dijous, 11 de juliol del 2013

48. Para mí lo eres todo.

Àngel me coge de la mano y, silencioso y haciéndose el interesante, se dirige hacia su moto. Al llegar, se gira, me repasa y sonriendo susurra “Hoy no vas a tener problemas”. Rompo a reír y niego con la cabeza, esperando a que suba a la moto para colocarme detrás de él. Al sentarme, me abrazo a su cuerpo y cierro los ojos, sonriendo, notando como se enciende el motor y todo empieza a temblar, disimulando mi tembleque de la emoción.

Recorremos las calles de Barcelona en silencio, es como si el tiempo estuviese detenido, solo estamos él y yo. Solo escucho el ruido del motor, solo veo las calles y los coches distorsionados por la velocidad. Para mí no hay nada más que él, y más en momentos así.


La moto se detiene, y con ellos mis pensamientos. Àngel se recoloca para avisarme que ya puedo soltarme y bajar, y así lo hago, un poco sonrojada. Al sacarme el casco, me doy cuenta de dónde estamos. 

- No puede ser… –  susurro, mirándole incrédula y con una gran sonrisa.
- Que, ¿te acuerdas? – sonríe.
- ¿Cómo no voy a acordarme? – alzo el tono de voz, por la emoción, y él se sorprende y ríe divertido. Me giro, inspecciono el lugar para acabar de situarme y, al ver lo que estaba buscando, corro hacia allí. – ¡Mira! – grito llegando al lugar, girándome para ver si me sigue – Aquí fue donde estuvimos sentados la primera vez que vine a Barcelona a verte… – sonrío al recordarlo.
- Sí… – susurra – Aquí fue donde te llevé por primera vez. – se queda mirándome fijamente, con una pequeña sonrisa. Me pierdo en sus ojos, sonrío, y me acerco a él poco a poco.
- Me dijiste que este parque era tu preferido... – me paro frente a él, a poca distancia de su cuerpo, sin apartar la mirada. Da un pasito hacia mí, afirmando con la cabeza. – Pero no me dijiste el por qué… – sí me lo dijo, me acuerdo perfectamente, y con la sonrisa traviesa que se origina en sus labios puedo entender que él también se acuerda de ello.
- Porque… – susurra acortando más la distancia y cogiéndome suavemente por la cintura – Es muy solitario, tranquilo, silencioso… – poco a poco va acercando su cuerpo hacia el mío, agachando la cabeza, mirándome a los labios, sin apartar la sonrisa traviesa de su cara. Empiezan a temblarme las piernas, agacho la cabeza y cierro los ojos, suspirando. Él me aprieta por la cintura dulcemente. “No seas tonta, Alice, recuerda lo que te repite Blair ‘Vive el momento, que luego te arrepientes’”. Resoplo, aprieto los puños y, decidida, levanto la cabeza, enfrentándome a su mirada preocupada. Poco a poco voy subiendo las manos y las coloco en su pecho, subiendo la derecha y apoyándola al lado de su cuello. Sonríe, me mira a los labios y le devuelvo la sonrisa, poniéndome un poco de puntillas. Vuelve a apretarme por la cintura, acortando del todo la distancia, y me roza suavemente la nariz con la suya, entrecerrando los ojos. Me muerdo el labio inferior, cierro los ojos y levanto la cabeza levemente, cediéndole el paso. No tarda ni un segundo en apretar con fuerza sus labios contra los míos y saborearlos dulcemente, entreabriéndolos, mordiéndome el labio inferior, jugando con ellos. A la vez, me aprieta por la espalda, acariciándome, evitando que nuestros cuerpos se separen un solo centímetro. Vuelvo a perder la noción del tiempo, volvemos a estar solos, él y yo, en un parque desconocido, abrazados, besándonos, sin importarnos nada ni nadie. Es todo más que perfecto, es más que lo que nunca he soñado, es más que lo que podría pedir, es más que el miedo que siento a no verle más… Me da un vuelco el corazón de golpe que hace que me separe de él y agache la cabeza. Me suelta un poco y me acaricia la cintura, agachando la cabeza, buscando mi mirada. – Que… ¿Qué pasa? – susurra. Niego con la cabeza, intentando fingir estar bien, pero cuando levanto la mirada y le veo, no puedo evitar soltar una lágrima. 
- No puedo… – susurro bajando la cabeza otra vez.
- ¿Qué? – se agacha nuevamente, esta vez ayudado de las rodillas, e intenta levantarme la cabeza.
- Que no puedo, Àngel… – dejo que me levante la cabeza y le miro fijamente, dejando caer otra lágrima – Me voy en dos días. ¿Qué haré después? – me cuestiona con la mirada, sin entenderme – Para ti es fácil, yo no soy nada. En cambio tú para mi… Sí. Tú para mí lo eres todo, ¿entiendes? Y después de esto… Nada será igual, no podré avanzar, me quedaré encerrada en este recuerdo… Y no quiero que sea así, no quiero sufrir más, Àngel… – me aprieto a él, apoyo la cabeza en su pecho y lucho por no romper a llorar.
- ¿Quién te ha dicho que vaya a hacerte sufrir? – susurra abrazándome dulcemente y acariciándome la cabeza – ¿Quién te ha dicho que no vayamos a vernos más después de esto? – me separo de él, levantando la mirada, ilusionada e intrigada. – No voy a dejar que te vayas – susurra – No quiero  perderte. – me coge suavemente de las mejillas y me mira fijamente – No pienso dejar que suceda. 

dimarts, 4 de juny del 2013

47. Dime algo de mí.

Me dejo llevar por su dulce beso y le rodeo el cuello, apretándome a él, notando como una de sus manos va bajando hacia mi cintura y la otra la cuela entre mi pelo para cogerme del cuello. Àngel empieza a morderme suavemente los labios, entreabriendo nuestras bocas, dejándome pequeños besos entre suspiros. Empiezo a acariciar su cabeza, enredando mis dedos por su pelo, comprobando que es él, que es Àngel, mi amor platónico, que estamos aquí, en las puertas de un hotel, besándonos, dejándonos llevar por la pasión… Mordiéndole el labio inferior, me separo un poco de él y agacho la cabeza, apoyándola en su pecho. Nos quedamos en silencio, abrazados, me besa la frente y da un paso hacia atrás.

