dissabte, 27 d’abril del 2013

43. Eres mi favorito


Me quedo de pie delante de él, sonrojada, moviendo las caderas para hacer que el vestidito se ondulara. Àngel empieza a reír y ladea la cabeza. Le miro mal.

-¿De qué te ríes, eh?
-De ti… – se queda mirándome con una sonrisa, yo estoy igual, pero vuelvo a mirarle mal.
-¿Y por qué? – contesto poniéndome chula – ¿A caso no me queda bien?
-Sí, sí, muy bien, pero te dije que no era una cena de gala…
-Ya pero… – suelta una carcajada, yo le miro extrañada – ¿Nadie irá arreglado, de verdad? – vuelve a reír, negando con la cabeza. – ¿¡En serio!? – sigue riendo como modo de respuesta. Me quedo con la boca abierta. – ¿Y ahora qué hago? – suelta una carcajada más fuerte, a lo que le miro mal – ¿¡Puedes hacer el favor de no reírte de mí!? – vuelve a negar con la cabeza, cogiendo aire, a lo que yo le doy un golpe al brazo enfadada.
-No pasa nada, Alisss – dice cuando consigue parar de reír – Nadie va a decirte nada, estas preciosa – me sonrojo otra vez, sonriendo como una lela, perdiéndome en sus ojos. Vuelve a reír escandalosamente, de repente, y vuelvo a mirarle extrañada y enfadada.
-¿¡Pero de qué te ríes!? – grito enfurecida, no me gusta que se ría así.
-Ven… – suelta entre risas.

Entonces, me coge de la mano y sale fuera del hotel, arrastrándome. Yo le sigo tropezándome, no estoy acostumbrada a ir con zapatitos y va demasiado deprisa, y por mucho que le diga que pare, no lo hace, es más, acelera el ritmo. Cuando paramos, vuelve a reírse como loco, mirándome. Sin entender nada, me doy cuenta que delante nuestro hay una moto. Vuelvo a mirarle, abriendo los ojos como platos, él, al darse cuenta de mi expresión, vuelve a reír, sacando un casco de moto verde de la rueda de esta.

-¡No, no y no! ¡Me niego! – Àngel no puede parar de  reír, se apoya a la moto, intentando coger aire. Yo estoy totalmente roja, muriéndome de vergüenza por sus risas y por mis pintas. Si llego a saber que tenía que subirme a una moto con él, me hubiese puesto mis tejanos y mi sudadera.
-Ai… Ai… Dios mio… – susurra Àngel recuperando el aire.
-Te encanta, ¿eh? – contesto intentando mostrarme enfadada, pero no puedo evitar reír al volver escuchar su gran carcajada. – Podrías haberme avisado, por lo menos. – digo cortando su risa.
-Mereció la pena no decírtelo… ¡Menudo momentazo!
-Momentazo para ti, ¡no te jode! – rompemos a reír los dos a la vez y me pasa el casco, divertido.

Me lo pongo intentando no despeinarme mucho, él también se pone el suyo, negro, y me da un cabezazo cuando los dos estamos listos. Entonces, sube a la moto, le quita el caballete de un golpe de pie y se gira para mirarme, moviendo la cabeza indicando que suba. Lo miro un poco extrañada, pero a la vez divertida y nerviosa, no sé como subir. Entonces escucho como vuelve a reír dentro del casco y le doy un golpe en el brazo. Me acerco a él, y cogiéndome en sus hombros, subo como puedo a la moto, abriéndome de piernas y colocándome bien la falda. Cuando estoy sentada, enciende el motor y se coloca en la carretera. Antes de arrancar, se gira, me mira y susurra “Agárrate”. Antes de que me dé cuenta, Àngel empieza a correr por la calle, haciendo que, de la velocidad, me eche un poco hacia atrás. Por el miedo, me cojo rápido a su cintura, apretándome a él, rodeándole la barriga con miedo. Cuando me doy cuenta, estoy toda abrazada a su cuerpo, notando la velocidad, el motor de la moto y mi corazón latir más deprisa que nunca. Entonces, sonrío como una boba y me abrazo bien, intentando no hacerle daño, apoyando la cabeza en su espalda.

