Pasan los minutos y Àngel se mueve incomodo en la silla cada vez que suenan
las canciones. Tiene ganas de cantar, pero hemos hecho una apuesta: a ver quien
consigue estar callado y quieto durante toda la obra. La verdad es que es muy
difícil y los dos movemos los hombros o picamos el suelo al ritmo de la música,
para compensarlo un poco.
-¡No puedo más! – Àngel se levanta en medio de una canción, se pone detrás
de las sillas y empieza a cantar y bailar. Empezamos a reír y aplaudir al
verlo, tenemos suerte que los niños están inmersos en su mundo y que no nos
oyen, pero aún así aflojamos la voz e intentamos no molestar.
Mientras estaba mirando a Àngel entretenida, Manu me coge de los brazos y
me levanta, llevándome hacia él, haciendo que Àngel me coja y empiece a bailar
pegado a mí, en plan vals. Noto como muero por dentro al notar su cuerpo
contra el mío y casi no puedo moverme. Por culpa de ello Àngel me pisa y me
pide perdón al momento e intenta separarse de mí, pero ya he aprendido la
lección: voy a disfrutar del momento al máximo. Le digo que no pasa nada con la
cabeza y vuelvo a cogerme a él, bailando yo. Àngel ríe divertido y vuelve a
bailar, moviéndonos por el poco espacio que tenemos. Cuando acaba la canción,
Manu y Blair nos aplauden y nosotros hacemos reverencias.
Continuamos viendo la obra sentados, pero cada vez que vienen canciones,
acabamos cantando y haciendo el burro detrás de las sillas, para no estorbar a
los niños. Durante la media parte descansamos y comentamos como lo han hecho… Aunque la verdad,
casi no los hemos visto. Manu y Blair nos critican, diciendo que hemos
sobreactuado en nuestras grandes actuaciones, pero no nos importa, nosotros
somos felices.
Vuelve a empezar la función y todo sigue como al principio. Cuando está a
punto de acabar, nos quedamos sentados, observando la reacción de los niños.
Para mi sorpresa, muchos lloran, aun que es bastante normal: yo tengo 20 años y
también lloré la primera vez… Es un final muy emotivo.
Acaba y todo el mundo se levanta a aplaudir, incluso nosotros. Cuando se
empieza a cerrar el telón, nos vamos corriendo hacia los camerinos, para no
encontrarnos con todos los niños que salen del teatro. Una vez allí,
felicitamos a los chicos y les decimos que todo ha ido perfecto.
Pero no todo va perfecto. Esta es nuestra despedida: ahora ellos se irán a
Barcelona a continuar con sus vidas y yo me tendré que quedar aquí, en este
pueblo, sin poder hacer nada al respecto…
-Bueno Alice – Àngel corta mis
pensamientos – ¿quieres ir a tomar algo
mientras se cambian? – sonrío feliz, emocionada, parece que supiera lo que
estaba pensando. No doy saltos de alegría porque intento parecer madura, pero
la verdad es que tenía muchísimas ganas de gritar. Afirmo con la cabeza y me
guiña un ojo. – Vamos a por una horchata.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada