Llego a casa radiando felicidad. Mis familiares me felicitan, me abrazan,
me besan… Están igual de contentos que yo. Supongo que, durante todos estos
años, he sido una pesada que no ha parado de hablar de él y creen que ahora
pararé de hacerlo… Pero no, no va a ser así. Ahora le quiero más que nunca.
Ahora deseo volver a verle, volver a abrazarle… Y haré todo lo posible para que
así sea.
Después de pasar las fotos al ordenador, llorar al verlas y subirlas a Facebook y Twitter (etiquetándole dándole las gracias por el día de hoy), me voy a dormir.
Por la mañana, vuelvo a hacer como ayer: me levanto corriendo de la cama,
cojo la cámara y vuelvo a mirar las fotos, para comprobar que no es un sueño.
Bajo al comedor, desayuno y sonrío a mi madre. Esta vez no está con un
diario en las manos, esperando a dármelo para hacerme feliz. Cuando acabo de
desayunar, vuelvo a mi habitación y me cambio, hoy he quedado con unas amigas
para pasar el día en la piscina. Antes de hacerlo, pero, me conecto a twitter.
En cuanto lo abro, suelto un chillido agudo, lleno de felicidad. Mi madre
viene corriendo, preocupada, preguntándome que me pasa.
-¡Mira! ¡Mira, mamá! ¡Àngel me ha contestado y me sigue! – Vuelvo a chillar
como una desesperada, saltando a la vez. Mi madre me mira lo más mal que puede,
y mientras se va suelta un “cada día está peor”.
Cuando me sereno, leo lo que me ha puesto:
“Aliciaaaaa! Espero verte
pronto! Besos guapaaaa! JAAAAAA”
Muero de amor al leer eso. Y más al comprobar que me sigue. Ahora, pero, no
podré poner según qué cosas, ya que puede que me esté leyendo… Bueno, así nos
tendremos más informados, espero… Algún día iré a verle a Barcelona y cuando me
vea, sonreirá, lo sé…
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