Le rodeo el cuello con los brazos y, aun que no es muy alto, estoy de
puntillas. No puedo controlar las lágrimas y sigo llorando, con la cabeza
apoyada en su hombro. Para mi sorpresa, él no se separa, al contrario, suelta
una carcajadita y con sus brazos me rodea la cintura. Me aprieta por la espalda
contra él y se queda así, abrazado a mí, sin moverse.
Mientras yo intento controlarme y dejar de llorar, él me va acariciando la
espalda, consolándome sin hablar. Puedo notar muchos ojos fijados en nosotros,
pero no me importa: para mí, ahora solo estamos él y yo y me gustaría estar así
siempre. Pero no se puede… Ellos tienen prisa y no puedo hacerles perder el
tiempo. El poco razonamiento que tengo
me hace entender eso y, aun que me duele, me separo de él, secándome las lágrimas
y sonriendo.
Se queda mirándome a los ojos, con su perfecta sonrisa en la cara, y con la
mano derecha me coge por la mejilla y me seca una lagrimita que caía por mis
ojos. Yo, que sigo con mis manos apoyadas en su pecho, las retiro y me las
cojo, apretándome yo sola las manos para evitar el tembleque. Él deja ir mi
cara y me coge con sus manos las mías, llevándolas a la altura de su barriga.
- ¿Estás mejor? – sonrío sonrojada.
- S… Si… Lo siento… – ríe, haciéndome sonrojar más.
- No pasa nada, no me ha molestado – aprieta mis manos – Nos tenemos que
ir… – afirmo con la cabeza, entristecida – Seguiremos en contacto. Si algún día
vienes a Barcelona, avísame. – vuelvo a afirmar con la cabeza, sonriendo. –
Adiós, Alicia.
- Acabas de romper este bonito momento… – ríe.
- Estaba siendo demasiado dramático, mujer… – reímos. Nos quedamos mirando
sonriendo.
- Bueno, ¿ya? – nos giramos, es Manu, hablando por todos. Afirmamos los dos
con la cabeza, nos volvemos a mirar y Àngel me da un último abrazo rápido, pero precioso, me guiña un
ojo y se va.
Me quedo allí de pie, observando cómo se van, cogiendo la mano de Blair,
apretándola con fuerza. Cuando ya no se ven los coches, me giro y la abrazo,
volviendo a llorar.
- Espero que llores de felicidad, porque no te puedes quejar. – río y digo
que no con la cabeza. Cuando me separo la veo sonriendo de oreja a oreja. –
¿Quieres ver la buena pareja que hacéis?
- ¿Cómo?
Saca su móvil y me enseña una foto. ¿Una foto? No. Más que eso. Es la
señora foto. Es la foto más perfecta que jamás veréis nunca. La foto de un
recuerdo que guardaré siempre en el corazón: mi abrazo con Llàcer.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada