diumenge, 23 de desembre del 2012

32. Sé que puedes.


Jueves 23 de diciembre de 2010. Después de pasar todo el día anterior haciendo la maleta, poniendo y sacando cosas, indecisa, hoy, por fin, estoy sentada en el tren, de camino a Barcelona. Todavía no puedo creerlo. Tan solo han pasado tres días desde que mi madre me regaló los billetes y la estancia en el hotel, no he podido asimilarlo. ¿Qué haré yo allí sola? ¿Pasear? ¡Si ni tan solo me conozco la ciudad! Tengo miedo… Miedo de perderme, de no saber qué hacer, aburrirme… Miedo de plantarme cada día delante de Catalunya Radio y que me aborrezca. No, no puedo hacer eso… Iré mañana. Solo mañana. Le contaré qué hago aquí y… Le abrazaré. Tengo tantas ganas de abrazarlo…

Dejo de escribir. ¿Qué estoy haciendo? Este diario solo era para apuntar lo que iba haciendo durante el día, no para expresar mis sentimientos… Como vuelva con un diario lleno de ‘Àngels’ por todas partes, mi familia me mata.  Resoplo. Pues nada, tendré que apuntar solo lo imprescindible.

Después de dos largas horas, estoy llegando a Barcelona. Los nervios crecen por momentos. Mamá, ¿por qué me has hecho esto? Sabes que no me gusta gastar dinero… Ahora tendré que buscar un taxi para llegar al hotel… Suerte que me habéis dado dinero entre todos, porque si no me muero del hambre y del asco. (Río. El día en que enseñe esto en casa, me caerán por todos los lados…) Las señoras que tengo sentadas al lado comentan que llegamos en 10 minutos, así que voy a empezar a guardar las cosas. Nos vemos cuando llegue al hotel.

El tren frena, la gente se levanta y se empieza a apelotonar en la puerta. Cojo las maletas y, como puedo, me planto entre ellos. Se abren las puertas y salgo entre los empujones de todos los pasajeros, que ni se paran en darse cuenta que voy cargada. Cuando solo voy con el bolso, esto no es tan molesto…

Salgo de la estación y paro un taxi. Le doy la dirección del hotel y me lleva hasta allí. Las piernas me tiemblan. Putos nervios. ¿No crees que ya eres un poco mayorcita como para que te pase esto? No, no lo soy, nunca lo seré.

Mientras no llegamos, miro por la ventana, escuchando música. Intento quedarme con las calles, las carreteras, los rincones de la ciudad. Tengo que memorizarlo todo un poco, antes de perderme. Antes de que me dé cuenta, el taxi para y el conductor se gira extendiendo la mano hacia mí, con una sonrisa forzada. Le pago, con una sonrisa de vuelta, y salgo del coche. Cierro la puerta, agacho la cabeza, cierro los ojos, resoplo y me giro, abriendo los ojos y subiendo la cabeza para admirar el edificio.  El letrero del hotel se me queda marcado en la retina. Todavía no puedo creerlo, no me entra en la cabeza que esto esté pasando de verdad, que vaya a quedarme aquí, sola, durante una semana. Aprieto las manos, aferrándome con fuerza a las maletas. “Vamos, Alice, se que puedes”. 
 

dissabte, 15 de desembre del 2012

31. Navidades con sorpresa.


Los meses pasan lentamente. Las hojas de los árboles van poniéndose marrones con el paso de los días y acaban cayendo al suelo, danzando al hacerlo. Más tarde, el frío inunda los pueblos: llegan los vientos, las lluvias, los días grises… El suelo se va tiñendo del blanco perfecto de la nieve, las calles se llenan de luces de colores y de “Papás Noeles” en los balcones. Sin duda, es mi estación del año y fiesta favorita.

Des de hace bastantes años, cada Navidad pido lo mismo: poder ir a Barcelona y conocer a mi mayor ídolo y amor platónico. Este año, pero, todo es distinto. Este año ya lo he hecho realidad, así que lo único que pido es poder volver allí a estar con él. Desgraciadamente, durante estos dos meses en los que he estado aquí, no he podido trabajar ni ganarme dinero con nada, así que tendré que tirar de ahorros si quiero ir a pasar un día allí.


