Antes de que pueda responderle, Enric sonríe, me coge de la mano, abre la
puerta y entra conmigo a rastras. Empiezo a estirarle del brazo, suplicándole
que no lo haga, que nos reñirían y que no quería que pasara nada. Pero no me
hace caso y sigue entrando, hasta que llegamos al escenario. Allí están todos:
todos los actores y actrices que dan vida al mejor musical infantil de la
historia. Me quedo pálida, no sé qué hago allí en medio de todos ellos.
-¿Pero qué hace aquí? Enric, ¿por qué la entras?
Reconozco su voz. Por muy sosa, borde o chillona que esté, es la voz más
dulce que nunca he escuchado. Me giro hacia platea, de donde venía la voz, pero
no le veo. Aprieto un poco los ojos para buscar entre la oscuridad y veo como
algo se dirige hacia nosotros. Sube de un salto al escenario y allí le tengo,
enfrente de nosotros. Doy un paso hacia atrás y me pongo al lado de Enric, un
poco asustada.
-Vamos, déjala. No va a hacer nada.
-Si quiere ver la obra, que se compre una entrada.
-Ya la tengo – contesto enfadada. Àngel me mira de reojo, mal, como de
costumbre, y vuelve a mirar a Enric.
-Por lo menos podrías haber pedido permiso.
-Ei, Àngel, ¿puede quedarse mi amiga… – me mira un poco de reojo, buscando
respuesta a lo que estaba diciendo. Le susurro mi nombre en el oído y prosigue.
– Alice… A ver el ensayo? Se va a portar bien. – Àngel me vuelve a mirar de
reojo, yo aparto la mirada y miro al suelo. No soporto verle así, con este
aspecto de superioridad.
-Muy bien, Alicia, puedes quedarte, pero no hagas ruido.
-Me llamo Alice, no Alicia. – digo levantando la mirada rápidamente, con
gesto de rabia. Si hay una cosa que odio des de pequeña es que traduzcan mi
nombre, y me da igual quien sea que lo haga. Àngel se queda sorprendido con esa
respuesta, y después de echarme una mirada fulminante a mí y a Enric, contesta.
-Muy bien, Alissss. – dice en tono burleta, girándose y volviendo a su
sitio. Eso me cabrea y intento contestarle pero Enric me para cogiéndome del
brazo.
-Shht. Siéntate en la primera fila y no digas nada.
Asiento con la cabeza y bajo por las escaleras, dirigiéndome hacia la silla
que queda al lado del pasillo central. Mientras voy hacia allí, busco a Llàcer
con la mirada y me doy cuenta de que él también esta mirándome, y no
precisamente bien. En cuanto me siento, siento como carraspea y grita
“¡Acción!”.
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