Antes de que pueda contestarme, le empujo, doy un paso hacia atrás y corro
hacia el comedor. Cojo la chaqueta y me la pongo, mirando al suelo, luchando
contra las lágrimas que quieren salir de mis ojos.
- ¿Dónde vas? – dice apoyándose en la pared del comedor con una sonrisa.
- Me voy… – susurro subiendo la cremallera.
- ¿Dónde? – ríe, levanto la mirada y lo miro lo peor posible.
- A casa… Al hotel. – rectifico tartamudeando por los nervios. Àngel suelta
una pequeña risa y vuelvo a mirarlo mal.
- ¿Y cómo? – se cruza de brazos con una sonrisa victoriosa.
- En taxi – Abre los ojos como platos, paso por su lado rápidamente, sin
mirarle, y me dirijo hacia la puerta. Él corre detrás de mi dándose cuenta que
voy totalmente en serio. Cuando llego a la puerta, la abro rápidamente, pero
antes que pueda salir, Àngel le da un manotazo y la cierra, apoyándose en ella
para impedir que la vuelva a abrir.
- Alice… – dice intentando calmarme, pronunciando bien mi nombre aposta – No
ha sido para tanto, no te pongas así…
- ¡No es tanto para ti! – digo entrecortándome. Suelto un pequeño grito de
ira – ¿¡Ves!? Ya ni tan siquiera sé hablar – vuelvo a entrecortarme y vuelvo a
gritar, cogiendo el pomo de la puerta e intentándolo abrir. Él suelta una
pequeña risita y cuando ve que lo miro con odio para.
- Pero no te enfades, Alice, era una apuesta…
- ¡Encima! – grito – Es que para ti todo es un juego, ¡no te importa una
mierda lo que sientan los demás! – grito. Para nuestra sorpresa lo he dicho
bien alto y claro.
- ¿Ves? Ya se te ha pasado. – ríe y yo le doy un golpe en el brazo.
Aprovechando que se ha apartado de la puerta para quejarse, la abro rápidamente
y corro escaleras abajo. – ¡Alice! ¡Alissssss! – corre detrás de mí, pero no
paro. Cuando llego al portal, me escondo detrás del cubo de la basura para
hacerle creer que he salido a fuera. – ¿Qué haces? – suelta una gran carcajada
– Mierda, en las pelis siempre funciona. – Esto solo funciona en las pelis,
tonta. – Vuelve a hacerlo… ¿Cómo puede adivinar lo que pienso? Me siento en el
suelo como un indio, tapándome las piernas con la falda y cruzándome de brazos.
– ¿Y ahora qué? ¿Te vas a quedar aquí sentada toda la noche?
- Pues sí. – contesto lo más borde posible, esperando que se vaya.
- Vamos, levanta – dice tendiéndome su mano – que te llevo al hotel. – le
miro de reojo. – No voy a hacerte nada. – me quedo mirando su mano, vuelvo a
mirarle a los ojos, y lentamente levanto la mano para coger la suya. Cuando la
cojo, el corazón me da un pequeño vuelco, carraspeo y hago fuerza para
levantarme, y él tira de mí con fuerza, haciéndome saltar de golpe y poniéndome
enfrente suyo, a pocos centímetros de su cuerpo. Le miro sorprendida y doy un
pasito hacia atrás, intentando soltar la mano, pero vuelve a hacer fuerza y me
lleva hacia él, cogiéndome por la cintura con la otra mano. – Perdóname,
Alisss, no quería hacerte daño – susurra mirándome entristecido y con ternura.
- Vale, tranquilo, ya está… – contesto agachando la cabeza y empujándole
del pecho para separarme.
- No sé qué me pasa, Alis… – levanto la cabeza y le miro extrañada, dejando
de hacer fuerza – No sé porqué me gusta tenerte cerca… – me aprieta hacia él
por la cintura – ¿Qué ha cambiado entre nosotros desde que estás aquí? – abro
los ojos como platos y me sonrojo.
- ¿Qué dices?... – susurro. Me suelta de la mano y me acaricia la mejilla,
mirándome los labios, dejando su mano en mi cuello.
- No lo sé… – me mira fijamente a los ojos, el corazón empieza a latirme
más deprisa de lo normal y vuelvo a presionar su pecho para separarme – No
quiero que te vayas… – dice haciendo fuerza para que no me separe, apretándome
la cintura.
- Me… Me haces daño… – susurro.
- ¿Físicamente? – dice soltándome un poco, preocupado.
- De todo… – agacho la cabeza e intento dar un paso hacia atrás, él vuelve
a apretarme.
- ¿No lo entiendes? – dice levantándome la cabeza por la barbilla – Tú
viniste para estar conmigo… Es el destino…
- No entiendo nada de lo que está pasando – intento empujarlo con las dos
manos que tengo apoyadas en su pecho y consigo que dé un paso hacia atrás.
Extrañado consigo mismo, me suelta, separando las manos ampliamente y dando dos
pasos hacia atrás. Nos quedamos mirando en silencio, no aguanto más la
situación, me giro y vuelvo a dirigirme hacia fuera para buscar un taxi.
- Espera… – susurra sin moverse, me quedo quieta en el sitio, sin mirarle. –
Déjame llevarte, no me quedaría tranquilo si te vas en taxi… – me giro y le
miro extrañada. Me pierdo en su mirada, agacho la cabeza y afirmo, dirigiéndome
hacia su moto, que está en frente del portal. Àngel viene detrás de mí, en
silencio, se dirige hacia la moto, la abre, me da el casco verde, se pone el
suyo y se monta.
Viajamos en silencio, la tensión se nota en cómo estoy cogida a él, que ni
tan si quiera le abrazo, y en la velocidad a la que corre Àngel, con precaución
para que no me caiga al no agarrarme fuerte. Al llegar al hotel, me bajo de la
moto rápido, me quito el casco y se lo doy con una pequeña sonrisa de
agradecimiento. Él se queda sentado, mirándome en silencio, esperando a que me
vaya. Carraspeando, me doy la vuelta y me dirijo hacia el hotel, lentamente,
notando la mirada de Àngel en mi espalda. Las piernas me tiemblan y las ganas
de llorar aumentan a cada paso que doy. De repente oigo unos pasos detrás de mí
que cada vez son más rápidos, asustada me doy la vuelta y, sorprendida y
aliviada, veo a Àngel corriendo hacia mí. Doy un paso hacia delante, esperando
a que frene para quedarse frente a mí, pero no lo hace: se lanza encima de mí,
me coja por las mejillas, me lleva hacia él y me besa, nuevamente, presionando
fuertemente sus labios contra los míos.
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