Hoy, 20 de diciembre, estamos reunidos toda la familia celebrando la Navidad. Lo hacemos antes aprovechando que es el cumpleaños de mi hermano y así le es más fácil a los que no son de aquí. Es nuestra pequeña tradición: nos juntamos grandes y pequeños y cantamos el cumpleaños feliz junto con los villancicos, regalando tonterías a mi hermano y a mis primos pequeños.
Cuando llega el momento de dar los regalos, aparecen más paquetes encima de la mesa de lo que había pensado, pero no le doy importancia. Después de que mi hermano sople las velas y los 4 pequeños se lancen a por los paquetes, mi madre y mi tía me dan dos sobres. 

- ¿Qué es esto? – pregunto extrañada.
- Ábrelo, solo así lo sabrás. – responde mi tía sonriendo.

Todos los presentes se giran y sacan los móviles para hacerme fotos. Me pongo como un tomate, no entiendo lo que pasa. Todavía extrañada, abro el sobre de mi madre, y antes de que me dé cuenta realmente de lo que es, se me llenan los ojos de lágrimas. Me lanzo a abrazarla, a darle miles de gracias, sin soltarla. Después de dejarse achuchar, me separa y señala con la cabeza el segundo sobre. Lo abro rápido, rompiendo con nervios el papel. No me lo puedo creer, me quedo atónita. Es un pequeño mapa de Barcelona, con algunos sitios marcados, horarios de tren, de metro… Y un hotel. La miro. 

- ¿Para qué crees que es el billete de tren a Barcelona? ¿Para pasar un día? Para esa tontada no nos gastamos el dinero… – Suelta mi tía, respondiendo todas las preguntas de mi cabeza.
- ¿Pe… Perdón? – Vuelvo a mirar el billete. Es válido hasta el 5 de enero. – ¿Q… Qué? ¿Cómo?
- Alice, cariño, eres lo suficientemente grande como para pasar unas semanas sola en Barcelona.
- ¿¡SOLA!?
- ¡Claro! ¡No querrás que vaya yo a Barcelona contigo!
- Pe… Pero Blair… – En ese momento me llegan sus palabras a la mente: “La próxima vez no iré”.
- Hablé con Blair, quisimos comprar otro billete para ella, pero no quiso. – Contesta mi madre.
- Normal, yo tampoco aguanto más de dos semanas sola con Alice por Barcelona… – Dice mi hermano, mientras juega con mi primo con un tablero que les han regalado. Vuelvo a mirar a mi madre, con miedo en los ojos.
- Alice, no es para tanto. El hotel está por el centro. Tienes marcados los metros, los buses, las tiendas… En tres días te conocerás la zona mejor que nadie, ya verás. 


No me lo puedo creer. Pasar más de dos semanas en Barcelona, sola, en un hotel, poder pasear cada noche por la ciudad, llena de luces, cosa que adoro, mientras estoy en Babia, pensando tranquilamente en mis cosas…

- Mamá… Gracias. – es lo único que puedo decir antes de lanzarme a abrazarla otra vez, llorando, ahogando mi cabeza en su hombro, mientras algunos aplauden divertidos la tierna escena.
Cuando me separo de ella, me da un último regalo, un paquete. Extrañada, lo abro lento, intentando adivinar lo que es. Lanzo los papeles al suelo y me quedo mirando ese extraño regalo, a que se debe.
- ¿Un diario? – Digo un poco desilusionada, pensaba que sería una cámara nueva.
- Así podrás apuntar cada día las cosas que ves y haces por Barcelona, para que cuando vuelvas nos las puedas contar con todo detalle.

Un diario para anotar todo lo que me pasa por Barcelona, ¿eh? Parece una buena idea. A partir de ahora, todo estará anotado allí. 




dilluns, 12 de novembre del 2012

30. La próxima vez no iré.


“Just the way you are” sonando en mi móvil. Cascos puestos. Volumen a tope. Cabeza apoyada en el hombro de Blair. Ojos cerrados. Sonrisa de estúpida en la cara. Mente despierta para poder recordar todo lo vivido hoy. Todo listo para poder echar una cabezadita mientras volvemos a casa con el tren.

