos y sonrío, sonrío como una tonta al notar sus dulces labios acariciar mis mejillas enrojecidas y suspiro. Todavía no me puedo creer que esté pasando esto…

-Vamos a ver como hemos quedado. – Dice divertido. Seguramente sabe que saldré como una imbécil en las dos fotos... Efectivamente, cuando abre la galería y ve la última, empieza a reír escandalosamente. Yo, que todavía no la he visto, agacho la cabeza sonrojada, sin querer mirarla. – Mírate, mírate, ¡mira que graciosa estás! – Sin levantar mucho la cabeza, lo miro mal, de reojo, odiándole, pero al ver esa gran sonrisa en su cara, con sus ojos fijos en mí, no puedo resistir de sonreír y cogerle el móvil. Me quedo mirando la foto unos segundos antes de responder. Él, mi ídolo, mi amor platónico de hace años, besándome en la mejilla cogiéndome por el hombro y sonriendo en el beso. Yo, con los ojos cerrados y apretados, una gran sonrisa en la cara y la mano apoyada en su pecho… Es la foto más perfecta que he visto nunca. Me la quedo mirando mucho rato y noto como los ojos se me empiezan a llenar de lágrimas. Con todas mis fuerzas intento no derramarlas, se lo prometí, pero no puedo evitar que me caiga una. Él, viendo mi reacción, se queda un poco sorprendido, pero ríe cómplice y me besa otra vez en la mejilla. – Que mona eres – Susurra, y eso hace que me estremezca más. Entonces, me giro y lo miro a los ojos, directamente, sonriéndole, y sin tartamudear, le susurro.
-Muchas gracias por todo, Àngel, no te puedes ni imaginar lo feliz que me haces así, de verdad. – Se queda un poco cortado al escuchar eso, pero no se borra de su cara esa gran sonrisa. Yo me quedo mirándole con la misma sonrisa de estúpida que la primera vez que le vi y no puedo evitar pensar en ese día… Lo enfadado y nervioso que estaba, cómo me evito y me trató…
-¿En qué piensas? – Él y su capacidad de saber lo que me ronda por la cabeza.
-En el día en que te conocí. – Eleva un poco la cabeza, frunciendo el ceño, pensando, intentando recordar quizás. De repente sonríe y empieza a reír. – Te acuerdas, ¿no? Te acuerdas de lo mal que me trataste.
-No te conocía. – dice todavía con una sonrisa en la cara, disculpándose.
-¿Sabes lo mal que me sentó todo aquello? Te cogí asco, odio, manía… – Se sorprende, se queda mirándome sin creer lo que acabo de decir y sonríe, acercándose a mí con una sonrisa pícara.
-¿No te ha compensado todo esto? – dice seductor. Noto como se erizan todos los pelos de mi cuerpo y como un escalofrío me recorre des de los pies a la cabeza. Me echo un poco hacia atrás, le tengo demasiado cerca. Pero él avanza hacia más hacia mí, haciéndome poner otra vez roja.
-Cuando haces esto también te odio… – Sonríe.
-¿De verdad? – Se acerca un poco más, puedo notar su respiración en mi rostro. Las piernas me empiezan a temblar y el corazón me está a punto de estallar.
-Sí… – Susurro casi sin aire. Entonces, me rodea la espalda con el brazo y me acerca más a él, tocando con su nariz la mía y sonriendo. Cierro los ojos y los aprieto con fuerza, esto no me puede estar pasando. 

dijous, 21 de març del 2013

37. No la pierdas nunca.


Damos un rodeo al hotel y al parque, buscando un restaurante que no esté muy lejos. Al fin entramos en uno al que no le encuentra muchas pegas y pasamos allí largas horas. Hablamos sobre tonterías: cualquier cosa que nos viene a la mente es buena para poder comentar y pasar un rato divertido. Es maravilloso estar con él, no hay momento en que no me haga reír y sentir especial. Todavía no puedo creerme que esté compartiendo una mesa de dos con él, hablando tan tranquilamente, como si nos conociéramos de hace años... Haciendo esto me ha demostrado lo grandísima persona que es.