- Creo que… Lo mejor será que me vaya…  – susurra.
- Sí… – levanto la mirada, sonrojada, y puedo ver en su rostro la decepción que le causa mi respuesta.
- Bien… ¿Nos… Vemos mañana? – susurra tímidamente.
- Sí. – contesto rápido, sin pensar. Él sonríe, carraspea, se acerca a mí, me coge suavemente la cara y me besa.
- Buenas noches… – dice al separarse de mí, mirándome a los ojos. Rápidamente me pongo de puntillas, le cojo del cuello y le beso. Él responde al beso y me aprieta por la cintura, acariciando mi cuello con la otra mano.
- Buenas noches. – susurro con una gran sonrisa al separarme de él. Doy un pasito hacia atrás, agachando la cabeza por la vergüenza, y entro al hotel. Antes de llamar al ascensor me doy la vuelta y le veo quieto en la puerta, despidiéndome con la mano. Sonrío como una lela, toco el botón, le imito y entro dentro del ascensor.

Tengo tantas cosas que contaros… Todavía no me creo lo que ha pasado, mamá: Àngel me ha besado. Sí, como lo lees… Aunque me gustaría que me oyeses también, pero sé que si te llamo voy a empezar a llorar y vas a llenarme la cabeza de ideas negativas por este hecho… Así que prefiero irme a dormir con esta sonrisa que ahora me caracteriza y esperar qué pasa mañana… Quizá todo ha sido una equivocación, quizá mañana se arrepienta y me pida perdón… Pero no importa… Por unos minutos he sido la mujer más feliz que haya existido en este mundo, y solo por eso ha valido la pena el viaje hasta aquí. Muchísimas gracias por hacer que esto haya sido posible, jamás podré agradeceros todo lo que estoy viviendo estos días…

Estos días… Llevo tres días aquí, me quedan 3 más para pasar a su lado… Empiezo a comerme la cabeza, será mejor que me vaya a la cama, mañana puede ser un gran día.



Nada más despertarme, voy a la ducha para serenarme: he soñado toda la noche con Llàcer, con sus abrazos, con su beso, con lo que pueda pasar hoy… Necesito desconectarme un poco, así que me encierro en el baño con la música a tope. Al salir, me visto con mis vaqueros y una sudadera, cojo el móvil y rápido me dirijo hacia el comedor. Quiero almorzar lo antes posible para poder salir a dar un paseo. 

Abro la puerta, me doy la vuelta y choco con alguien.

- Ai, perdón – grito dando un paso hacia atrás. Levanto la cabeza y me quedo helada – ¿Àngel? – sonrío y le miro de arriba abajo para comprobar que no son alucinaciones.
- Buenos días – susurra con una pequeña sonrisa.
- ¿Hace… mucho que estás aquí? – pregunto intrigada en un susurro.
- El suficiente para haber podido escuchar todo tu concierto… – suelta una pequeña carcajada y me sonrojo.
- ¿Cómo has sabido cual era mi habitación? – intento desviar el tema.
- He preguntado en recepción. – sonríe – No tengo poderes… Todavía. – vuelve a reír. Me quedo atontada mirando su sonrisa, se da cuenta y carraspea para despertarme.
- Em… Sí… – agacho la cabeza tímidamente – Esto… Todavía tengo que desayunar.
- Bien, pues… Si quieres te invito al bar de aquí al lado.
- No hace falta – corto su sonrisa – aquí me dan comida gratis. – suelto una risita, pero él me mira mal. – Puedes acompañarme, si quieres. – sonrío. Se me queda mirando un poco extrañado, pero rompe a reír.
- Después dicen que los agarrados somos los catalanes…
- ¡Encima que lo hago por ti! – reímos y nos quedamos mirándonos en silencio – En fin… – agacho la cabeza – ¿Vamos?
- Sí, sí… 

Me pongo a su lado y empiezo a caminar hacia el comedor, que está al piso de abajo. Él me sigue en silencio, con las manos en los bolsillos. Cuando llegamos allí, me sirvo lo mismo de cada día: un vaso de leche, un sobre de Cola-cao y un par de tostadas. Àngel, cuando lo ve, suelta una pequeña risita, pero no le contesto, me limito en mirarle de reojo. La gente que está en la cocina se nos queda mirando, más bien a él, lo repasan de arriba abajo, preguntándose qué debe hacer él en un sitio así. Àngel suda de todo, sabe que lo están mirando, pero no le importa, va detrás de mí con aire de superioridad. Cuando nos sentamos en la mesa, la más apartada que encontramos, Àngel empieza a juguetear con su Iphone, mirando de reojo como me tomo mi Cola-cao, con una pequeña sonrisa.