Voy tatareando la canción entre susurros, alegre, feliz, eufórica por todo lo que ha pasado. Blair normalmente ríe divertida, pero ahora no. Está enfadada, mira por la ventana y no me dirige la palabra. Lleva así desde que nos despedimos de Llàcer. He intentado hablarle, preguntarle qué le pasa, buscar una explicación… Pero no me contesta, evita contestarme o simplemente hace ver que no pasa nada. La única explicación que le encuentro es que no se acaba de llevar del todo bien con él, sobre todo después de que él dijera “Muy pronto. Pero recuerda, cuando vuelvas, hazlo sola”. Claramente, eso a mí me encantó, es más, me puse rojísima y el corazón me paró en seco. Pero a ella no le hizo ni pizca de gracia.

Cuando acaba la canción, me reincorporo, apago la música, me siento delante de Blair y la miro fijamente. Ella, sin mirarme, sonríe incomoda. Me mira de reojo y susurra “¿Qué?”. Sonrío. Se le ha pasado un poco el enfado.

- ¿Qué te pasa?
- ¿A mí? Nada. ¿Qué me va a pasar? – vuelve a mirar por la ventana.
- Vamos, no me hagas esto… Llevas así desde que nos fuimos. Ya ha pasado más de media hora, y nos quedan dos buenas horas de camino. – Me mira y vuelve a dirigir la mirada por la ventana. – Muy bien, tú lo has querido. – vuelve a mirarme de reojo, sin saber qué digo. Sonrío. Se da cuenta de mis intenciones y abre los ojos como platos y empieza a negar con la cabeza. Afirmo con la mía. – ¿Queeeeeee…. Teeee…. Pasa!? ¿¡Que te pasa!? ¿¡Que te pasa!? ¿¡Que te pasa!? ¿¡Que te pasa!?  
- ¡Basta! ¡Basta ya basta! ¡Oh, eres odiosa cuando haces eso! – Echo a reír.
- Llevas 20 años conmigo, deberías saber que todas nuestras discusiones siempre van a acabar así.
- Nunca dejarás de hacerlo, ¿verdad? – Niego con la cabeza. Resopla. Sonríe. Vuelve a mirar por la ventana.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- ¿Tengo que repetirlo? – Hago ver que cojo mucho aire, para volver al ataque.
- ¡No, no! – Sonrío victoriosa – ¿Qué quieres saber, Alice? No me pasa nada, ya te lo he dicho.
- Estar de morros conmigo es señal de que te pasa algo. Es algo que he aprendido conviviendo contigo… – Sonríe – Por favor, Blair, si he hecho algo que te incomode, dímelo.
- Tú no has hecho nada. No hay nada de malo en que quieras a una persona y estés con ella. Lo que me molesta es que él me trate mal.
- ¿Tratarte mal? Si no te ha hec… 
- Sí, sí hace, pero no te das cuenta. Me parece muy bien que quiera estar contigo por que le haces gracia, porque eres mona y se divierte contigo. Pero no hace falta que me ignore, o que diga en mi cara que le molesta mi presencia.
- No Blair… Él no ha querido decir es…
- No lo defiendas, me da igual. La próxima vez irás sola.
- ¡No!
- ¿Pero por qué no? Ya no tienes motivos para ponerte nerviosa ni nada. Yo no pinto nada con vosotros. – Le hago pucheros – Me da igual las caras que me hagas o el dinero que me pagues. La próxima vez no iré. 

dijous, 8 de novembre del 2012

29. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?


Acompañamos a Àngel hasta Catalunya Radio otra vez, tiene la moto allí y él también tiene que irse. Durante el camino sigue pinchándome, riéndose de mí por mi comportamiento vergonzoso con él y porque, al parecer, no sé caminar. No es que no sepa caminar, es que al tenerlo tan cerca, las piernas me tiemblan, y estando sentada lo puedo disimular, pero caminando no.

Llegamos allí en 10 minutos. Los 10 minutos más cortos de mi vida. Àngel se gira, se coloca delante de mí y me sonríe.

