Aquí estoy. Sentada en una mesa rodeada de “desconocidos” que ríen entre
ellos contándose anécdotas y sin poder moverme de los nervios porque delante
tengo a la persona que más quiero. Y ella, mientras tanto, está hablando con
sus amigos o picándome a mí, para que le conteste mal, para hacerme hablar. No
sé si alegrarme por eso o enfadarme porque no me deja ni un segundo… Sí,
definitivamente en estos momentos soy la persona más feliz del mundo.
- ¿Te puedo preguntar una cosa, Alicia?
- ¡Que no me llamo Alicia! ¿¡Tanto te cuesta pronunciar “Alice”!? – Àngel
empieza a reír fuertemente, así, con esa risa perfecta que me gusta tanto. Eso
hace que se me pase de seguida el “enfado” y vuelva a sonreír tontamente.
- ¿Y es que no sabes tú que “Alice” es una manera pija de llamarte Alicia? –
ni le discuto, sonrío al ver su enorme sonrisa. – De verdad, no sé que tienen
hoy en día los padres, cada día poniendo nombres más raros a sus hijos…
- Oye, que Alice no es tan raro…
- No, Alice quizás no… ¿Pero qué me dices de tu amiga? – señala a Blair y
ella se sobresalta. Durante el rato que llevábamos todavía no le había dirigido
la palabra, la pobre solo nos escuchaba y reía con nosotros. – ¿Cómo se
llamaba? ¿Blara? ¿Claire? – ¿Blara? Nunca había escuchado ese nombre y eso me
produce empezar a reír como una loca. Àngel se contagia de mi risa y toda la
mesa acaba callando para enterarse de lo que había pasado. Al darnos cuenta,
callamos a la vez y me pongo roja. – Oye, ¡cada uno a lo suyo! – Les chilla a
los chicos.
- Me llamo Blair… – dice cuando todos se giran.
- Eso, Blair. En la vida había escuchado ese nombre por aquí… Pero claro,
como cada vez crecemos más con los nombres americanos…
Me quedo mirándolo embobada, todavía no me lo creo. Es todo demasiado
perfecto. Después de tantos años persiguiéndole, sentada en la misma mesa que
él, riéndome de sus tonterías e incluso peleándome con él.
-Y es que claro, si ahora tú te llamas Alice... ¡A saber cómo le pones a tu
hija! Algún nombre oriental, que entonces esté de moda… – sigue con lo mismo,
él a lo suyo… ni tan si quiera le contesto, escucho su monólogo divertida. – Sakura,
Yuki o… ¡Yoshi!
- ¿¡Yoshi!? – Vuelvo a reír sin freno, este hombre es demasiado. Él vuelve
a mezclar su perfecta risa con la mía, e intento parar para poder escucharle.
Me quedo sonriéndole, observándolo.
- Nunca había escuchado una risa más escandalosa que la mía… – dice cuando
consigue parar la suya también.
- ¿Tu risa escandalosa? Es perfecta… – Lo suelto casi sin darme cuenta. Él se queda
mirándome sorprendido, sonriéndo.
- Tu risa también es muy bonita. ¿Y sabes qué? Estás más guapa cuando sonríes.
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