De repente dejo de notar su respiración, siento que ya no está cerca. Abro
los ojos lentamente, con miedo, fijándolos en su mirada, que está puesta en mí,
conjuntando con una sonrisa pícara que le va de oreja a oreja. Me sonrojo mucho
más de lo habitual y agacho la cabeza, escuchando una pequeña carcajada suya.
- ¿De verdad pensabas que iba a besarte? – Alzo la mirada enfadada, y al ver
su rostro de diversión, pero a la vez dulzura, se convierte, otra vez, en una
mirada de vergüenza.
- No pensaba… simplemente… – Susurro. Ni tan siquiera sé qué decir.
- ¿Qué? ¿Simplemente qué? – Vuelve a decir divertido. Vuelvo a mirarlo mal,
esta vez su cara no muestra dulzura, se está riendo de mí.
- Simplemente – contesto enfadada y contundente – Simplemente eres imbécil.
Me levanto de la silla, no sin antes ver su cara de asombro y me voy del
bar, dejándole allí sentado, sin saber qué hacer. Empiezo a correr por las
pocas calles que me he aprendido, llorando de la rabia, sin saber qué pensar.
¿Cómo puede jugar así con mis sentimientos?
Me encierro en mi habitación del hotel, me tumbo en la cama y me pongo
música para desconectar, quedándome dormida al rato. No quiero volver a pensar
en él, en lo que ha pasado, en lo que me ha hecho…
- Señorita Alicia, Alissss para los amigos, salga ahora mismo con las manos
en alto.
Me levanto de la cama y me siento apoyando el trasero encima de mi pierna
derecha. Ladeo la cabeza hacia la puerta y luego hacia el balcón, intentando
descubrir de donde provenía el ruido y intentando saber de quién es esa voz.
- Señorita Alisssss, sé que me estás escuchando.
Sonrío, es su voz. Me levanto, me arreglo el jersey y salgo al balcón, apoyándome
en la barandilla, mirando hacia el parque. Y allí está él, con un gran megáfono
en las manos, sonriendo y haciéndome señales.
- Baje, por favor, tenemos que hablar.
- ¿Y si no me da la gana de bajar? – contesto gritando, haciendo que la
gente que pasaba por la calle, que todavía no se había parado a buscar a quien
iban dirigidos esos gritos, se detengan enfrente del hotel para admirar la
escena.
- Te mueres de ganas de hacerlo. – contesta divertido.
Ladeo la cabeza riendo y entro en la habitación, cogiendo la chaqueta y
cerrando la puerta al salir. Bajo corriendo las escaleras, esquivando a la
gente que había en los pasillos y salgo corriendo hacia el parque, que está en
la parte de atrás del hotel. Cuando llego allí, le veo con los brazos abiertos:
en una mano tenía el megáfono, y en la otra una especie de cartulina en la que
ponía “Lo siento”. Cuando llego delante de él, freno, le miro divertida y doy
un paso hacia atrás.
- Así no vas a hacer que se me pase el enfado.
Me contesta con una sonrisa dulce y pícara, deja la cartulina en el suelo,
apoyando el megáfono encima, se acerca a mí y me abraza por la cintura,
elevándome un poco del suelo.
- Lo siento, Alice, no quería hacerte enfadar.
AAAAAAAH!!! Que malote que es l'Àngel!
ResponElimina