- Adiós, Alicia. – Se queda así, de pie, mirándome, sonriendo, esperando algo. Quizás que le conteste. Pero no puedo, el corazón me empieza a latir más deprisa de lo normal y empieza a dolerme el estómago. Se forma en él un nudo enorme, un nudo de rabia, de impotencia, y, sobre todo, de pena. No quiero irme, no quiero que se vaya, no quiero volver a separarme de él. Aprieto las manos con fuerza e intento sonreír, pero no lo consigo. Llàcer, que me mira fijamente a los ojos, se da cuenta en ellos de que no quiero despedirme y sacude la cabeza, riendo. – ¿Qué quieres que le haga? No es culpa mía que no vivas aquí… – Consigue hacer que sonría, eso le hace sonreír a él también. Me muerdo el labio, está precioso.
- Te echaré de menos… – Consigo decir en susurros. Eso le provoca una de sus preciosas carcajadas que tanto me gustan. Me sonrojo, como siempre, pero intento aguantarle la mirada.
- Lo sé, soy difícil de olvidar – dice poniendo pose de chulo. Me quedo embobada mirándole, sonriendo como una tonta, riéndome de su gracia. Podría tirarme todo el día así, solamente observándolo. Àngel chasquea los dedos delante de mi cara, para despertarme. Sacudo la cabeza y río.
- Estaba aquí. – miento.
- Sabes que no. – sonríe pícaro.
- Sí.
- ¿Sí que? – dice extrañado.
- Que sí eres difícil de olvidar. – sonrío. Àngel se queda sorprendido, y diría que casi se sonroja, ríe y abre los brazos hacia mí, para abrazarme. Antes de que se dé cuenta, me lanzo alrededor de su cuello. – Gracias, Àngel, gracias por todo. – Oigo como ríe en mi oído y noto como me presiona fuerte por la espalda hacia él. Se me ponen todos los pelos de punta y se me llenan los ojos de lágrimas, pero me contengo. Hundo la cabeza en su cuello, aspirando su perfecto aroma, y lucho contra las lágrimas que están a punto de salir de mis ojos.
- No me llores, por favor. – Susurra, apretándome más.
- No iba a… – Intento defenderme, pero me corta.
- No seas tonta, no hace falta que me das las gracias por nada. A mí también me gusta pasar ratitos contigo, me divierto mucho – ladeo la cabeza, riendo – así me gusta, que rías – se separa de mí, pero sigue cogiéndome por la cintura, mirándome fijamente a los ojos – estás más guapa cuando sonríes, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? – Le tengo demasiado cerca, y me sonrojo, me sonrojo como un tomate, y   sonrío, sonrío como una estúpida, sin apenas poderle hacer nada. Sus labios se curvan y muestran una gran sonrisa también. Los ojos, que todavía tenían dos lágrimas tontas que querían salir, las dejan caer, pero esta vez son de extrema felicidad. Agacho la cabeza, apretando los ojos y vuelvo a mirarle, con la más grande y sincera de mis sonrisas.
- Siempre que lo necesite. Pero tranquilo, a partir de ahora lo tendré siempre metido en la cabeza. – me devuelve la sonrisa.
- Como vuelvas a llorarme algún día, me enfadaré. – dice guiñándome el ojo.
- Hecho. – digo sonriéndole ampliamente. Vuelve a apretarme por la cintura hacia él, dándome un último abrazo antes de irse. Al separarse, me coge por las mejillas y me besa fuerte, aplastando sus labios contra mis mejillas ardientes. Deja en ella un seguido de besitos, besos que nunca me sacaré de la cabeza.
- Nos vemos pronto, ¿vale? – dice sonriéndome.
- Muy pronto. 

dissabte, 27 d’octubre del 2012

28. ¿Qué hago?


Sacudo la cabeza. Àngel está enfrente de mí, riéndose. Me sonrojo y lo miro mal.

