dimarts, 4 de juny del 2013

47. Dime algo de mí.

Me dejo llevar por su dulce beso y le rodeo el cuello, apretándome a él, notando como una de sus manos va bajando hacia mi cintura y la otra la cuela entre mi pelo para cogerme del cuello. Àngel empieza a morderme suavemente los labios, entreabriendo nuestras bocas, dejándome pequeños besos entre suspiros. Empiezo a acariciar su cabeza, enredando mis dedos por su pelo, comprobando que es él, que es Àngel, mi amor platónico, que estamos aquí, en las puertas de un hotel, besándonos, dejándonos llevar por la pasión… Mordiéndole el labio inferior, me separo un poco de él y agacho la cabeza, apoyándola en su pecho. Nos quedamos en silencio, abrazados, me besa la frente y da un paso hacia atrás.

- Creo que… Lo mejor será que me vaya…  – susurra.
- Sí… – levanto la mirada, sonrojada, y puedo ver en su rostro la decepción que le causa mi respuesta.
- Bien… ¿Nos… Vemos mañana? – susurra tímidamente.
- Sí. – contesto rápido, sin pensar. Él sonríe, carraspea, se acerca a mí, me coge suavemente la cara y me besa.
- Buenas noches… – dice al separarse de mí, mirándome a los ojos. Rápidamente me pongo de puntillas, le cojo del cuello y le beso. Él responde al beso y me aprieta por la cintura, acariciando mi cuello con la otra mano.
- Buenas noches. – susurro con una gran sonrisa al separarme de él. Doy un pasito hacia atrás, agachando la cabeza por la vergüenza, y entro al hotel. Antes de llamar al ascensor me doy la vuelta y le veo quieto en la puerta, despidiéndome con la mano. Sonrío como una lela, toco el botón, le imito y entro dentro del ascensor.

Tengo tantas cosas que contaros… Todavía no me creo lo que ha pasado, mamá: Àngel me ha besado. Sí, como lo lees… Aunque me gustaría que me oyeses también, pero sé que si te llamo voy a empezar a llorar y vas a llenarme la cabeza de ideas negativas por este hecho… Así que prefiero irme a dormir con esta sonrisa que ahora me caracteriza y esperar qué pasa mañana… Quizá todo ha sido una equivocación, quizá mañana se arrepienta y me pida perdón… Pero no importa… Por unos minutos he sido la mujer más feliz que haya existido en este mundo, y solo por eso ha valido la pena el viaje hasta aquí. Muchísimas gracias por hacer que esto haya sido posible, jamás podré agradeceros todo lo que estoy viviendo estos días…

Estos días… Llevo tres días aquí, me quedan 3 más para pasar a su lado… Empiezo a comerme la cabeza, será mejor que me vaya a la cama, mañana puede ser un gran día.



Nada más despertarme, voy a la ducha para serenarme: he soñado toda la noche con Llàcer, con sus abrazos, con su beso, con lo que pueda pasar hoy… Necesito desconectarme un poco, así que me encierro en el baño con la música a tope. Al salir, me visto con mis vaqueros y una sudadera, cojo el móvil y rápido me dirijo hacia el comedor. Quiero almorzar lo antes posible para poder salir a dar un paseo. 

Abro la puerta, me doy la vuelta y choco con alguien.