- Perdona… – los dos levantamos la cabeza a la vez, sorprendidos – ¿Nos podemos hacer una foto? – es una chica, está sonriendo tímida a Àngel con un móvil en la mano.
- Pues no. – contesta Àngel lo más borde posible. Abro los ojos como platos y le miro mal.
- Es que… – contesta un poco cortada, mirándome de reojo con cara de pena – Soy muy fan tuya, ¿sabes? – dice en un hilillo de voz. La miro con ternura, viéndome reflejada en ella y le doy una patadita por debajo de la mesa a Àngel.
- ¿Ah sí? Dime una obra de teatro que haya hecho. – las dos nos sorprendemos ante esa pregunta y nos miramos extrañadas. – No, mejor – sigue antes que pueda pensar – dime qué obra de teatro estoy llevando ahora por todos los pueblecitos de España.
- Em… Esto… – contesta la chica sonrojada. Yo suelto una pequeña risita de mofa, ya que ha quedado con el culo al aire, y me tapo la boca para que no me vean. Àngel la sonríe irónicamente y le dice adiós con la mano. La chica lo repasa con cara de asco, me mira peor que a él, se gira y se va, susurrando un “imbécil” al alejarse.
- Eres un borde – susurro entre risas.
- Si me hubiese contestado, me hubiese hecho una foto con ella, incluso le hubiese dado dos besos. – le miro de reojo, sin creerme lo que dice – Contéstame tú.
- ¿Perdón?
- Dime una obra que haya protagonizado – dice poniéndose serio.
- ¿De verdad vas a cuestionarme si soy una verdadera fan? – digo apoyando los hombros en la mesa y echando el cuerpo para adelante.
- Sí. – responde imitando mis movimientos.
- Boeing Boeing. – susurro con una sonrisa.
- Otra.
- Ya van 30.
- Otra. – le miro mal y me muerdo el labio inferior, pensando. Él sonríe victorioso.
- El somni de Mozart. – se sorprende.
- Esa fue de las primeras – sonríe.
- Lo sé – en realidad no, me sé los títulos por un trabajo que hice, pero no me acuerdo de los años.
- Dime un musical que haya dirigido. – echa el cuerpo un poco más para adelante.
- Què, el nou musical. – intento pronunciar bien el catalán y imito su expresión corporal. Estamos a pocos centímetros el uno del otro, apoyados totalmente encima de la mesa, mirándonos a los ojos y sonriéndonos. Me quedo mirándole los labios y agacho la cabeza por no cometer un error. Ladeo la cabeza y me doy cuenta que la poca gente que hay está con la mirada fija en nosotros, así que carraspeo y me coloco bien en la silla, acabándome de comer la tostada. Àngel, soltando una risita, se vuelve a sentar bien y vuelve a juguetear con el móvil con una pequeña sonrisa. – Ya estoy – digo cortando el silencio y levantándome.
- Vamos, pues. – dice imitándome.

Sonriéndole, me dirijo hacia la calle, corriendo un poquito para hacer que él tenga que correr tras de mí, y lo consigo. Al llegar a fuera, me giro, sonriéndole, y él se acerca poco a poco a mí, cogiéndome por la cintura y acercándome a él. Apoyo mis manos en sus hombros y me pierdo en su mirada. 

- ¿Dónde vamos? – susurra.
- No sé, tú sabrás.
- Bien… Pues… Vamos. 

dilluns, 3 de juny del 2013

46. ¿No lo entiendes?

Antes de que pueda contestarme, le empujo, doy un paso hacia atrás y corro hacia el comedor. Cojo la chaqueta y me la pongo, mirando al suelo, luchando contra las lágrimas que quieren salir de mis ojos.

- ¿Dónde vas? – dice apoyándose en la pared del comedor con una sonrisa.
- Me voy… – susurro subiendo la cremallera.
- ¿Dónde? – ríe, levanto la mirada y lo miro lo peor posible.
- A casa… Al hotel. – rectifico tartamudeando por los nervios. Àngel suelta una pequeña risa y vuelvo a mirarlo mal.
- ¿Y cómo? – se cruza de brazos con una sonrisa victoriosa.
- En taxi – Abre los ojos como platos, paso por su lado rápidamente, sin mirarle, y me dirijo hacia la puerta. Él corre detrás de mi dándose cuenta que voy totalmente en serio. Cuando llego a la puerta, la abro rápidamente, pero antes que pueda salir, Àngel le da un manotazo y la cierra, apoyándose en ella para impedir que la vuelva a abrir.
- Alice… – dice intentando calmarme, pronunciando bien mi nombre aposta – No ha sido para tanto, no te pongas así…
- ¡No es tanto para ti! – digo entrecortándome. Suelto un pequeño grito de ira – ¿¡Ves!? Ya ni tan siquiera sé hablar – vuelvo a entrecortarme y vuelvo a gritar, cogiendo el pomo de la puerta e intentándolo abrir. Él suelta una pequeña risita y cuando ve que lo miro con odio para.
- Pero no te enfades, Alice, era una apuesta…
- ¡Encima! – grito – Es que para ti todo es un juego, ¡no te importa una mierda lo que sientan los demás! – grito. Para nuestra sorpresa lo he dicho bien alto y claro.
- ¿Ves? Ya se te ha pasado. – ríe y yo le doy un golpe en el brazo. Aprovechando que se ha apartado de la puerta para quejarse, la abro rápidamente y corro escaleras abajo. – ¡Alice! ¡Alissssss! – corre detrás de mí, pero no paro. Cuando llego al portal, me escondo detrás del cubo de la basura para hacerle creer que he salido a fuera. – ¿Qué haces? – suelta una gran carcajada – Mierda, en las pelis siempre funciona. – Esto solo funciona en las pelis, tonta. – Vuelve a hacerlo… ¿Cómo puede adivinar lo que pienso? Me siento en el suelo como un indio, tapándome las piernas con la falda y cruzándome de brazos. – ¿Y ahora qué? ¿Te vas a quedar aquí sentada toda la noche?
- Pues sí. – contesto lo más borde posible, esperando que se vaya.
- Vamos, levanta – dice tendiéndome su mano – que te llevo al hotel. – le miro de reojo. – No voy a hacerte nada. – me quedo mirando su mano, vuelvo a mirarle a los ojos, y lentamente levanto la mano para coger la suya. Cuando la cojo, el corazón me da un pequeño vuelco, carraspeo y hago fuerza para levantarme, y él tira de mí con fuerza, haciéndome saltar de golpe y poniéndome enfrente suyo, a pocos centímetros de su cuerpo. Le miro sorprendida y doy un pasito hacia atrás, intentando soltar la mano, pero vuelve a hacer fuerza y me lleva hacia él, cogiéndome por la cintura con la otra mano. – Perdóname, Alisss, no quería hacerte daño – susurra mirándome entristecido y con ternura.
- Vale, tranquilo, ya está… – contesto agachando la cabeza y empujándole del pecho para separarme.
- No sé qué me pasa, Alis… – levanto la cabeza y le miro extrañada, dejando de hacer fuerza – No sé porqué me gusta tenerte cerca… – me aprieta hacia él por la cintura – ¿Qué ha cambiado entre nosotros desde que estás aquí? – abro los ojos como platos y me sonrojo.
- ¿Qué dices?... – susurro. Me suelta de la mano y me acaricia la mejilla, mirándome los labios, dejando su mano en mi cuello.
- No lo sé… – me mira fijamente a los ojos, el corazón empieza a latirme más deprisa de lo normal y vuelvo a presionar su pecho para separarme – No quiero que te vayas… – dice haciendo fuerza para que no me separe, apretándome la cintura.
- Me… Me haces daño… – susurro.
- ¿Físicamente? – dice soltándome un poco, preocupado.
- De todo… – agacho la cabeza e intento dar un paso hacia atrás, él vuelve a apretarme.
- ¿No lo entiendes? – dice levantándome la cabeza por la barbilla – Tú viniste para estar conmigo… Es el destino…
- No entiendo nada de lo que está pasando – intento empujarlo con las dos manos que tengo apoyadas en su pecho y consigo que dé un paso hacia atrás. Extrañado consigo mismo, me suelta, separando las manos ampliamente y dando dos pasos hacia atrás. Nos quedamos mirando en silencio, no aguanto más la situación, me giro y vuelvo a dirigirme hacia fuera para buscar un taxi.
- Espera… – susurra sin moverse, me quedo quieta en el sitio, sin mirarle. – Déjame llevarte, no me quedaría tranquilo si te vas en taxi… – me giro y le miro extrañada. Me pierdo en su mirada, agacho la cabeza y afirmo, dirigiéndome hacia su moto, que está en frente del portal. Àngel viene detrás de mí, en silencio, se dirige hacia la moto, la abre, me da el casco verde, se pone el suyo y se monta.