- ¡Es tu culpa! –digo levantándome y girándome, para no verle, y cruzando los brazos.
- ¿Mía? ¡Pero si no he hecho nada! – contesta divertido.
- ¿Qué no? ¡Pero si lo haces todo el rato! – me giro y le miro. Él también se levanta, con una sonrisa pícara.
- ¿El qué, eh? ¿Qué hago? – dice acercándose a mí con esa misma sonrisa. Me quedo quieta, sin apartar mi mirada de sus labios. Él da dos pasitos más hacia mí.
- P…Pues… Me... Me po.nes ner.viosa… – digo apartándome un poco, pero él sigue avanzando hacia mí.
- ¿Nerviosa? ¿Qué tipo de nerviosismo? – vuelve a sonreír y a dar un paso hacia mí.
- P… Pues… – clavo mis ojos en su mirada. Incluso en ella se refleja lo bien que se lo está pasando al hacerme esto. Eso me cabrea un poco. Agacho la cabeza, cojo aire y vuelvo a mirarlo. –  Pues nerviosa del tipo de que me encantas y que si sigues avanzando hacia mí, no podré contestarte. – lo digo lo más fuerte que me deja el corazón, pero sale casi como un susurro. Aún así, él ríe y se aparta de mí.
- Lo siento, Alicia, pero es que me hace mucha gracia la cara que pones.
- Pero vamos a ver, ¿tan difícil es pronunciar “Alice”? – Aprovecho que me llame Alicia para cambiar de tema. Me están empezando a temblar las piernas y no quiero acabar mal con él.
- “Alisssssss” – contesta riendo.
- ¡Nooooo! – contesto enfadada como una niña pequeña. Àngel salta a reír y se acerca hacia mí, abriendo los brazos, dispuesto a abrazarme. Me quedo parada ante esa reacción, pero no dudo ni un segundo, doy un paso hacia adelante y dejo que me abrace, apretándome a él por su espalda al notar sus brazos rodeándome.
- Que tontita eres… – dice acariciándome la espalda. Contengo las ganas enormes que tengo de llorar en este momento y me aprieto un poco más a él.

Al separarnos, Àngel está sonriendo. Yo sonrío como una imbécil al ver su hermosa cara y agacho la cabeza para coger aire. Alguien carraspea detrás de nosotros. Es Blair. La miro sorprendida, ¿Dónde estaba? Cuando Àngel y yo empezamos a hablar en el banco, ella se levantó por que la habían llamado, ¿Y hasta ahora no ha vuelto? ¿O es que estaba tan pendiente de Llàcer que no me daba cuenta de que ella estaba allí? Me siento mal por ello, y la sonrío como modo de disculpa.

- Siento cortaros el rollo… Pero es tarde, tenemos que volver a la estación de tren. 

dimecres, 24 d’octubre del 2012

27. ¡Aterriza!


Comemos hablando de todo y de nada. Nos cuenta trabajillos que va haciendo y proyectos que tiene por delante. En especial nos habla de una obra que ya está maquinando, “Madame Melville”, y le prometo que en cuanto salga, voy a ser la primera en ir.

Acabamos de comer y nos invita a dar un paseo. Yo sonrío encantada, el tiempo a su lado pasa demasiado deprisa y no quiero irme todavía. Nos lleva a un parque solitario de Barcelona, supongo que está acostumbrado a ir a sitios así, para que nadie se lo encuentre y no lo moleste. Nos sentamos en un banco y seguimos hablando.

- Y bien, Alicia… ¿Cuándo piensas volver?
- ¿Dónde? – digo atontada por la pregunta.
- Al mundo  – dice riendo mientras yo me sonrojo  – atierra hija. No entiendo porque estás nerviosa todavía, después de todo lo que hemos pasado. – sonríe al ver que me pongo más roja, si cabe.
- Ya… Pero… Es… Raro…  – digo sin saber con qué palabras contestarle.
- El día en que consigas decirme una frase entera sin entrecortarte, sonrojarte o bajar el volumen, montaré una fiesta. – Ríe  – Bah, que digo, nunca lo conseguirás. – Blair rompe a reír con ese último comentario y Àngel se une a su risa. Yo les miro mal, sonrojada, con morros.
 - Perdona… Pero en las comidas he articulado más de una frase sin cortarme…   – Àngel me mira fijamente, sonriendo, sensual, para ponerme nerviosa  – y… Ahora… Todavía lo… Hago…  – Àngel rompe a reír.
- ¿Qué todavía lo haces? ¡Pero si no estás ni respirando!
- ¡Si respiro! ¡Mira! – empiezo a aspirar con fuerza para que vea lo bien que respiro, pero me ahogo y empiezo a toser. Eso provoca un fuerte descojone por parte de Blair y Àngel, que aplauden divertidos la escena. Vuelvo a mirarlos mal y cruzo los brazos, indignada.
- Era broma, tonta, no te enfades. – dice Àngel acariciándome el hombro.
- Ui si, broma, vuestra risa era de broma, claro. – digo picada. Nadie me contesta. Levanto la mirada y veo a Àngel sorprendido, sonriendo con cara de “no me lo creo”. – ¿Qué? ¿Qué te pica ahora? – digo con la misma bordería.
- ¡No conocía este tono de voz! ¡He conseguido picarte y sacar otro lado tuyo! ¡Bieeeeeeeeeeeeeen! – Empieza a chillar y a mover los brazos al aire, bailando, como solo él sabe hacerlo: con toda la perfección del mundo. Me quedo muerta al instante, es una de las cosas que más me gusta que haga. Cuando para y ve mi cara de enamoramiento, ríe. – Mierda, he vuelto a hacerlo… ¡Aterriza! 