- Ai, perdón – grito dando un paso hacia atrás. Levanto la cabeza y me quedo helada – ¿Àngel? – sonrío y le miro de arriba abajo para comprobar que no son alucinaciones.
- Buenos días – susurra con una pequeña sonrisa.
- ¿Hace… mucho que estás aquí? – pregunto intrigada en un susurro.
- El suficiente para haber podido escuchar todo tu concierto… – suelta una pequeña carcajada y me sonrojo.
- ¿Cómo has sabido cual era mi habitación? – intento desviar el tema.
- He preguntado en recepción. – sonríe – No tengo poderes… Todavía. – vuelve a reír. Me quedo atontada mirando su sonrisa, se da cuenta y carraspea para despertarme.
- Em… Sí… – agacho la cabeza tímidamente – Esto… Todavía tengo que desayunar.
- Bien, pues… Si quieres te invito al bar de aquí al lado.
- No hace falta – corto su sonrisa – aquí me dan comida gratis. – suelto una risita, pero él me mira mal. – Puedes acompañarme, si quieres. – sonrío. Se me queda mirando un poco extrañado, pero rompe a reír.
- Después dicen que los agarrados somos los catalanes…
- ¡Encima que lo hago por ti! – reímos y nos quedamos mirándonos en silencio – En fin… – agacho la cabeza – ¿Vamos?
- Sí, sí… 

Me pongo a su lado y empiezo a caminar hacia el comedor, que está al piso de abajo. Él me sigue en silencio, con las manos en los bolsillos. Cuando llegamos allí, me sirvo lo mismo de cada día: un vaso de leche, un sobre de Cola-cao y un par de tostadas. Àngel, cuando lo ve, suelta una pequeña risita, pero no le contesto, me limito en mirarle de reojo. La gente que está en la cocina se nos queda mirando, más bien a él, lo repasan de arriba abajo, preguntándose qué debe hacer él en un sitio así. Àngel suda de todo, sabe que lo están mirando, pero no le importa, va detrás de mí con aire de superioridad. Cuando nos sentamos en la mesa, la más apartada que encontramos, Àngel empieza a juguetear con su Iphone, mirando de reojo como me tomo mi Cola-cao, con una pequeña sonrisa.

- Perdona… – los dos levantamos la cabeza a la vez, sorprendidos – ¿Nos podemos hacer una foto? – es una chica, está sonriendo tímida a Àngel con un móvil en la mano.
- Pues no. – contesta Àngel lo más borde posible. Abro los ojos como platos y le miro mal.
- Es que… – contesta un poco cortada, mirándome de reojo con cara de pena – Soy muy fan tuya, ¿sabes? – dice en un hilillo de voz. La miro con ternura, viéndome reflejada en ella y le doy una patadita por debajo de la mesa a Àngel.
- ¿Ah sí? Dime una obra de teatro que haya hecho. – las dos nos sorprendemos ante esa pregunta y nos miramos extrañadas. – No, mejor – sigue antes que pueda pensar – dime qué obra de teatro estoy llevando ahora por todos los pueblecitos de España.
- Em… Esto… – contesta la chica sonrojada. Yo suelto una pequeña risita de mofa, ya que ha quedado con el culo al aire, y me tapo la boca para que no me vean. Àngel la sonríe irónicamente y le dice adiós con la mano. La chica lo repasa con cara de asco, me mira peor que a él, se gira y se va, susurrando un “imbécil” al alejarse.
- Eres un borde – susurro entre risas.
- Si me hubiese contestado, me hubiese hecho una foto con ella, incluso le hubiese dado dos besos. – le miro de reojo, sin creerme lo que dice – Contéstame tú.
- ¿Perdón?
- Dime una obra que haya protagonizado – dice poniéndose serio.
- ¿De verdad vas a cuestionarme si soy una verdadera fan? – digo apoyando los hombros en la mesa y echando el cuerpo para adelante.
- Sí. – responde imitando mis movimientos.
- Boeing Boeing. – susurro con una sonrisa.
- Otra.
- Ya van 30.
- Otra. – le miro mal y me muerdo el labio inferior, pensando. Él sonríe victorioso.
- El somni de Mozart. – se sorprende.
- Esa fue de las primeras – sonríe.
- Lo sé – en realidad no, me sé los títulos por un trabajo que hice, pero no me acuerdo de los años.
- Dime un musical que haya dirigido. – echa el cuerpo un poco más para adelante.
- Què, el nou musical. – intento pronunciar bien el catalán y imito su expresión corporal. Estamos a pocos centímetros el uno del otro, apoyados totalmente encima de la mesa, mirándonos a los ojos y sonriéndonos. Me quedo mirándole los labios y agacho la cabeza por no cometer un error. Ladeo la cabeza y me doy cuenta que la poca gente que hay está con la mirada fija en nosotros, así que carraspeo y me coloco bien en la silla, acabándome de comer la tostada. Àngel, soltando una risita, se vuelve a sentar bien y vuelve a juguetear con el móvil con una pequeña sonrisa. – Ya estoy – digo cortando el silencio y levantándome.
- Vamos, pues. – dice imitándome.