Viajamos en silencio, la tensión se nota en cómo estoy cogida a él, que ni tan si quiera le abrazo, y en la velocidad a la que corre Àngel, con precaución para que no me caiga al no agarrarme fuerte. Al llegar al hotel, me bajo de la moto rápido, me quito el casco y se lo doy con una pequeña sonrisa de agradecimiento. Él se queda sentado, mirándome en silencio, esperando a que me vaya. Carraspeando, me doy la vuelta y me dirijo hacia el hotel, lentamente, notando la mirada de Àngel en mi espalda. Las piernas me tiemblan y las ganas de llorar aumentan a cada paso que doy. De repente oigo unos pasos detrás de mí que cada vez son más rápidos, asustada me doy la vuelta y, sorprendida y aliviada, veo a Àngel corriendo hacia mí. Doy un paso hacia delante, esperando a que frene para quedarse frente a mí, pero no lo hace: se lanza encima de mí, me coja por las mejillas, me lleva hacia él y me besa, nuevamente, presionando fuertemente sus labios contra los míos. 

dilluns, 27 de maig del 2013

45. ¿Porqué me haces esto?

Àngel empieza a reír y vuelve a girarse, pasándome la bayeta que he dejado abandonada durante este interrogatorio.

- Ayúdame, va, que sinó no acabaremos nunca. – me quedo parada mirándole, con la bayeta en la mano, apretándola fuerte. No puedo creerlo…
- Sí… – contesto cogiéndola y volviendo a limpiar. De reojo voy mirando a Àngel, sonrojada y nerviosa. ¿De verdad va a besarme? Las piernas empiezan a temblarme y me apoyo en la encimera para tranquilizarme. Él se da cuenta y suelta una risita.
- Siempre queda la opción que llame a Enric y hables con él… – me giro rápido y le miro.
- Co...  ¿Cómo? – pregunto extrañada, él se gira y me mira con una sonrisa traviesa.
- Le llamo, te pones y le dices que no aceptas el trato, así yo no rompo la apuesta y tú te vas tranquila a casa.
- Sí – contesto sin pensar, de repente. Él  se sorprende y parpadea sin creérselo.
- ¿De verdad? – dice acercándose a mí – ¿Quieres que le llame? – susurra cerca de mí, cogiéndome suavemente por la cintura. Yo levanto la cabeza y me pierdo en su mirada, noto como el corazón cada vez late más fuerte y empiezo a respirar más deprisa. Él no se aparta, es más, da un pequeño paso más hacia mí, con una gran sonrisa traviesa y vuelve a preguntarme – ¿Le llamo? – yo niego con la cabeza lentamente y apoyo mi mano en su pecho para separarle un poco – ¿No? ¿Segura? – dice todavía con esa gran sonrisa. Yo me quedo quieta, quiero afirmar, pero a la vez negarlo… No sé lo que quiero. Agacho la cabeza y trago saliva, intentando serenarme. Él poco a poco va subiendo la mano que tiene en mi cintura y la posa en mi barbilla, levantándola, para hacer que le mire. Al notar su mano en mi cara, presiono más su pecho para que se separe, pero él hace fuerza, deja la bayeta que tenía en la otra mano y me coge de la cintura para evitar que me separe, sonriendo de oreja a oreja, disfrutando de mi tembleque. Poco a poco va acercando su cara a la mía, puedo notar su respiración en mi rostro y eso hace que se me erice todo el cuerpo. Vuelvo a agachar un poco la cabeza y él la levanta con una risita, tocando con su nariz la mía.
- ¿Àngel? – Àngel me suelta la cara y da un pequeño paso hacia atrás, asustado, igual que yo. Nos giramos y vemos a Manu entrando en la cocina – Ah, estáis aquí… – dice con una sonrisa. Cuando nos ve juntos se sorprende y mira a Àngel arqueando las cejas, él suelta una pequeña risa y niega con la cabeza. Yo les miro a los dos y doy otro paso hacia atrás, intentando recuperarme de lo que he vivido, volviendo a respirar tranquila. – Em… Es que te estábamos buscando… – dice casi disculpándose.
- Vale, vale… – susurra Àngel entre risas – ¿Qué pasa?
- Nada, nada… Te hemos arreglado el comedor y tal y ya nos vamos.
- Ah, gracias, Manu. – contesta con una gran sonrisa.
- En fin, hasta mañana. – se acerca a mí y me da dos besos. Entonces abraza a Àngel, dándole dos golpecitos en la espalda y se separa. – Portaros bien. – me guiña un ojo y se dirige hacia la puerta. Yo le sigo para despedirme de los demás y así conseguir separarme de Àngel, pero él me sigue para hacer lo mismo. Después de dar dos besos y las buenas noches a los chicos, Àngel cierra la puerta y vuelve a mirarme pícaro, apoyándose en ella.