divendres, 12 d’octubre del 2012

26. ¿Dónde quieres ir?


- Bien, ¿Dónde quieres ir? – dice Llàcer al salir de Catalunya Radio.
- ¿Yo? ¡Pero si yo no conozco nada de por aquí! – ríe.
- De verdad, qué de pueblo eres, hija… – me lo quedo mirando mal mientras él sigue riendo. – Podríamos ir a un restaurante bastante bueno que conozco… Pero tendríamos que ir en moto, y no cabemos tres personas… – Blair se queda parada y agacha la cabeza. Yo la abrazo riendo y le acaricio la cabeza.
- Pobrecilla, no digas esto que se siente culpable… Encima que la he obligado a venir… – Llàcer vuelve a reír.
- Yo no he dicho nada, os lo habéis imaginado vosotras solas. – Blair levanta la cabeza y lo mira de reojo, un poco mal. – No, ahora enserio, por aquí al lado hay algún que otro bar… Podemos ir allí. – Asentimos con la cabeza. – Bien pues… – se pone a mirar a los lados, como buscando el camino. Se gira hacia la derecha y señala una calle. – ¿vamos? – Volvemos a asentir con la cabeza, sonriéndole.

Llàcer empieza a caminar y yo rápidamente me pongo a su lado, carraspeando. Blair se pone a mi lado, sin mirar a Llàcer, creo que le ha sentado mal su comentario. Llàcer, que se da cuenta, sonríe y me susurra “la próxima vez ven sola”. Me sonrojo como un tomate y agacho la cabeza, sin poder contestar. Blair se lo queda mirando de reojo y él empieza a reír. Estoy segura que lo ha hecho aposta, eran las reacciones que él quería ver…

Seguimos caminando y ninguno de los tres saca tema de conversación. Yo estoy muy nerviosa y no sé qué decir, y menos con sus palabras resonando en mi cabeza. De repente, Llàcer saca un paquete de tabaco del bolsillo y saca un cigarrillo. Yo vuelvo a mirar enfrente, para no verlo fumar.

- ¿Te molesta que fume? – Mierda.
- Em… No… Solo que… No me gusta el humo. – digo un poco cortada.

Él vuelve a poner el cigarro en el paquete y se lo vuelve a esconder en el bolsillo. Lo miro sorprendida y él me sonríe. Vuelvo a sonrojarme y agacho la cabeza.

Finalmente, llegamos a la puerta de un restaurante. Él se para allí delante, se gira, nos mira y dice “Que, ¿os parece bien?” las dos asentimos con la cabeza, y él, con su perfecta sonrisa, abre la puerta y nos hace un gesto para que pasemos. 


dilluns, 8 d’octubre del 2012

25. ¿Qué haces tú por aquí?


Él responde a mi abrazo, apretándome fuerte hacia él, acariciando mi espalda y riendo por mi reacción. “¿Pero por qué lloras?” dice entre risas. No puedo ni contestarle, río yo también y sigo cogida a él, respirando su perfecto aroma. Contengo las lágrimas, inspiro fuerte y me separo de él, sonriéndole, mirándole a los ojos y muriendo al acto. Él también me sonríe divertido me acaricia la cara, secándome una lágrima que me caía.

