dijous, 18 d’abril del 2013

42. Empiezo a acostumbrarme

Cuando me doy cuenta, Àngel está dormido, con las piernas estiradas, los brazos cruzados encima de la barriga y la cabeza echada hacia atrás, apoyada en el respaldo del banco. Me lo quedo mirando con una gran sonrisa, saco el móvil disimuladamente y le hago una foto, en plan ninja. Suelto una risita al verla, ha quedado perfecto, y lo guardo otra vez silenciosamente. Aún así veo como entreabre un ojo y me mira, supongo que me ha escuchado reír. Al verme mirándole, parpadea, sonriendo, y vuelve a cerrar los ojos.

- No he dormido muy bien…
- Vaya, ¿y eso? – contesto acercándome a él.
- Acabamos tarde de cenar… – dice bostezando.
- Y eres demasiado mayor ya para tanta fiesta, ¿no? – al oír eso abre los ojos de golpe, mirándome “dolido” y enfadado, con la boca abierta.
- Hoy estás muy suelta, ¿no? – contesta picado. No puedo evitarlo y empiezo a reír, por fin soy capaz de devolverle lo que me hizo al conocernos.
- Parece que ya empiezo a acostumbrarme a estar contigo…

Me mira divertido, carraspea y se acerca hacia mí, cortando la distancia, picándome. Sabiendo lo que tiene en mente, echo hacia atrás antes de que vuelva a enfadarme, mirándole mal, avisándole. Él suelta una pequeña carcajada y se sienta bien en el banco, a lo que empieza a sonarle el móvil, se lo saca del bolsillo, contesta y se levanta para hablar. Mientras veo como se aleja un poco y empieza a andar en círculos, saco mi móvil y le mando la foto que acabo de hacerle a Blair, para que vea que todo está saliendo más perfecto de lo que pensaba. Vuelvo a guardarme el móvil al escuchar que vuelve y le sonrío, intrigada.

- Me tengo que ir… – dice un poco decepcionado.
- ¿Ya? – me alarmo. Pensaba que me invitaría a comer, si no, ¿para qué ha venido?
- Sí, me ha salido un imprevisto… – me levanto, poniéndome delante suyo, mirándole tristemente. Arquea los hombros, como modo de disculpa, me coge por las mejillas y me besa la frente. Noto como en ese momento el corazón empieza a latir a una velocidad no muy normal y que las piernas me flaquean. Él también se da cuenta y suelta una pequeña carcajada. – A las ocho te paso a buscar, estate preparada.

Intentando aparentar tranquilidad, le sonrío y afirmo con la cabeza. Él se separa de mí, pero antes de que se vaya doy un paso firme hacia delante y rodeo su cuello con mis brazos, abrazándome a él. Como modo de respuesta me aprieta fuerte por la espalda y la cintura, soltando una risita, y al soltarme me besa en la mejilla.


Después de comer en este aburrido hotel, voy a la habitación, rebuscando en la maleta y lo poco que he puesto en el armario algo que sea un poco formal para poder ir a cenar… Pero no hay nada. Solo me he traído sudaderas, camisetas anchas y pantalones tejanos. Me quedo sentada en la cama, sin saber qué hacer, y entonces recuerdo que mi madre me dio dinero por si quería comprarme algo… Creo que esta va a ser la ocasión. 

Salgo a la calle recorriendo el poco camino que he logrado memorizarme, entrando en todas las tiendas de ropa que encuentro bien, aunque en ninguna encuentro nada que me llame la atención, nunca me han gustado los vestidos cortos, ni los largos, y no encuentro ninguna camisa o pantalón que pueda quedarme bien… Hasta que encuentro una pequeña tienda llena de vestidos de diferentes colores que me llama la atención. Colgado en una estantería, apartado de los demás, hay un vestido azul eléctrico, mi color favorito, que parece que esté gritando que lo compre. Voy hacia éste, me lo llevo al probador y, después de ver la cara que pone el chico de la tienda, decido comprármelo. Es perfecto: no es ni corto, ni largo, me llega justo por las rodillas. Se sostiene por dos pequeños tirantes del mismo color que todo el vestido, y en la cintura resalta una cinta con un lazo de color negro. Para combinar, me compro unos zapatitos con un poco de tacón, no sé andar mucho con ellos, así que no abuso.

A las 8 menos 5, ya vestida, arreglada y un poco pintada, bajo a recepción a esperar que llegue Àngel. Para mi sorpresa ya está allí, apoyado en la puerta, esperando a que salga. Para mi sorpresa no va vestido muy arreglado: lleva tejanos, bambas, una camisa y una chaqueta. Me dirijo hacia él, pero no me mira, está mirando hacia la otra parte del hotel. Hago un pequeño silbido para que se gire y lo consigo. Al girarse, veo como empieza a buscarme entre la poca gente que está saliendo y entrando del hotel. Me planto frente a él, un poco sorprendida y intrigada de que no me haya visto y busco su mirada. Cuando por fin me mira, los ojos se le abren como platos y se queda tieso, mirándome de arriba a abajo. Me sonrojo y le sonrío tímida, saludándole con la mano. Él vuelve a mirarme a los ojos y susurra “Uau”.

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