- Déjame… – susurro con una sonrisa tímida, me giro y intento irme hacia la cocina corriendo, pero me para cogiéndome de la mano y girándome, haciendo que de dos pasos hacia él. Vuelvo a apoyar mis manos en su pecho y me separo un poco de él. – ¿Porqué me haces esto? ¿No ves cómo estoy? – susurro aguantándole la mirada, intentando darle pena. Él suelta una pequeña risa y levanta la cabeza, mirando hacia el techo. Abriendo los ojos como platos, sin poder creerlo, levanto yo también la mirada, intentando encontrar el vacio encima de mí… Pero no. Encima de nuestras cabezas está colgado el muérdago famoso de la apuesta. – No – digo contundente al bajar la mirada y verle sonriendo. Él suelta una pequeña risa y mueve los hombros.
- Una apuesta es una apuesta…
- Me da igual, yo no he apostado nada. – vuelvo a presionar su pecho para separarme y él me coge por la cintura.
- ¿Pero qué te pasa? Es solo un beso. – dice quitándole importancia.
- Para ti será solo un beso, yo no podré sacarme este momento de la cabeza y me volveré loca… – susurro agachando la cabeza. Vuelve a levantarme la cabeza con la mano, apoyándola después en mi cuello y me mira preocupado.
- ¿Tanto te importa? – susurra.
- No quiero sufrir por ti… Todo esto está siendo demasiado para mí… No tendría que haber venido. – intento dar un paso hacia atrás, pero me aprieta con fuerza hacia él y me abraza dulcemente, colando su mano por mi cuello y cogiéndome por la espalda.
- Perdóname, Aliss… – levanto un poco la cabeza para apoyarla en su hombro para poder respirar, oliendo su perfecto perfume.
- ¿Perdonarte porqué? – susurro en su oído. Él se separa pocos centímetros de mí, vuelve a cogerme de la mejilla y, rápidamente, sin que pueda defenderme, me besa. Presiona con fuerza sus labios contra los míos y yo abro los ojos como platos, presionando su pecho para separarle, pero no puedo, me rindo. Cierro los ojos y entreabro la boca al notar que poco a poco va dejando de hacer fuerza. Él, suavemente, me besa el labio inferior y se separa de mí, dejándome ir, dando un paso hacia atrás. Yo le miro enfurecida y cae una lágrima por mi rostro de felicidad y rabia. – Te odio.  

diumenge, 26 de maig del 2013

44. Me niego.

Cerrando la puerta con el pié y indicándome que pase, se adentra hacia el comedor, saludando a los chicos. Yo voy detrás de él, con los brazos cruzados por la vergüenza y sonriendo tímidamente. Al llegar al comedor, noto como todo el mundo se me queda mirando, cuestionando qué hago allí, a lo que agacho la cabeza todavía más sonrojada. Àngel se separa de nosotros y entra en una habitación que hay al final del pasillo.

- ¡Alice! – suelta Manu, viniéndome a dar dos besos – ¡Menuda sorpresa! ¿Qué tal todo? – lo miro sonriéndole, tímidamente.   
- Bien, bien… – contesto medio susurrando y levantando la cabeza.
- ¿Alice? – Enric se acerca hacia mí y me mira de arriba a abajo – ¿Eres la chica que colé al ensayo?
- Sí – salta Àngel en tono seco, apareciendo detrás de él y poniéndose a mi lado.
- ¿Qué haces aquí? – dice con una gran sonrisa, ignorando a Àngel y dándome dos besos, cogiéndome del cuello.
- Pues… – intento contestar.
- La he invitado – me corta Llàcer, pasando su brazo por mi espalda y cogiéndome del hombro. Giro un poco la cabeza y le miro intrigada y sonrojada, ¿de verdad está celoso? Enric le mira con la misma expresión que yo, aunque un tanto más divertido.
- ¿Ah sí? ¡Qué bien! Y pensar que ese día casi la matas… Le cogiste una manía… – vuelvo a mirar a Àngel, esta vez preocupada y dolida.
- Sí, bueno, pero la gente cambia… – dice intentando sacar hierro del asunto.
- Ya, ya, pero tú… – continua Enric para picarle.
- ¡Pero yo nada! – le corta Àngel soltando una carcajada a la que él se une. Sin entender bien qué les pasa, sonrío, intentando aparentar tranquilidad. – Bueno, vamos a empezar a hacer la comida, que veo que aparte de enredar la casa no habéis hecho nada… – se separa de mi y va hacia la cocina mientras yo me quedo allí con Enric, mirando al suelo.
- Escucha, escucha – susurra Enric acercándose a mí, yo le miro extrañada, y antes que pueda preguntarle escucho a Àngel gritar des de la cocina. Todos los que están en el comedor empiezan a reír y aplaudir divertidos y se acercan a la cocina para contemplar la escena. Cuando llegamos allí, Àngel está tapándose la boca con las manos para evitar gritar más y toda la cocina está hecha una porquería, llena de comida, sucia y platos puestos por cualquier sitio.
- ¿¡Pero qué habéis hecho!? – grita al vernos llegar a todos, yo contemplo la escena con los ojos bien abiertos, alucinando en general. Todos, mientras, siguen riendo y gritando, señalando la cocina y la cara de Àngel.
- ¡Pero abre el horno! – grita Marc desde atrás. Àngel suelta un pequeño grito, temiendo lo peor, y se dirige hacia el horno, abriéndolo rápidamente.
- ¡Va! – vuelve a gritar – ¡Sois unos cabrones! – suelta una gran carcajada y saca del horno dos bandejas de comida que hacen muy buena pinta. – Venga pues, ¡todo el mundo a la mesa!