Cuando apaga el motor, Àngel carraspea, para que le suelte, y rápidamente me dejo ir y me echo para atrás, para bajar primera de la moto. Cuando lo hago, me quito el casco y me lo aguanto en la cintura, observando cómo baja él.

-Que, ¿Te ha gustado? – dice divertido cuando se quita el casco.
-Pues… Sí, ha estado bien… – intento decir lo más seria posible.
Todavía riéndose de mí, vuelve a cogerme de la mano y me dirige hacia su portal.
-Pórtate bien, ¿eh? – dice abriendo la puerta. Yo, sonrojada, afirmo con la cabeza. – Tranquila, – dice al verme nerviosa – no hay nadie que no conozcas… Creo.

Al entrar en su casa, veo, al final del pasillo, a Manu y los chicos de Geronimo. Al ver a Enric, sonrío de oreja a oreja, Àngel se da cuenta y me mira de reojo. Me doy cuenta, le miro divertida y le susurro “No te pongas celoso, sabes que eres mi favorito”. 

dijous, 18 d’abril del 2013

42. Empiezo a acostumbrarme

Cuando me doy cuenta, Àngel está dormido, con las piernas estiradas, los brazos cruzados encima de la barriga y la cabeza echada hacia atrás, apoyada en el respaldo del banco. Me lo quedo mirando con una gran sonrisa, saco el móvil disimuladamente y le hago una foto, en plan ninja. Suelto una risita al verla, ha quedado perfecto, y lo guardo otra vez silenciosamente. Aún así veo como entreabre un ojo y me mira, supongo que me ha escuchado reír. Al verme mirándole, parpadea, sonriendo, y vuelve a cerrar los ojos.

- No he dormido muy bien…
- Vaya, ¿y eso? – contesto acercándome a él.
- Acabamos tarde de cenar… – dice bostezando.
- Y eres demasiado mayor ya para tanta fiesta, ¿no? – al oír eso abre los ojos de golpe, mirándome “dolido” y enfadado, con la boca abierta.
- Hoy estás muy suelta, ¿no? – contesta picado. No puedo evitarlo y empiezo a reír, por fin soy capaz de devolverle lo que me hizo al conocernos.
- Parece que ya empiezo a acostumbrarme a estar contigo…

Me mira divertido, carraspea y se acerca hacia mí, cortando la distancia, picándome. Sabiendo lo que tiene en mente, echo hacia atrás antes de que vuelva a enfadarme, mirándole mal, avisándole. Él suelta una pequeña carcajada y se sienta bien en el banco, a lo que empieza a sonarle el móvil, se lo saca del bolsillo, contesta y se levanta para hablar. Mientras veo como se aleja un poco y empieza a andar en círculos, saco mi móvil y le mando la foto que acabo de hacerle a Blair, para que vea que todo está saliendo más perfecto de lo que pensaba. Vuelvo a guardarme el móvil al escuchar que vuelve y le sonrío, intrigada.

- Me tengo que ir… – dice un poco decepcionado.
- ¿Ya? – me alarmo. Pensaba que me invitaría a comer, si no, ¿para qué ha venido?
- Sí, me ha salido un imprevisto… – me levanto, poniéndome delante suyo, mirándole tristemente. Arquea los hombros, como modo de disculpa, me coge por las mejillas y me besa la frente. Noto como en ese momento el corazón empieza a latir a una velocidad no muy normal y que las piernas me flaquean. Él también se da cuenta y suelta una pequeña carcajada. – A las ocho te paso a buscar, estate preparada.

Intentando aparentar tranquilidad, le sonrío y afirmo con la cabeza. Él se separa de mí, pero antes de que se vaya doy un paso firme hacia delante y rodeo su cuello con mis brazos, abrazándome a él. Como modo de respuesta me aprieta fuerte por la espalda y la cintura, soltando una risita, y al soltarme me besa en la mejilla.


Después de comer en este aburrido hotel, voy a la habitación, rebuscando en la maleta y lo poco que he puesto en el armario algo que sea un poco formal para poder ir a cenar… Pero no hay nada. Solo me he traído sudaderas, camisetas anchas y pantalones tejanos. Me quedo sentada en la cama, sin saber qué hacer, y entonces recuerdo que mi madre me dio dinero por si quería comprarme algo… Creo que esta va a ser la ocasión. 