Sonriéndole, me dirijo hacia la calle, corriendo un poquito para hacer que él tenga que correr tras de mí, y lo consigo. Al llegar a fuera, me giro, sonriéndole, y él se acerca poco a poco a mí, cogiéndome por la cintura y acercándome a él. Apoyo mis manos en sus hombros y me pierdo en su mirada. 

- ¿Dónde vamos? – susurra.
- No sé, tú sabrás.
- Bien… Pues… Vamos. 

dilluns, 3 de juny del 2013

46. ¿No lo entiendes?

Antes de que pueda contestarme, le empujo, doy un paso hacia atrás y corro hacia el comedor. Cojo la chaqueta y me la pongo, mirando al suelo, luchando contra las lágrimas que quieren salir de mis ojos.

- ¿Dónde vas? – dice apoyándose en la pared del comedor con una sonrisa.
- Me voy… – susurro subiendo la cremallera.
- ¿Dónde? – ríe, levanto la mirada y lo miro lo peor posible.
- A casa… Al hotel. – rectifico tartamudeando por los nervios. Àngel suelta una pequeña risa y vuelvo a mirarlo mal.
- ¿Y cómo? – se cruza de brazos con una sonrisa victoriosa.
- En taxi – Abre los ojos como platos, paso por su lado rápidamente, sin mirarle, y me dirijo hacia la puerta. Él corre detrás de mi dándose cuenta que voy totalmente en serio. Cuando llego a la puerta, la abro rápidamente, pero antes que pueda salir, Àngel le da un manotazo y la cierra, apoyándose en ella para impedir que la vuelva a abrir.
- Alice… – dice intentando calmarme, pronunciando bien mi nombre aposta – No ha sido para tanto, no te pongas así…
- ¡No es tanto para ti! – digo entrecortándome. Suelto un pequeño grito de ira – ¿¡Ves!? Ya ni tan siquiera sé hablar – vuelvo a entrecortarme y vuelvo a gritar, cogiendo el pomo de la puerta e intentándolo abrir. Él suelta una pequeña risita y cuando ve que lo miro con odio para.
- Pero no te enfades, Alice, era una apuesta…
- ¡Encima! – grito – Es que para ti todo es un juego, ¡no te importa una mierda lo que sientan los demás! – grito. Para nuestra sorpresa lo he dicho bien alto y claro.
- ¿Ves? Ya se te ha pasado. – ríe y yo le doy un golpe en el brazo. Aprovechando que se ha apartado de la puerta para quejarse, la abro rápidamente y corro escaleras abajo. – ¡Alice! ¡Alissssss! – corre detrás de mí, pero no paro. Cuando llego al portal, me escondo detrás del cubo de la basura para hacerle creer que he salido a fuera. – ¿Qué haces? – suelta una gran carcajada – Mierda, en las pelis siempre funciona. – Esto solo funciona en las pelis, tonta. – Vuelve a hacerlo… ¿Cómo puede adivinar lo que pienso? Me siento en el suelo como un indio, tapándome las piernas con la falda y cruzándome de brazos. – ¿Y ahora qué? ¿Te vas a quedar aquí sentada toda la noche?
- Pues sí. – contesto lo más borde posible, esperando que se vaya.
- Vamos, levanta – dice tendiéndome su mano – que te llevo al hotel. – le miro de reojo. – No voy a hacerte nada. – me quedo mirando su mano, vuelvo a mirarle a los ojos, y lentamente levanto la mano para coger la suya. Cuando la cojo, el corazón me da un pequeño vuelco, carraspeo y hago fuerza para levantarme, y él tira de mí con fuerza, haciéndome saltar de golpe y poniéndome enfrente suyo, a pocos centímetros de su cuerpo. Le miro sorprendida y doy un pasito hacia atrás, intentando soltar la mano, pero vuelve a hacer fuerza y me lleva hacia él, cogiéndome por la cintura con la otra mano. – Perdóname, Alisss, no quería hacerte daño – susurra mirándome entristecido y con ternura.