Nos sentamos todos a la mesa, esperando impacientes para poder comer. Cuando me doy cuenta veo que tengo a Àngel a la derecha y a la izquierda a Enric, agacho la cabeza y suelto una pequeña carcajada tapándome la boca, para que no se den cuenta. Carraspeando, vuelvo a levantar la cabeza y sonrío, dándole mi plato a Àngel para que me sirva, ya que se ha prestado para hacerlo.

La cena transcurre rápido, cuando me doy cuenta ya vamos por las postres. Durante todo este rato no hemos parado de hablar, reír, gritar… Era como si nos conociéramos todos desde hace años, me han aceptado muy bien y he sido una más. Estoy llena de felicidad y no quiero  que acabe nunca esta noche, pero no puede ser así. Poco a poco la gente va yéndose y yo me quedo sentada en el sofá, melancólica, triste, no me quiero ir.

- Bueno que, Alisssss  – levanto la cabeza y veo a Llàcer de pie enfrente de mí  – tengo que acompañarte al hotel, ¿no? – afirmo con la cabeza, sonrojada  – bueno pues acabo de arreglar esto y vamos.

Se gira y vuelve a dirigirse a la cocina, que bastante faena tiene… Recordando cómo la han dejado, me dispongo a ir a ayudarlo, ya que los pocos que quedan están en el balcón pasando de todo. Cuando entro en la cocina, me pongo a su lado y empiezo a ayudarlo, limpiando la encimera y ordenando los platos. Él me sonríe como respuesta y sigue a lo suyo, limpiando la comida que hay tirada por aquí.

- Oh, míralos, como limpian. – nos giramos a la vez  y vemos a Enric con Diana en la puerta. Àngel le señala con el dedo, amenazante, y suelta una carcajada. – Nos vamos para casa…  – dice Enric guiñándole un ojo a Àngel.
- ¿Juntos? – dice Àngel con voz seductora, imitándole. Diana se sonroja y agacha la cabeza, sonriendo. – No has podido resistirte al final, ¿eh? – suelta una pequeña risita tímida y afirma con la cabeza. La pareja se despide de nosotros y se dispone a irse  – ¡Eh! – les grita Àngel antes que salgan por la puerta  – ¿Qué pasa con lo del muérdago? – Enric rompe a reír, coge de la mano a Diana y la lleva debajo del muérdago que tiene Àngel colgado de la puerta.
- ¡Esto se hace por fin de año! – grita Diana sonrojada.
- Nada, nada  – le corta Àngel  – él y yo teníamos una apuesta. Enric afirma con la cabeza, coge por las mejillas a Diana y la besa dulcemente.
- ¿Contento? – dice Enric mirándole.
- No, tenía que haber sido con Manu, pero bueno  – Enric vuelve a reír y Diana y yo nos miramos sin entender nada, y nos sonreímos mutuamente. Se despiden otra vez con la mano y abren la puerta, saliendo de ella. Antes de cerrar, Enric vuelve a entrar.
- ¡Àngel! Yo he cumplido, ahora te toca a ti. – le guiña el ojo  – ¡No hagas trampas! – y cierra la puerta. Me giro y miro extrañada a Àngel.
- ¿Tienes que besar a Manu? – le digo cuando vuelve a entrar en la cocina.
- ¿Qué? – ríe  – No, no… A otra persona. – arqueo las cejas, cuestionándole intrigada  – Hasta que no se vaya no tengo que hacerlo, así que tranquila, ya lo verás. – y vuelve a dirigirse a limpiar la cocina.
- ¿Y qué clase de apuesta es esa? – digo poniéndome a su lado – Yo creía que lo del muérdago se hace por fin de año, cuando la pareja entra en casa…
- Bueno, nosotros no lo hacemos así – ríe – la verdad es que nunca lo hemos hecho… Pero Enric me ha picado – dice mirándome fijamente – y yo cumplo con lo que digo. – no puedo evitar dar un paso hacia atrás al ver a Àngel tan cerca de mí y mirándome así, y él suelta una risita.
- Bue… Bueno… – carraspeo – todavía no me has contado lo de la apuesta…
- Creía que Diana se resistiría a Enric – contesta sin mirarme, limpiando la comida que hay en la pared – y le he dicho que si conseguía, por fin, que ella le dijese que sí… Tenían que besarse delante de mí. – continúo sin entenderlo – La única escusa que hemos encontrado era que se besaran debajo del muérdago, que “da buena suerte” – dice girándose y haciendo el gesto con los dedos.
- Aaaaah… ¿Y qué tienes que ver tu con esto? – se queda mirándome con una sonrisa – ¿A caso has ligado? – cada vez estoy más intrigada y no entiendo su silencio.
- No, no he ligado, pero nos lo hemos jugado, así que tengo que cumplir. – dice girándose y cogiendo otra vez la bayeta.
- Ah, ¡vale! – grito al entenderlo – Es decir, si él conseguía llevarse Diana a casa, tú tenías que besar a quien él te dijera, ¿es eso? – le pregunto intrigada.
- Sí, es eso, muy bien, Alisss – contesta divertido, centrado en su pared.
- ¿Y quién es el afortunado? – susurro entre risas. Àngel se gira y me mira extrañado y divertido, parece que vaya a decirme algo, pero rompe a reír y ladeando la cabeza vuelve a limpiar la pared. – ¿Qué? ¿Por qué te ríes de mí?
- Porque eres muy inocente…
- ¿Inocente? – Àngel se gira, se planta frente a mí, con una gran sonrisa, y me mira fijamente.
- ¿De verdad no intuyes a quien me ha pedido que bese? – susurra divertido. Entonces me suben los colores a la cara y doy un paso hacia atrás.