Salgo a la calle recorriendo el poco camino que he logrado memorizarme, entrando en todas las tiendas de ropa que encuentro bien, aunque en ninguna encuentro nada que me llame la atención, nunca me han gustado los vestidos cortos, ni los largos, y no encuentro ninguna camisa o pantalón que pueda quedarme bien… Hasta que encuentro una pequeña tienda llena de vestidos de diferentes colores que me llama la atención. Colgado en una estantería, apartado de los demás, hay un vestido azul eléctrico, mi color favorito, que parece que esté gritando que lo compre. Voy hacia éste, me lo llevo al probador y, después de ver la cara que pone el chico de la tienda, decido comprármelo. Es perfecto: no es ni corto, ni largo, me llega justo por las rodillas. Se sostiene por dos pequeños tirantes del mismo color que todo el vestido, y en la cintura resalta una cinta con un lazo de color negro. Para combinar, me compro unos zapatitos con un poco de tacón, no sé andar mucho con ellos, así que no abuso.

A las 8 menos 5, ya vestida, arreglada y un poco pintada, bajo a recepción a esperar que llegue Àngel. Para mi sorpresa ya está allí, apoyado en la puerta, esperando a que salga. Para mi sorpresa no va vestido muy arreglado: lleva tejanos, bambas, una camisa y una chaqueta. Me dirijo hacia él, pero no me mira, está mirando hacia la otra parte del hotel. Hago un pequeño silbido para que se gire y lo consigo. Al girarse, veo como empieza a buscarme entre la poca gente que está saliendo y entrando del hotel. Me planto frente a él, un poco sorprendida y intrigada de que no me haya visto y busco su mirada. Cuando por fin me mira, los ojos se le abren como platos y se queda tieso, mirándome de arriba a abajo. Me sonrojo y le sonrío tímida, saludándole con la mano. Él vuelve a mirarme a los ojos y susurra “Uau”.

dimecres, 17 d’abril del 2013

41. ¿Te has puesto celoso?


Salgo a la calle a dar un paseo, necesito que me dé un poco el aire. Voy al parque, a pasear por esos rincones verdes. Me siento en un banco, cojo el móvil y me quedo embobada, sonriendo viendo la foto.

- Te gusta, ¿eh?

Doy un pequeño bote y me giro rápido, viéndole detrás de mí, apoyado en el respaldo del banco. Me pongo roja como un tomate y me levanto deprisa. Él empieza a reír, se acerca a mí y me da un pequeño abrazo como modo de saludo.

