dimecres, 5 de setembre del 2012

13. Es normal que esté así, ¿no?


Espera, espera, espera. Me he perdido. ¿Àngel Llàcer me está invitando a ir a comer con ellos? ¿Enserio? No. No puede ser. Esto es una trampa, aquí hay gato encerrado.

- Claro, claro que venimos. – Blair corta mis pensamientos. Llàcer dirige la mirada hacia ella y suelta una risita.

Le suena el móvil, lo coge y se aparta de nosotras para hablar. Manu se queda allí, en la pared, mirando al suelo. Creo que está igual de cortado que nosotras. Blair me coge del brazo y me aparta un poco de Manu, para hablar conmigo.

- Alice, esta es tu oportunidad. ¿Quieres hacer el favor de no quedarte muerta cuando Llàcer te habla? – Agacho la cabeza, no me gusta que me riñan y menos por esto, no lo hago queriendo… – Mira, Alice, sé que esto te coge desprevenida, pero haz como si fuera una persona normal, háblale como si me hablaras a mi o a cualquier otro, si no lo único que conseguirás es que no te hable más.
- ¡Pero joder que no es tan fácil! Que siento como me mira, como me habla y no puedo hacer nada. ¡No puedo! Me quedo paralizada observando su perfección y no puedo creerme que es a mí a quien le dirige la palabra… ¿Y has visto cuando nos ha preguntado lo de ir a comer con él, como me miraba? ¡Lo ha hecho aposta! ¡Quería ver cómo me quedaba como una tonta mirándolo sin parar!
- Y lo ha conseguido…
- Claro que lo ha... – giro la cabeza, no es Blair la que me ha contestado. Manu está mirando la escena divertido. Hemos pasado de hablar susurrándonos a acabar chillando, y claramente, Manu lo ha oído todo.
- Mira, creo que no tendrías que ponerte tan nerviosa. – dice acercándose a mi – Àngel es una persona normal y corriente, como tú y como yo, y cuanto más vea que te pones nerviosa al hablarte, más lo hará. Hasta que al final piense que eres una aburrida y deje de hablarte.
- Pero es que es imposible no ponerme nerviosa… Es que es él, es el hombre de mis sueños… Llevo mucho tiempo detrás de él, persiguiéndole allí donde iba para verle, y ahora, de una día por otro, me lo encuentro en mi pueblo y me ofrece ir a comer con él… Es normal que esté así, ¿no? – digo agachando la cabeza, con los ojos llorosos.

Àngel vuelve de hablar por teléfono. Manu me guiña un ojo, como para darme fuerzas. Contengo las lágrimas, cojo aire y le sonrío. Voy a hablar con él. 

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