- No… – no es que no lo intuya, es que me niego, vamos, no puede hacerme esto. 

dissabte, 27 d’abril del 2013

43. Eres mi favorito


Me quedo de pie delante de él, sonrojada, moviendo las caderas para hacer que el vestidito se ondulara. Àngel empieza a reír y ladea la cabeza. Le miro mal.

-¿De qué te ríes, eh?
-De ti… – se queda mirándome con una sonrisa, yo estoy igual, pero vuelvo a mirarle mal.
-¿Y por qué? – contesto poniéndome chula – ¿A caso no me queda bien?
-Sí, sí, muy bien, pero te dije que no era una cena de gala…
-Ya pero… – suelta una carcajada, yo le miro extrañada – ¿Nadie irá arreglado, de verdad? – vuelve a reír, negando con la cabeza. – ¿¡En serio!? – sigue riendo como modo de respuesta. Me quedo con la boca abierta. – ¿Y ahora qué hago? – suelta una carcajada más fuerte, a lo que le miro mal – ¿¡Puedes hacer el favor de no reírte de mí!? – vuelve a negar con la cabeza, cogiendo aire, a lo que yo le doy un golpe al brazo enfadada.
-No pasa nada, Alisss – dice cuando consigue parar de reír – Nadie va a decirte nada, estas preciosa – me sonrojo otra vez, sonriendo como una lela, perdiéndome en sus ojos. Vuelve a reír escandalosamente, de repente, y vuelvo a mirarle extrañada y enfadada.
-¿¡Pero de qué te ríes!? – grito enfurecida, no me gusta que se ría así.
-Ven… – suelta entre risas.

Entonces, me coge de la mano y sale fuera del hotel, arrastrándome. Yo le sigo tropezándome, no estoy acostumbrada a ir con zapatitos y va demasiado deprisa, y por mucho que le diga que pare, no lo hace, es más, acelera el ritmo. Cuando paramos, vuelve a reírse como loco, mirándome. Sin entender nada, me doy cuenta que delante nuestro hay una moto. Vuelvo a mirarle, abriendo los ojos como platos, él, al darse cuenta de mi expresión, vuelve a reír, sacando un casco de moto verde de la rueda de esta.

-¡No, no y no! ¡Me niego! – Àngel no puede parar de  reír, se apoya a la moto, intentando coger aire. Yo estoy totalmente roja, muriéndome de vergüenza por sus risas y por mis pintas. Si llego a saber que tenía que subirme a una moto con él, me hubiese puesto mis tejanos y mi sudadera.
-Ai… Ai… Dios mio… – susurra Àngel recuperando el aire.
-Te encanta, ¿eh? – contesto intentando mostrarme enfadada, pero no puedo evitar reír al volver escuchar su gran carcajada. – Podrías haberme avisado, por lo menos. – digo cortando su risa.
-Mereció la pena no decírtelo… ¡Menudo momentazo!
-Momentazo para ti, ¡no te jode! – rompemos a reír los dos a la vez y me pasa el casco, divertido.

Me lo pongo intentando no despeinarme mucho, él también se pone el suyo, negro, y me da un cabezazo cuando los dos estamos listos. Entonces, sube a la moto, le quita el caballete de un golpe de pie y se gira para mirarme, moviendo la cabeza indicando que suba. Lo miro un poco extrañada, pero a la vez divertida y nerviosa, no sé como subir. Entonces escucho como vuelve a reír dentro del casco y le doy un golpe en el brazo. Me acerco a él, y cogiéndome en sus hombros, subo como puedo a la moto, abriéndome de piernas y colocándome bien la falda. Cuando estoy sentada, enciende el motor y se coloca en la carretera. Antes de arrancar, se gira, me mira y susurra “Agárrate”. Antes de que me dé cuenta, Àngel empieza a correr por la calle, haciendo que, de la velocidad, me eche un poco hacia atrás. Por el miedo, me cojo rápido a su cintura, apretándome a él, rodeándole la barriga con miedo. Cuando me doy cuenta, estoy toda abrazada a su cuerpo, notando la velocidad, el motor de la moto y mi corazón latir más deprisa que nunca. Entonces, sonrío como una boba y me abrazo bien, intentando no hacerle daño, apoyando la cabeza en su espalda.

Cuando apaga el motor, Àngel carraspea, para que le suelte, y rápidamente me dejo ir y me echo para atrás, para bajar primera de la moto. Cuando lo hago, me quito el casco y me lo aguanto en la cintura, observando cómo baja él.

