Espera, espera, espera. Me he perdido. ¿Àngel Llàcer me está invitando a ir
a comer con ellos? ¿Enserio? No. No puede ser. Esto es una trampa, aquí hay
gato encerrado.
- Claro, claro que venimos. – Blair corta mis pensamientos. Llàcer dirige
la mirada hacia ella y suelta una risita.
Le suena el móvil, lo coge y se aparta de nosotras para hablar. Manu se
queda allí, en la pared, mirando al suelo. Creo que está igual de cortado que
nosotras. Blair me coge del brazo y me aparta un poco de Manu, para hablar
conmigo.
- Alice, esta es tu oportunidad. ¿Quieres hacer el favor de no quedarte
muerta cuando Llàcer te habla? – Agacho la cabeza, no me gusta que me riñan y
menos por esto, no lo hago queriendo… – Mira, Alice, sé que esto te coge
desprevenida, pero haz como si fuera una persona normal, háblale como si me hablaras
a mi o a cualquier otro, si no lo único que conseguirás es que no te hable más.
- ¡Pero joder que no es tan fácil! Que siento como me mira, como me habla y
no puedo hacer nada. ¡No puedo! Me quedo paralizada observando su perfección y
no puedo creerme que es a mí a quien le dirige la palabra… ¿Y has visto cuando
nos ha preguntado lo de ir a comer con él, como me miraba? ¡Lo ha hecho aposta!
¡Quería ver cómo me quedaba como una tonta mirándolo sin parar!
- Y lo ha conseguido…
- Claro que lo ha... – giro la cabeza, no es Blair la que me ha contestado.
Manu está mirando la escena divertido. Hemos pasado de hablar susurrándonos a
acabar chillando, y claramente, Manu lo ha oído todo.
- Mira, creo que no tendrías que ponerte tan nerviosa. – dice acercándose a
mi – Àngel es una persona normal y corriente, como tú y como yo, y cuanto más
vea que te pones nerviosa al hablarte, más lo hará. Hasta que al final piense
que eres una aburrida y deje de hablarte.
- Pero es que es imposible no ponerme nerviosa… Es que es él, es el hombre
de mis sueños… Llevo mucho tiempo detrás de él, persiguiéndole allí donde iba
para verle, y ahora, de una día por otro, me lo encuentro en mi pueblo y me
ofrece ir a comer con él… Es normal que esté así, ¿no? – digo agachando la cabeza,
con los ojos llorosos.
Àngel vuelve de hablar por teléfono. Manu me guiña un ojo, como para darme
fuerzas. Contengo las lágrimas, cojo aire y le sonrío. Voy a hablar con él.
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