- Y bien, Alisss, – No hay manera que pronuncie bien mi nombre. Ya no sé si lo hace para hacerme enfadar o porque realmente no lo sabe pronunciar. – ¿Cuánto tiempo vas a quedarte por aquí?
- Pues… – ¿Cómo le digo que mi madre me ha pagado dos semanas de hotel para que pueda ir a verle tranquilamente cada día? – Creo… Creo que una semanita.
- ¿Una semanita solo? – ¿Se extraña? Pensaba que le parecería demasiado…
- Bien… Eh… La cosa es que mi madre y mi tía me regalaron el viaje aquí por Navidad…
- ¿Y solo te pagan una semanita? – Ríe. Lo miro mal.
- Me han pagado dos semanitas, ¡listo! – se sorprende un poco de mi tono molesto, pero vuelve a sonreír. Su sonrisa es un tanto distinta, parece que ya lo supiera y que quisiese que yo le dijera eso. Me sonrojo al verle así, pero a la vez le miro intrigada.
- No has leído el tweet que me puso Blair, ¿verdad? – ¿El tweet de Blair? Se me había olvidado completamente… – Lo imaginaba – Vuelve a reír. ¿Se puede saber cómo puede adivinar a cada momento lo que estoy pensando? – Porque expresas mucho con la cara.
- Me estás asustando. – Rompe a reír, con esa perfecta melodía que es su carcajada y me sonrojo mucho más de lo que estaba, pero a la vez lo miro lo peor que puedo, me molesta que se ría de mí. Sin decirle nada, se pone a mirar su móvil, buscando alguna cosa, y le observo en silencio. “Aquí está” susurra de repente, pasándome su Iphone. Lo cojo y veo una captura de un tweet, el tweet de Blair – Que sepas que Alice va a venir a verte 2 semanas a Bcn. Va a venir sola, como querías. Ya la estás tratando bien, sinó volveré. – Abro los ojos como platos, sin creerme lo que estoy viendo. Lo miro asustada. – Te juro que no sabía nada, de verdad, si lo llego a sab…
- ¡Tranquila, Alis! – Contesta rápido, cortándome – No me molestó, me hizo muchísima gracia. – Ríe, le devuelvo el móvil – Hay que ver cómo te protege… ¿Os conocéis de hace mucho?
- Desde que éramos niñas. – digo con una sonrisa en la cara.
- No la pierdas nunca, esas amistades son las que más valen. – Sonríe al ver mi sonrisa de complicidad al pensar en los años pasados con Blair, mira su móvil y vuelve a mirarme con una sonrisilla. – ¡Ven! – doy un pequeño bote, y lo miro extrañada. – Ven, ven aquí a mi lado, tonta. – Sin acabarlo de comprender, me levanto y voy a su lado. Él coge una silla de la mesa de al lado y la pone delante de mí, indicando que me siente en ella. Me siento en la silla y me acerco más a él. Entonces, busca en el móvil la cámara de fotos y se acerca un poquito más a mí. – Vamos a hacernos una foto y se la pasamos a Blair, que vea lo bien que nos lo pasamos y lo bien que te trato. 

dimarts, 12 de març del 2013

36. ¿Tienes frío?


Me quedo callada, sin saber qué decirle. Estamos quietos, mirándonos directamente a los ojos. ¿A qué ha venido esa pregunta? Como si me hubiese escuchado, sonríe tímido, ladea la cabeza y vuelve a mirar enfrente.

- Yo tampoco sé a que ha venido, tranquila.
- No… E…  – Intento poder contestarle, pero empiezan a temblarme las piernas otra vez y el corazón me late deprisa. Él vuelve a mirarme, divertido, y coloca su mano en mi rodilla, apretándola suavemente para que deje de temblar y me tranquilice. Me sonrojo como un tomate y agacho la cabeza.
- Lo siento. – dice entre carcajadas.
- Creído…  – Me mira sorprendido, con una sonrisa chulesca.
- ¿Tienes frío?
- Sí, claro que tengo frío  – contesto sin pensar, defendiéndome  – Hace frío, por eso tiemblo, porque hace frío y viento y…  – antes de que siga, pasa un brazo por encima de mi espalda y me lleva hacia él, apretándome fuerte y acariciando mi brazo para darme calor. El tembleque de las piernas me sube al estomago y la espalda. Inmersa en este precioso momento, escucho como ríe disimuladamente, pero no me molesta, aprovecho el momento y descanso la cabeza en su pecho, pasando mi mano por su cintura y cerrando los ojos, con una sonrisa estúpida.
- ¿Mejor? – dice entre risitas.
- ¿A caso te molesto? – le contesto de la misma manera chulesca. Se queda callado, quizás no se esperaba esa respuesta y seguro que está poniendo una de esas carillas graciosas de sorpresa.
- Para nada. – y me aprieta un poquito más hacia él. Suerte que no puede verme, porque seguro que estoy más roja que un tomate bien maduro…

Nos quedamos callados viendo la gente pasar. Des de mi posición, puedo escuchar los latidos de su corazón. Podría compararlos con los míos, pero empezaría a preocuparme (por cada latido suyo, mi corazón late 3 veces). Entonces, me entra un escalofrío sin previo aviso y me tiembla toda la espalda, haciéndome poner recta de golpe, del mismo susto. Él también se asusta, da un pequeño botecito del sitio, y entonces se pone a reír con esa perfecta melodía que es su risa. Vuelvo a sonrojarme y le miro tímida.

