Empezamos a caminar por la ciudad sin rumbo fijo, o eso creo yo. Mientras
andamos, me va preguntando cómo he estado durante estos meses, cómo me han ido
los estudios, cómo está Blair, qué he hecho… Le voy respondiendo cada vez más
convencida y con menos vergüenza, al fin y al cabo debería estar acostumbrada
ya, aunque su presencia todavía me parezca extraña.
- ¿Me has echado de menos? – suelta de repente. Me quedo parada, me pongo
roja y lo miro sin parpadear, sonriendo tímidamente al ver su hermosa sonrisa y
su mirada divertida buscando la mía.
- Pues la verdad es que no… – Le digo desinteresadamente y volviendo a
mirar al frente, no sin antes ver su reacción de asombro.
- ¿Ah no? – Dice en tono preocupado. Lo miro sin creérmelo, y veo que pone
carita de cachorrillo triste. Intento contener mis ganas de reír, y todavía más
las de chillar de amor, y vuelvo a mirar enfrente, apretando las manos y los
dientes para mantenerme fuerte. – Pues… Yo sí te he echado de menos, Alisssss… –
El corazón me da un vuelco. Me giro rápido y busco su mirada. Continúa haciendo
la carilla de cachorrillo, pero ahora está riendo, riéndose de mí y de mi cara
de alelada. Le doy un golpe en el brazo, “molesta” y vuelvo a caminar. Mientras
camino oigo como ríe y empieza a andar detrás de mí, así que paro y espero que
esté a mi lado para volver a andar junto a él. – Todavía no me has contestado… –
Vuelve a decir divertido. Suspiro, cojo aire, giro la cabeza, le miro a los
ojos y le contesto.
- Nunca había echado de menos tanto a una persona… Y menos sin conocerla. –
No sabe como contestar, su cara es un cuadro. Yo intento no reír de los
nervios, ni tampoco ponerme roja como un tomate, simplemente le miro, seria,
como lo han sido mis palabras. Él me mira directamente a los ojos, sorprendido,
con la boca medio abierta, sin saber qué decir. Entonces, suspira, sonríe, me
coge de la mano y tira de mí para él, volviéndome a abrazar. Al notar sus
brazos entorno a mí, siento como el corazón late más y más deprisa, mis piernas
vuelven a temblar y mis ojos se llenan de lágrimas, pero ya he roto la promesa
una vez, y no voy a hacerlo más. Le dije que sería fuerte, y así seré. Lo
aprieto fuerte por la espalda y aspiro su dulce aroma otra vez. Al separarse de
mí, me besa suavemente la mejilla, sonríe y antes de que diga nada, le corto. –
Gracias. – Lo miro sonriendo, con los ojos un poquito hinchados, supongo, pero
aún así no derramo ninguna lágrima, he conseguido contenerlas.
- Gracias a ti por ser tan especial.
Para romper ese momento tan mágico sin después arrepentirme por no haberle
comido los morros, empiezo a caminar otra vez, notando como él me seguía.
Empieza a hablarme de cómo le han ido a él estos días: que si Geronimo Stilton
va genial, que si quiere preparar una obra un poco más seria, que si un
programa nuevo en televisión… Yo le escucho divertida y entretenida, me gusta
que me cuente sus cosas. Noto que ve que puede confiar en mí, y eso me hace
sentir especial, como él, minutos antes, me había dicho.
De repente, aparezco en un parque que me suena. Miro alrededor, sin decirle
nada, para intentar ubicarme. Nunca he estado en Barcelona, y que me suene un
sitio es un tanto raro. Y entonces, en un rincón, veo una H gigante… No puede
ser, ¿me ha traído de vuelta al hotel?
- Me preocupa tu sentido de la orientación. – Comenta divertido.
- Nunca he estado aquí, da gracias a que sepa que ése es mi hotel… – Vuelve
a reír y se sienta en un banco que había en unos metros.
- Este es un sitio tranquilo, ¿no crees? – Asiento – Me gusta ir a sitios
así, donde no hay nadie que pueda molestarme… – Vuelvo a asentir, observando el
lugar. Me giro para mirarlo y veo como él estaba mirándome, y al girarme se
gira él, sonrojado. Me sonrojo al momento y sonrío, volviendo a mirar al
frente. – Como es el destino… ¿no?
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada