Cuando me doy cuenta, Àngel está dormido, con las piernas estiradas, los
brazos cruzados encima de la barriga y la cabeza echada hacia atrás, apoyada en
el respaldo del banco. Me lo quedo mirando con una gran sonrisa, saco el móvil
disimuladamente y le hago una foto, en plan ninja. Suelto una risita al verla,
ha quedado perfecto, y lo guardo otra vez silenciosamente. Aún así veo como entreabre
un ojo y me mira, supongo que me ha escuchado reír. Al verme mirándole,
parpadea, sonriendo, y vuelve a cerrar los ojos.
- No he dormido muy bien…
- Vaya, ¿y eso? – contesto acercándome a él.
- Acabamos tarde de cenar… – dice bostezando.
- Y eres demasiado mayor ya para tanta fiesta, ¿no? – al oír eso abre los
ojos de golpe, mirándome “dolido” y enfadado, con la boca abierta.
- Hoy estás muy suelta, ¿no? – contesta picado. No puedo evitarlo y empiezo
a reír, por fin soy capaz de devolverle lo que me hizo al conocernos.
- Parece que ya empiezo a acostumbrarme a estar contigo…
Me mira divertido, carraspea y se acerca hacia mí, cortando la distancia,
picándome. Sabiendo lo que tiene en mente, echo hacia atrás antes de que vuelva
a enfadarme, mirándole mal, avisándole. Él suelta una pequeña carcajada y se
sienta bien en el banco, a lo que empieza a sonarle el móvil, se lo saca del
bolsillo, contesta y se levanta para hablar. Mientras veo como se aleja un poco
y empieza a andar en círculos, saco mi móvil y le mando la foto que acabo de
hacerle a Blair, para que vea que todo está saliendo más perfecto de lo que
pensaba. Vuelvo a guardarme el móvil al escuchar que vuelve y le sonrío,
intrigada.
- Me tengo que ir… – dice un poco decepcionado.
- ¿Ya? – me alarmo. Pensaba que me invitaría a comer, si no, ¿para qué ha
venido?
- Sí, me ha salido un imprevisto… – me levanto, poniéndome delante suyo,
mirándole tristemente. Arquea los hombros, como modo de disculpa, me coge por
las mejillas y me besa la frente. Noto como en ese momento el corazón empieza a
latir a una velocidad no muy normal y que las piernas me flaquean. Él también
se da cuenta y suelta una pequeña carcajada. – A las ocho te paso a buscar,
estate preparada.
Intentando aparentar tranquilidad, le sonrío y afirmo con la cabeza. Él se
separa de mí, pero antes de que se vaya doy un paso firme hacia delante y rodeo
su cuello con mis brazos, abrazándome a él. Como modo de respuesta me aprieta
fuerte por la espalda y la cintura, soltando una risita, y al soltarme me besa
en la mejilla.
Después de comer en este aburrido hotel, voy a la habitación, rebuscando en
la maleta y lo poco que he puesto en el armario algo que sea un poco formal
para poder ir a cenar… Pero no hay nada. Solo me he traído sudaderas, camisetas
anchas y pantalones tejanos. Me quedo sentada en la cama, sin saber qué hacer,
y entonces recuerdo que mi madre me dio dinero por si quería comprarme algo…
Creo que esta va a ser la ocasión.
Salgo a la calle recorriendo el poco camino que he logrado memorizarme,
entrando en todas las tiendas de ropa que encuentro bien, aunque en ninguna
encuentro nada que me llame la atención, nunca me han gustado los vestidos
cortos, ni los largos, y no encuentro ninguna camisa o pantalón que pueda
quedarme bien… Hasta que encuentro una pequeña tienda llena de vestidos de
diferentes colores que me llama la atención. Colgado en una estantería,
apartado de los demás, hay un vestido azul eléctrico, mi color favorito, que
parece que esté gritando que lo compre. Voy hacia éste, me lo llevo al probador
y, después de ver la cara que pone el chico de la tienda, decido comprármelo. Es
perfecto: no es ni corto, ni largo, me llega justo por las rodillas. Se sostiene
por dos pequeños tirantes del mismo color que todo el vestido, y en la cintura
resalta una cinta con un lazo de color negro. Para combinar, me compro unos
zapatitos con un poco de tacón, no sé andar mucho con ellos, así que no abuso.
A las 8 menos 5, ya vestida, arreglada y un poco pintada, bajo a recepción
a esperar que llegue Àngel. Para mi sorpresa ya está allí, apoyado en la
puerta, esperando a que salga. Para mi sorpresa no va vestido muy arreglado: lleva
tejanos, bambas, una camisa y una chaqueta. Me dirijo hacia él, pero no me
mira, está mirando hacia la otra parte del hotel. Hago un pequeño silbido para
que se gire y lo consigo. Al girarse, veo como empieza a buscarme entre la poca
gente que está saliendo y entrando del hotel. Me planto frente a él, un poco
sorprendida y intrigada de que no me haya visto y busco su mirada. Cuando por
fin me mira, los ojos se le abren como platos y se queda tieso, mirándome de
arriba a abajo. Me sonrojo y le sonrío tímida, saludándole con la mano. Él vuelve
a mirarme a los ojos y susurra “Uau”.
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