Me quedo inmóvil, no puede ser… Àngel nos ha saludado tan tranquilo, como
si nada, sin sus borderíos. Es más, está aquí, fumando, riendo con Manu, como
si no les molestara nuestra presencia.
-Y bien, ¿qué hacéis por aquí?
Vuelvo al mundo real. Parpadeo. No, no estoy soñando, es él, y me está
hablando a mí.
-Pues nada, hemos visto que estabais aquí promocionando el musical y hemos
venido a veros. – le contesta Blair, con toda su naturalidad. ¿Cómo puede no
estar nerviosa?
-Ah, que bien. – Suelta Llàcer con una risita al ver que no he contestado yo. Vale. Supongo que me ha reconocido.
Estoy paralizada observando la escena. Todavía no me lo creo. Àngel vuelve
a hablar con Manu, pero no nos echa. No le molestamos. Blair me da un codazo
para que haga algo. Es verdad. Tengo que reaccionar. No puedo hacer que el
miedo actúe por mí, no puedo quedarme paralizada cada vez que le vea. Tengo que
hablarle, tengo que hacerle ver que no soy una sosa, que yo de verdad estoy
interesada en hablar con él.
-Àn… Àngel… – Àngel se gira y me mira divertido. ¿Le hace gracia que
tartamudee? Mierda, Alice, por favor, ¡habla
claro y rotundo! ¡Vamos, hazlo por él! – Ehem. ¿Dónde iréis a comer? – Blair
sonríe al ver que consigo hablarle. Él se sorprende con esta pregunta. Ríe.
-Bueno, ¿no lo ves? Estamos en la puerta de un restaurante.
-Sí, lo veo… Pero hay más restaurantes en este pueblo. – La voz se me va
apagando con cada palabra. Es verdad, la pregunta era un poco tonta.
-¿Ah sí? – Sonríe – ¿Y hay alguno que sea mejor que este?
-Co… ¿Como mejor que este?
-Bueno, hay uno en la plaza de aquí al lado que está mejor de precio y
hacen unas tapas muy buenas. – contesta Blair, ayudándome.
-¿Sí? Qué, Manu, ¿vamos allí? – dice Àngel divertido.
-¿eh? Ah bueno, no sé, como quieras. Están los chicos por aquí así que…
-Sí, sí, va. Vamos allí, que si ellas dicen que se come mejor será por
algo. – Me sonrojo – Y si luego vemos que no nos gusta, no les hacemos caso
nunca más. – Manu ríe y él se contagia de su risa.
-No, no – respondo rápido – vais a comer bien allí, os lo prometo.
-Más te vale. – contesta Llàcer. Me quedo sonriendo como una lela. – Bueno
pues, ahora cuando salgan los chicos se lo decimos y vamos para allí – dice
mirando a Manu – Os esperáis con nosotros, ¿no? – vuelve a mirarnos.
-Co… ¿Cómo? – contesto instantaniamente.
-Venís a comer con nosotros, ¿no? – de repente, su sonrisa normal
desaparece, y en su rostro aparece una sonrisa divertida, de pillín. Sus ojos están
centrados en los míos, buscando mi respuesta. Sabe que esto puede conmigo y
espera ver como muero. Y, claramente, lo consigue.
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