-Ahora sí que tienes frío, ¿eh?
- Creo que más bien ha sido un escalofrío de “despierta”. – Vuelve a poner una de sus graciosas caras de sorpresa, añadiéndole una carcajada final.
- ¿Te has quedado dormida?
- No me digas que tu no porque estás rojito también, ¿eh? – Vuelve a reír y afirma con la cabeza, se suba la manga de la chaqueta y mira la hora.
- Quizá deberíamos preocuparnos… Son las 2 y media, no es ni la hora de la siesta. – Lo miro sorprendida. ¿Las 2 y media? ¿Ya? Pero si yo he ido súper temprano a Catalunya Radio…  – Se te pasan volando las horas, ¿eh? – Sonríe pícaro.
- ¿Quieres hacer el favor de dejar de leerme la mente? – Suelta una de sus preciosas carcajadas y se levanta del banco, alargándome su mano para ayudarme a levantarme.
- Vamos a comer, venga. 

dissabte, 9 de març del 2013

35. ¿Me has echado de menos?


Empezamos a caminar por la ciudad sin rumbo fijo, o eso creo yo. Mientras andamos, me va preguntando cómo he estado durante estos meses, cómo me han ido los estudios, cómo está Blair, qué he hecho… Le voy respondiendo cada vez más convencida y con menos vergüenza, al fin y al cabo debería estar acostumbrada ya, aunque su presencia todavía me parezca extraña.

- ¿Me has echado de menos? – suelta de repente. Me quedo parada, me pongo roja y lo miro sin parpadear, sonriendo tímidamente al ver su hermosa sonrisa y su mirada divertida buscando la mía.
- Pues la verdad es que no… – Le digo desinteresadamente y volviendo a mirar al frente, no sin antes ver su reacción de asombro.
- ¿Ah no? – Dice en tono preocupado. Lo miro sin creérmelo, y veo que pone carita de cachorrillo triste. Intento contener mis ganas de reír, y todavía más las de chillar de amor, y vuelvo a mirar enfrente, apretando las manos y los dientes para mantenerme fuerte. – Pues… Yo sí te he echado de menos, Alisssss… – El corazón me da un vuelco. Me giro rápido y busco su mirada. Continúa haciendo la carilla de cachorrillo, pero ahora está riendo, riéndose de mí y de mi cara de alelada. Le doy un golpe en el brazo, “molesta” y vuelvo a caminar. Mientras camino oigo como ríe y empieza a andar detrás de mí, así que paro y espero que esté a mi lado para volver a andar junto a él. – Todavía no me has contestado… – Vuelve a decir divertido. Suspiro, cojo aire, giro la cabeza, le miro a los ojos y le contesto.
- Nunca había echado de menos tanto a una persona… Y menos sin conocerla. – No sabe como contestar, su cara es un cuadro. Yo intento no reír de los nervios, ni tampoco ponerme roja como un tomate, simplemente le miro, seria, como lo han sido mis palabras. Él me mira directamente a los ojos, sorprendido, con la boca medio abierta, sin saber qué decir. Entonces, suspira, sonríe, me coge de la mano y tira de mí para él, volviéndome a abrazar. Al notar sus brazos entorno a mí, siento como el corazón late más y más deprisa, mis piernas vuelven a temblar y mis ojos se llenan de lágrimas, pero ya he roto la promesa una vez, y no voy a hacerlo más. Le dije que sería fuerte, y así seré. Lo aprieto fuerte por la espalda y aspiro su dulce aroma otra vez. Al separarse de mí, me besa suavemente la mejilla, sonríe y antes de que diga nada, le corto. – Gracias. – Lo miro sonriendo, con los ojos un poquito hinchados, supongo, pero aún así no derramo ninguna lágrima, he conseguido contenerlas.
- Gracias a ti por ser tan especial.

Para romper ese momento tan mágico sin después arrepentirme por no haberle comido los morros, empiezo a caminar otra vez, notando como él me seguía. Empieza a hablarme de cómo le han ido a él estos días: que si Geronimo Stilton va genial, que si quiere preparar una obra un poco más seria, que si un programa nuevo en televisión… Yo le escucho divertida y entretenida, me gusta que me cuente sus cosas. Noto que ve que puede confiar en mí, y eso me hace sentir especial, como él, minutos antes, me había dicho.

De repente, aparezco en un parque que me suena. Miro alrededor, sin decirle nada, para intentar ubicarme. Nunca he estado en Barcelona, y que me suene un sitio es un tanto raro. Y entonces, en un rincón, veo una H gigante… No puede ser, ¿me ha traído de vuelta al hotel?

- Me preocupa tu sentido de la orientación. – Comenta divertido.
- Nunca he estado aquí, da gracias a que sepa que ése es mi hotel… – Vuelve a reír y se sienta en un banco que había en unos metros.
- Este es un sitio tranquilo, ¿no crees? – Asiento – Me gusta ir a sitios así, donde no hay nadie que pueda molestarme… – Vuelvo a asentir, observando el lugar. Me giro para mirarlo y veo como él estaba mirándome, y al girarme se gira él, sonrojado. Me sonrojo al momento y sonrío, volviendo a mirar al frente. – Como es el destino… ¿no?