- Buenos días, Alissss.
- Buenos días. – intento decir lo más serenada posible. – ¿Qué haces aquí?
- He venido a verte. ¿No te alegras? – sonrío de oreja a oreja al escuchar eso, pero viendo su cara traviesa de volverme a ver sonrojada, carraspeo y me pongo seria.
- Voy a empezar a pensar que no puedes estar sin mí… – ríe ante tal acusación y afirma con la cabeza.
- La verdad es que estar contigo me alegra bastante. – vuelvo a sonreír. – Quería decirte una cosa. – me pongo seria otra vez y le miro intrigada. – Hoy vienen a cenar a casa unos amigos para celebrar la Navidad… – arqueo una ceja, creyendo intuir lo que va a pedirme. Sonríe al ver mi gesto – ¿Vienes? – sonrío tontamente.
- Bueno, si me lo pides así… – digo picarona, como suele hablarme él. Suelta una pequeña carcajada y se sienta en el banco, estirando las piernas. Me siento a su lado, un poco girada, mirándole, sin apartar la sonrisa de mí. – Y bien… – digo rompiendo el silencio tras ver que cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás – ¿va a ser una cena de gala o…? – al oír eso levanta la cabeza y me mira extrañado, a lo que vuelve a reír.
- ¿De gala? – rompe a reír otra vez.
- ¡Yo que sé! En mi casa cuando nos reunimos todos vamos un poquito elegantes… Había pensado que vosotros al ser famosos… – vuelve a mirarme de lado, riendo divertido de mis palabras.
- ¿Famosos? Vendrán 4 amigos que han trabajado conmigo en obras, ¿eh?
- ¿¡Vendrá Enric!? – contesto emocionada al escuchar eso. Se sorprende de mi reacción y afirma con la cabeza. – Uala, ¡qué bien! Aunque no sé si se acordará de mi… – sigue mirándome de reojo, con una ceja levantada. – ¿Por qué me miras así?
- Nada, nada, que no sabía que te gustara tanto Enric… – contesta un poco borde, volviendo a mirar al frente. Me lo quedo mirando sin saber a qué se refiere, y, analizando su tono, sonrío.
- ¿Te has puesto celoso? – ladea un poco la cabeza para mirarme, sonríe, como si no supiera de que le estoy hablando, y vuelve a mirar hacia delante. – ¿Qué pasa? ¿Te ves amenazado por qué él es más joven que tú? – se gira de golpe y me mira sorprendido, pero a la vez “dolido”, con la boca abierta.
- Ui, ¿pero de qué vas? – contesta entre risitas que no puede contener.
- ¿A caso vas a negármelo? – contesto con el mismo tono de voz que pone él cuando me pica. Sonríe al darse cuenta y se acerca más a mí, en modo de venganza, acortando la distancia.
- ¿Es más guapo que yo? – echo la cabeza un poco hacia atrás, por los nervios, y porque no acabo de entender lo que dice. Él se acerca un poco más. – Dime, ¿le ves más guapo que a mí? – se queda sonriendo al ver cómo, poco a poco, voy poniéndome más nerviosa y rojiza.
- Pues… S.s.si… – digo intentando mostrar seguridad. Suelta una carcajada y vuelve a sentarse bien.
- Que mal mientes… – susurra mientras se cruza de brazos y vuelve a estirarse, soltando su típica risita.
- Vete a la mierda… – contesto enfadada, colocándome bien en el banco mientras él suelta otra carcajada.
- Tranquila – dice rompiendo el silencio – puedes venir en chándal, no creas que vayamos a arreglarnos mucho. – lo miro de reojo, sonriendo al verle mirándome con esa gran sonrisa, y afirmo con la cabeza.
- A ver qué encuentro por la maleta… 

dimarts, 9 d’abril del 2013

40. Hasta mañana.

Cuando Àngel vuelve a dejarme al suelo, dejo mis manos apoyadas en su pecho y lo miro fijamente, con una gran sonrisa en la cara, sin creerme este momento.

-¿Me perdonas, Alice? – susurra tímidamente.
-¿Cómo no te voy a perdonar? – le contesto con una gran sonrisa, a la vez que lo abrazo otra vez, rodeándole el cuello y dejándole un beso en la mejilla. Él vuelve a apretarme fuertemente por la espalda y me balancea, riendo con su perfecta melodía característica.

Me separo de él y me quedo como una tonta mirándole, pero antes de que pase como antes, doy un paso hacia atrás, bastante vergüenza he pasado ya.

-Escucha, Alice, me tengo que ir a cenar con unos amigos… – la sonrisa desaparece de mi cara, pero aún así intento fingir que estoy bien. – ¿Nos vemos mañana? – vuelvo a sonreír de oreja a oreja, sonrojándome.
-Si quieres sí. – contesto intentando disimular.
-Vamos, ¿Qué vas a hacer por Barcelona sin mí? – contesta con su chulería.
-Pueeeeeeees… – Intento buscar un comentario que me haga quedar bien delante de tal acusación, pero antes de que pueda hacerlo, me gana.
-¿Aburrirte? ¿Perderte? – lo miro mal y veo como sonríe victorioso de haberme hecho enfadar.
-Anda, vete, no quiero escucharte más. – digo dando un paso hacia atrás y dándome la vuelta para irme al hotel.
-¿No vas a despedirte de mí? – grita, otra vez, picándome. Me doy la vuelta y le miro sonriente.
-No. Hasta mañana.
Vuelvo a girarme y me voy decidida hacia la puerta del hotel, imaginándome su cara al quedarse solo en el parque. Antes de dar la vuelta a la calle, le busco con la mirada y le veo recogiendo el megáfono y la cartulina. Sonrío como una lela y me voy corriendo a mi habitación para salir al balcón y verle alejarse. Pero no llego a tiempo, así que me ducho, me voy a cenar al restaurante del hotel y vuelvo a la habitación.


