Me quedo callada, sin saber qué decirle. Estamos quietos, mirándonos
directamente a los ojos. ¿A qué ha venido esa pregunta? Como si me hubiese
escuchado, sonríe tímido, ladea la cabeza y vuelve a mirar enfrente.
- Yo tampoco sé a que ha venido, tranquila.
- No… E… – Intento poder
contestarle, pero empiezan a temblarme las piernas otra vez y el corazón me
late deprisa. Él vuelve a mirarme, divertido, y coloca su mano en mi rodilla,
apretándola suavemente para que deje de temblar y me tranquilice. Me sonrojo
como un tomate y agacho la cabeza.
- Lo siento. – dice entre carcajadas.
- Creído… – Me mira sorprendido, con
una sonrisa chulesca.
- ¿Tienes frío?
- Sí, claro que tengo frío –
contesto sin pensar, defendiéndome –
Hace frío, por eso tiemblo, porque hace frío y viento y… – antes de que siga, pasa un brazo por encima
de mi espalda y me lleva hacia él, apretándome fuerte y acariciando mi brazo
para darme calor. El tembleque de las piernas me sube al estomago y la espalda.
Inmersa en este precioso momento, escucho como ríe disimuladamente, pero no me
molesta, aprovecho el momento y descanso la cabeza en su pecho, pasando mi mano
por su cintura y cerrando los ojos, con una sonrisa estúpida.
- ¿Mejor? – dice entre risitas.
- ¿A caso te molesto? – le contesto de la misma manera chulesca. Se queda
callado, quizás no se esperaba esa respuesta y seguro que está poniendo una de
esas carillas graciosas de sorpresa.
- Para nada. – y me aprieta un poquito más hacia él. Suerte que no puede
verme, porque seguro que estoy más roja que un tomate bien maduro…
Nos quedamos callados viendo la gente pasar. Des de mi posición, puedo
escuchar los latidos de su corazón. Podría compararlos con los míos, pero
empezaría a preocuparme (por cada latido suyo, mi corazón late 3 veces). Entonces,
me entra un escalofrío sin previo aviso y me tiembla toda la espalda,
haciéndome poner recta de golpe, del mismo susto. Él también se asusta, da un
pequeño botecito del sitio, y entonces se pone a reír con esa perfecta melodía
que es su risa. Vuelvo a sonrojarme y le miro tímida.
-Ahora sí que tienes frío, ¿eh?
- Creo que más bien ha sido un escalofrío de “despierta”. – Vuelve a poner
una de sus graciosas caras de sorpresa, añadiéndole una carcajada final.
- ¿Te has quedado dormida?
- No me digas que tu no porque estás rojito también, ¿eh? – Vuelve a reír y
afirma con la cabeza, se suba la manga de la chaqueta y mira la hora.
- Quizá deberíamos preocuparnos… Son las 2 y media, no es ni la hora de la
siesta. – Lo miro sorprendida. ¿Las 2 y media? ¿Ya? Pero si yo he ido súper
temprano a Catalunya Radio… – Se te
pasan volando las horas, ¿eh? – Sonríe pícaro.
- ¿Quieres hacer el favor de dejar de leerme la mente? – Suelta una de sus
preciosas carcajadas y se levanta del banco, alargándome su mano para ayudarme
a levantarme.
- Vamos a comer, venga.
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