- Vale, tranquilo, ya está… – contesto agachando la cabeza y empujándole del pecho para separarme.
- No sé qué me pasa, Alis… – levanto la cabeza y le miro extrañada, dejando de hacer fuerza – No sé porqué me gusta tenerte cerca… – me aprieta hacia él por la cintura – ¿Qué ha cambiado entre nosotros desde que estás aquí? – abro los ojos como platos y me sonrojo.
- ¿Qué dices?... – susurro. Me suelta de la mano y me acaricia la mejilla, mirándome los labios, dejando su mano en mi cuello.
- No lo sé… – me mira fijamente a los ojos, el corazón empieza a latirme más deprisa de lo normal y vuelvo a presionar su pecho para separarme – No quiero que te vayas… – dice haciendo fuerza para que no me separe, apretándome la cintura.
- Me… Me haces daño… – susurro.
- ¿Físicamente? – dice soltándome un poco, preocupado.
- De todo… – agacho la cabeza e intento dar un paso hacia atrás, él vuelve a apretarme.
- ¿No lo entiendes? – dice levantándome la cabeza por la barbilla – Tú viniste para estar conmigo… Es el destino…
- No entiendo nada de lo que está pasando – intento empujarlo con las dos manos que tengo apoyadas en su pecho y consigo que dé un paso hacia atrás. Extrañado consigo mismo, me suelta, separando las manos ampliamente y dando dos pasos hacia atrás. Nos quedamos mirando en silencio, no aguanto más la situación, me giro y vuelvo a dirigirme hacia fuera para buscar un taxi.
- Espera… – susurra sin moverse, me quedo quieta en el sitio, sin mirarle. – Déjame llevarte, no me quedaría tranquilo si te vas en taxi… – me giro y le miro extrañada. Me pierdo en su mirada, agacho la cabeza y afirmo, dirigiéndome hacia su moto, que está en frente del portal. Àngel viene detrás de mí, en silencio, se dirige hacia la moto, la abre, me da el casco verde, se pone el suyo y se monta.



Viajamos en silencio, la tensión se nota en cómo estoy cogida a él, que ni tan si quiera le abrazo, y en la velocidad a la que corre Àngel, con precaución para que no me caiga al no agarrarme fuerte. Al llegar al hotel, me bajo de la moto rápido, me quito el casco y se lo doy con una pequeña sonrisa de agradecimiento. Él se queda sentado, mirándome en silencio, esperando a que me vaya. Carraspeando, me doy la vuelta y me dirijo hacia el hotel, lentamente, notando la mirada de Àngel en mi espalda. Las piernas me tiemblan y las ganas de llorar aumentan a cada paso que doy. De repente oigo unos pasos detrás de mí que cada vez son más rápidos, asustada me doy la vuelta y, sorprendida y aliviada, veo a Àngel corriendo hacia mí. Doy un paso hacia delante, esperando a que frene para quedarse frente a mí, pero no lo hace: se lanza encima de mí, me coja por las mejillas, me lleva hacia él y me besa, nuevamente, presionando fuertemente sus labios contra los míos.