Me quedo de pie delante de él, sonrojada, moviendo las caderas para hacer
que el vestidito se ondulara. Àngel empieza a reír y ladea la cabeza. Le miro
mal.
-¿De qué te ríes, eh?
-De ti… – se queda mirándome con una sonrisa, yo estoy igual, pero vuelvo a mirarle
mal.
-¿Y por qué? – contesto poniéndome chula – ¿A caso no me queda bien?
-Sí, sí, muy bien, pero te dije que no era una cena de gala…
-Ya pero… – suelta una carcajada, yo le miro extrañada – ¿Nadie irá
arreglado, de verdad? – vuelve a reír, negando con la cabeza. – ¿¡En serio!? –
sigue riendo como modo de respuesta. Me quedo con la boca abierta. – ¿Y ahora
qué hago? – suelta una carcajada más fuerte, a lo que le miro mal – ¿¡Puedes
hacer el favor de no reírte de mí!? – vuelve a negar con la cabeza, cogiendo
aire, a lo que yo le doy un golpe al brazo enfadada.
-No pasa nada, Alisss – dice cuando consigue parar de reír – Nadie va a
decirte nada, estas preciosa – me sonrojo otra vez, sonriendo como una lela,
perdiéndome en sus ojos. Vuelve a reír escandalosamente, de repente, y vuelvo a
mirarle extrañada y enfadada.
-¿¡Pero de qué te ríes!? – grito enfurecida, no me gusta que se ría así.
-Ven… – suelta entre risas.
Entonces, me coge de la mano y sale fuera del hotel, arrastrándome. Yo le
sigo tropezándome, no estoy acostumbrada a ir con zapatitos y va demasiado
deprisa, y por mucho que le diga que pare, no lo hace, es más, acelera el
ritmo. Cuando paramos, vuelve a reírse como loco, mirándome. Sin entender nada,
me doy cuenta que delante nuestro hay una moto. Vuelvo a mirarle, abriendo los
ojos como platos, él, al darse cuenta de mi expresión, vuelve a reír, sacando
un casco de moto verde de la rueda de esta.
-¡No, no y no! ¡Me niego! – Àngel no puede parar de reír, se apoya a la moto, intentando coger
aire. Yo estoy totalmente roja, muriéndome de vergüenza por sus risas y por mis
pintas. Si llego a saber que tenía que subirme a una moto con él, me hubiese
puesto mis tejanos y mi sudadera.
-Ai… Ai… Dios mio… – susurra Àngel recuperando el aire.
-Te encanta, ¿eh? – contesto intentando mostrarme enfadada, pero no puedo
evitar reír al volver escuchar su gran carcajada. – Podrías haberme avisado,
por lo menos. – digo cortando su risa.
-Mereció la pena no decírtelo… ¡Menudo momentazo!
-Momentazo para ti, ¡no te jode! – rompemos a reír los dos a la vez y me
pasa el casco, divertido.
Me lo pongo intentando no despeinarme mucho, él también se pone el suyo,
negro, y me da un cabezazo cuando los dos estamos listos. Entonces, sube a la
moto, le quita el caballete de un golpe de pie y se gira para mirarme, moviendo
la cabeza indicando que suba. Lo miro un poco extrañada, pero a la vez
divertida y nerviosa, no sé como subir. Entonces escucho como vuelve a reír
dentro del casco y le doy un golpe en el brazo. Me acerco a él, y cogiéndome en
sus hombros, subo como puedo a la moto, abriéndome de piernas y colocándome
bien la falda. Cuando estoy sentada, enciende el motor y se coloca en la carretera.
Antes de arrancar, se gira, me mira y susurra “Agárrate”. Antes de que me dé
cuenta, Àngel empieza a correr por la calle, haciendo que, de la velocidad, me
eche un poco hacia atrás. Por el miedo, me cojo rápido a su cintura,
apretándome a él, rodeándole la barriga con miedo. Cuando me doy cuenta, estoy
toda abrazada a su cuerpo, notando la velocidad, el motor de la moto y mi
corazón latir más deprisa que nunca. Entonces, sonrío como una boba y me abrazo
bien, intentando no hacerle daño, apoyando la cabeza en su espalda.
Cuando apaga el motor, Àngel carraspea, para que le suelte, y rápidamente
me dejo ir y me echo para atrás, para bajar primera de la moto. Cuando lo hago,
me quito el casco y me lo aguanto en la cintura, observando cómo baja él.
-Que, ¿Te ha gustado? – dice divertido cuando se quita el casco.
-Pues… Sí, ha estado bien… – intento decir lo más seria posible.
Todavía riéndose de mí, vuelve a cogerme de la mano y me dirige hacia su
portal.
-Pórtate bien, ¿eh? – dice abriendo la puerta. Yo, sonrojada, afirmo con la
cabeza. – Tranquila, – dice al verme nerviosa – no hay nadie que no conozcas…
Creo.
Al entrar en su casa, veo, al final del pasillo, a Manu y los chicos de
Geronimo. Al ver a Enric, sonrío de oreja a oreja, Àngel se da cuenta y me mira
de reojo. Me doy cuenta, le miro divertida y le susurro “No te pongas celoso,
sabes que eres mi favorito”.