Me levanto de un salto de la cama, voy corriendo hacia el armario y saco la
ropa que tenía preparada: una camiseta de Franklin&Marshall,
unos pantalones cortos y unas Munich,
para que cuando me vea se dé cuenta de que soy una fan de verdad.
Almuerzo deprisa, atragantándome. No quiero llegar tarde, quiero estar allí
la primera, esperar las horas que hagan falta. Todo por verle, verle enfrente
de mí, sonriendo como solo él sabe y que
me diga “Hola. ¿Llevas esperándome mucho rato?” y contestarle “Toda la vida.”
Acabo de soñar despierta y salgo corriendo a la calle. Mientras voy de
camino al teatro, pienso en como reaccionaré al verle: ¿Lloraré? ¿Me quedaré
sin hablar? ¿Podré respirar? Mientras me monto otra de muchas películas en mi
mente, llego a la puerta trasera. Todavía no hay nada: ni coches, ni
furgonetas, ni la puerta abierta… No ha llegado nadie. Me siento a esperar en
la escalera de la puerta, poniéndome los cascos y escuchando la canción que más
me recuerda a él: Just the way you are.
Pasan las horas y no aparece nadie: ni técnicos, ni actores… El corazón me
da un vuelco ¿Y si han entrado por la puerta de delante? Me levanto y empiezo a
correr, dando la vuelta a la calle para llegar a la puerta principal. Nada, no
hay nadie. Miro el reloj: son casi las 2 del mediodía… No puede ser, si la obra
es a las 6. Tendrían que estar ya aquí, montando el escenario, probando las
luces, el espacio, los micros… Vuelvo a la puerta trasera y veo un coche aparcado.
Mierda. Me echo encima de la puerta e intento ver si hay alguien dentro, pero me
veo yo reflejada. Resoplo y vuelvo a sentarme.
Y entonces, giro la cabeza hacia la carretera y veo entrar otro coche. Me levanto
con las piernas temblorosas, miro al cielo y rezo a mi estrella por que sea él.
Oigo como frena, para el motor y se abre
la puerta del copiloto. Está lejos, pero reconozco ese pelo, ese cuerpo, esa
carita: es Manu Guix. No hay duda, el conductor tiene que ser él. Y así es: se
abre la puerta y aparece él, Àngel Llàcer, con su pelo despeinado, unas gafas
de sol, y riendo vete a saber por qué. Intento dar un paso hacia delante, pero
no puedo, así que me apoyo en la pared, al lado de la puerta, esperando a que
se acerquen para pedirles una foto e intentar hablar con ellos un rato.
Empiezan a acercarse, hablando entre ellos, me miran des de lo lejos y
hacen ver como si no estuviera allí. Cuando por fin están a mi lado, tartamudeo
“Hola, Àngel…” pero no me hace caso. Lo intento de nuevo: “Àngel, por favor, ¿nos
podemos hacer una foto?” se gira, me mira con cara seria y me contesta “Lo siento,
tengo prisa” y entonces abre la puerta y entra dentro. Me quedo alucinada, los
ojos se me salen de la cara y no puedo cerrar la boca. Pero…
¿Pero se puede saber qué ha pasado? Esto no ha salido como yo había soñado….
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