-Que, ¿Te ha gustado? – dice divertido cuando se quita el casco.
-Pues… Sí, ha estado bien… – intento decir lo más seria posible.
Todavía riéndose de mí, vuelve a cogerme de la mano y me dirige hacia su portal.
-Pórtate bien, ¿eh? – dice abriendo la puerta. Yo, sonrojada, afirmo con la cabeza. – Tranquila, – dice al verme nerviosa – no hay nadie que no conozcas… Creo.

Al entrar en su casa, veo, al final del pasillo, a Manu y los chicos de Geronimo. Al ver a Enric, sonrío de oreja a oreja, Àngel se da cuenta y me mira de reojo. Me doy cuenta, le miro divertida y le susurro “No te pongas celoso, sabes que eres mi favorito”. 

dijous, 18 d’abril del 2013

42. Empiezo a acostumbrarme

Cuando me doy cuenta, Àngel está dormido, con las piernas estiradas, los brazos cruzados encima de la barriga y la cabeza echada hacia atrás, apoyada en el respaldo del banco. Me lo quedo mirando con una gran sonrisa, saco el móvil disimuladamente y le hago una foto, en plan ninja. Suelto una risita al verla, ha quedado perfecto, y lo guardo otra vez silenciosamente. Aún así veo como entreabre un ojo y me mira, supongo que me ha escuchado reír. Al verme mirándole, parpadea, sonriendo, y vuelve a cerrar los ojos.

- No he dormido muy bien…
- Vaya, ¿y eso? – contesto acercándome a él.
- Acabamos tarde de cenar… – dice bostezando.
- Y eres demasiado mayor ya para tanta fiesta, ¿no? – al oír eso abre los ojos de golpe, mirándome “dolido” y enfadado, con la boca abierta.
- Hoy estás muy suelta, ¿no? – contesta picado. No puedo evitarlo y empiezo a reír, por fin soy capaz de devolverle lo que me hizo al conocernos.
- Parece que ya empiezo a acostumbrarme a estar contigo…

Me mira divertido, carraspea y se acerca hacia mí, cortando la distancia, picándome. Sabiendo lo que tiene en mente, echo hacia atrás antes de que vuelva a enfadarme, mirándole mal, avisándole. Él suelta una pequeña carcajada y se sienta bien en el banco, a lo que empieza a sonarle el móvil, se lo saca del bolsillo, contesta y se levanta para hablar. Mientras veo como se aleja un poco y empieza a andar en círculos, saco mi móvil y le mando la foto que acabo de hacerle a Blair, para que vea que todo está saliendo más perfecto de lo que pensaba. Vuelvo a guardarme el móvil al escuchar que vuelve y le sonrío, intrigada.

- Me tengo que ir… – dice un poco decepcionado.
- ¿Ya? – me alarmo. Pensaba que me invitaría a comer, si no, ¿para qué ha venido?
- Sí, me ha salido un imprevisto… – me levanto, poniéndome delante suyo, mirándole tristemente. Arquea los hombros, como modo de disculpa, me coge por las mejillas y me besa la frente. Noto como en ese momento el corazón empieza a latir a una velocidad no muy normal y que las piernas me flaquean. Él también se da cuenta y suelta una pequeña carcajada. – A las ocho te paso a buscar, estate preparada.

Intentando aparentar tranquilidad, le sonrío y afirmo con la cabeza. Él se separa de mí, pero antes de que se vaya doy un paso firme hacia delante y rodeo su cuello con mis brazos, abrazándome a él. Como modo de respuesta me aprieta fuerte por la espalda y la cintura, soltando una risita, y al soltarme me besa en la mejilla.


Después de comer en este aburrido hotel, voy a la habitación, rebuscando en la maleta y lo poco que he puesto en el armario algo que sea un poco formal para poder ir a cenar… Pero no hay nada. Solo me he traído sudaderas, camisetas anchas y pantalones tejanos. Me quedo sentada en la cama, sin saber qué hacer, y entonces recuerdo que mi madre me dio dinero por si quería comprarme algo… Creo que esta va a ser la ocasión. 

Salgo a la calle recorriendo el poco camino que he logrado memorizarme, entrando en todas las tiendas de ropa que encuentro bien, aunque en ninguna encuentro nada que me llame la atención, nunca me han gustado los vestidos cortos, ni los largos, y no encuentro ninguna camisa o pantalón que pueda quedarme bien… Hasta que encuentro una pequeña tienda llena de vestidos de diferentes colores que me llama la atención. Colgado en una estantería, apartado de los demás, hay un vestido azul eléctrico, mi color favorito, que parece que esté gritando que lo compre. Voy hacia éste, me lo llevo al probador y, después de ver la cara que pone el chico de la tienda, decido comprármelo. Es perfecto: no es ni corto, ni largo, me llega justo por las rodillas. Se sostiene por dos pequeños tirantes del mismo color que todo el vestido, y en la cintura resalta una cinta con un lazo de color negro. Para combinar, me compro unos zapatitos con un poco de tacón, no sé andar mucho con ellos, así que no abuso.

A las 8 menos 5, ya vestida, arreglada y un poco pintada, bajo a recepción a esperar que llegue Àngel. Para mi sorpresa ya está allí, apoyado en la puerta, esperando a que salga. Para mi sorpresa no va vestido muy arreglado: lleva tejanos, bambas, una camisa y una chaqueta. Me dirijo hacia él, pero no me mira, está mirando hacia la otra parte del hotel. Hago un pequeño silbido para que se gire y lo consigo. Al girarse, veo como empieza a buscarme entre la poca gente que está saliendo y entrando del hotel. Me planto frente a él, un poco sorprendida y intrigada de que no me haya visto y busco su mirada. Cuando por fin me mira, los ojos se le abren como platos y se queda tieso, mirándome de arriba a abajo. Me sonrojo y le sonrío tímida, saludándole con la mano. Él vuelve a mirarme a los ojos y susurra “Uau”.