Almorzando en el hotel, aprovecho para mirar mi twitter des de el móvil. No soy mucho de utilizarlo, pero para pasar el rato me entretiene. Al abrir mis interacciones, veo que ha empezado a seguirme bastante gente desconocida, a la vez que veo varios tuits de Blair y alguna amiga más, felicitándome y preguntándome qué tal me va. Sin contestar ningún tuit, ya que no entendía nada, sigo bajando hasta encontrar el motivo de tanto alboroto: Àngel había publicado nuestra foto, la del beso, etiquetándome a mí y a Blair y citando “Cenando con Alissssss… ¿Qué, la trato bien, Blair? JAAAA”. Ver eso hace que empiece a temblar de la emoción y que me suban todos los colores. Me descargo la foto y me la pongo de fondo de pantalla, de imagen del Whats App y de perfil en Twitter. Mi sonrisa en la foto es tan perfecta, tan de amor, tan de emoción, que cada vez que veo ese beso me dan ganas de llorar y darle gracias al destino por haberme hecho encontrar, al fin, con mi ídolo y mayor amor imposible. 

dimarts, 2 d’abril del 2013

39. Tenemos que hablar


De repente dejo de notar su respiración, siento que ya no está cerca. Abro los ojos lentamente, con miedo, fijándolos en su mirada, que está puesta en mí, conjuntando con una sonrisa pícara que le va de oreja a oreja. Me sonrojo mucho más de lo habitual y agacho la cabeza, escuchando una pequeña carcajada suya.

- ¿De verdad pensabas que iba a besarte? – Alzo la mirada enfadada, y al ver su rostro de diversión, pero a la vez dulzura, se convierte, otra vez, en una mirada de vergüenza.
- No pensaba… simplemente… – Susurro. Ni tan siquiera sé qué decir.
- ¿Qué? ¿Simplemente qué? – Vuelve a decir divertido. Vuelvo a mirarlo mal, esta vez su cara no muestra dulzura, se está riendo de mí.
- Simplemente – contesto enfadada y contundente – Simplemente eres imbécil.

Me levanto de la silla, no sin antes ver su cara de asombro y me voy del bar, dejándole allí sentado, sin saber qué hacer. Empiezo a correr por las pocas calles que me he aprendido, llorando de la rabia, sin saber qué pensar. ¿Cómo puede jugar así con mis sentimientos?


Me encierro en mi habitación del hotel, me tumbo en la cama y me pongo música para desconectar, quedándome dormida al rato. No quiero volver a pensar en él, en lo que ha pasado, en lo que me ha hecho…

- Señorita Alicia, Alissss para los amigos, salga ahora mismo con las manos en alto.

Me levanto de la cama y me siento apoyando el trasero encima de mi pierna derecha. Ladeo la cabeza hacia la puerta y luego hacia el balcón, intentando descubrir de donde provenía el ruido y intentando saber de quién es esa voz.

- Señorita Alisssss, sé que me estás escuchando.

Sonrío, es su voz. Me levanto, me arreglo el jersey y salgo al balcón, apoyándome en la barandilla, mirando hacia el parque. Y allí está él, con un gran megáfono en las manos, sonriendo y haciéndome señales.

- Baje, por favor, tenemos que hablar.
- ¿Y si no me da la gana de bajar? – contesto gritando, haciendo que la gente que pasaba por la calle, que todavía no se había parado a buscar a quien iban dirigidos esos gritos, se detengan enfrente del hotel para admirar la escena.
- Te mueres de ganas de hacerlo. – contesta divertido.

Ladeo la cabeza riendo y entro en la habitación, cogiendo la chaqueta y cerrando la puerta al salir. Bajo corriendo las escaleras, esquivando a la gente que había en los pasillos y salgo corriendo hacia el parque, que está en la parte de atrás del hotel. Cuando llego allí, le veo con los brazos abiertos: en una mano tenía el megáfono, y en la otra una especie de cartulina en la que ponía “Lo siento”. Cuando llego delante de él, freno, le miro divertida y doy un paso hacia atrás.

- Así no vas a hacer que se me pase el enfado.

Me contesta con una sonrisa dulce y pícara, deja la cartulina en el suelo, apoyando el megáfono encima, se acerca a mí y me abraza por la cintura, elevándome un poco del suelo.

- Lo siento, Alice, no quería hacerte enfadar.