- Pero bueno, ¿Qué haces tú por aquí? – dice con su gran sonrisa en la cara.
- Bueno… Tenía un día libre y… ¡Sorpresa! – digo sonriendo de oreja a oreja, feliz por verle. Ríe con mi reacción y hace que no con la cabeza, como diciendo “no hay nada que hacer con esta chica”.

De repente aparece una mujer a nuestro lado y carraspea, cortándonos. Me la quedo mirando mal, ya que hace que Àngel se separe de mí.

- Disculpa, tenemos que entrar ya. Vamos. – dice llevándoselo hacia la sala. Él la sigue y entra adentro. Me quedo pasmada allí en medio, me he quedado con ganas de estar con él.

Blair me coge de la mano y entramos a la sala también. Nos colamos entre unas señoras y conseguimos ponernos a primera fila. Àngel, que se da cuenta, nos sonríe. Empieza el programa y mis nervios crecen. Cada vez que Àngel habla se me erizan los pelos y siento que mi amor por él crece por momentos.

Acaba el programa y nos echan de la sala. Nos quedamos en la salita de espera, esperando a Llàcer a ver si consigo hablar con él, no pienso volver a casa sin haberlo hecho. Después de esperar unos 5 minutos, sale y viene hacia nosotras, pasando por el lado de unas chicas que le piden una foto, pero las ignora.

- Bueno, que… ¿Cuándo vuelves a tu casa? – me quedo blanca al escuchar eso, no sé si lo que quiere es echarme o preguntarme si voy a quedarme con él más rato.
- Pues… Nos vamos a las 8, cuando salga el tren… – digo temblorosa. Temo la respuesta. ¿Y si no puedo estar con él? ¿Y si se va y tengo que volver antes a casa sin haber podido disfrutar del día?
- Ah… Bien… ¿Vamos a comer juntos? – dice sonriendo. La cara se me ilumina y solo le puedo responder con una gran sonrisa. 

diumenge, 30 de setembre del 2012

24. Y llegó setiembre.


Pasaron los meses y Àngel y yo estuvimos un poco en contacto por twitter. Cada día le echaba más de menos y crecían mis ansias de ir a Barcelona a verle, pero no tenía como ir. Gracias a Dios, tuve que hacer de niñera dos semanas a los hijos de una amiga de mi madre y eso me dio un poco de dinero. Àngel iba teniendo proyectos por la radio y televisión, y eso me permitía escucharle y verle indirectamente. Pero aún así no bastaba, necesitaba verle en persona otra vez, y para ello tenía que esperar hasta algún día de fiesta para poder ir.

Y muy lentamente llegó setiembre, y con él las fiestas del pueblo. Una semana entera, antes de empezar las clases, que teníamos para festejar. Mi dinero solo daba para una visita a Barcelona, ya que tuve que comprar cosas para este nuevo curso pero tenía que intentarlo.


Y aquí estoy, en el tren, muerta de los nervios, yendo para Barcelona a ver a Àngel en un programa de radio. No le he dicho nada, va a ser en plan sorpresa. Blair me coge de la mano y me anima, suerte que he podido convencerla para que venga…

Después de dos horas, llegamos a Barcelona. Mis nervios crecen y tiemblo entera. Blair se ríe de mí y me recuerda que Llàcer también lo hará si no paro cuando le vea.

Empezamos a buscar Catalunya Radio, y con la tontería nos perdemos, somos así. Como sabíamos que pasaría eso, hemos venido con tiempo, todavía falta una hora para que empiece el programa, así que no pasa nada. Después de dar muchas vueltas y preguntar a todo aquel que nos encontramos, llegamos al lugar.

Nos sentamos en el sofá y crecen mis nervios. Las piernas me tiemblan y la barriga me duele demasiado. Blair empieza a preocuparse por mí, pero la tranquilizo diciéndole que no me pasa nada, que ya se me pasará. La sala empieza a llenarse de gente que venía de público, de trabajadores de aquí, de gente que pasea… Pero Llàcer no aparece… ¿Y si hoy no viene? ¿Y si todo justo hoy no venía como colaborador? ¿He venido para nada? Los ojos se me empiezan a llenar de lágrimas y aprieto la mano de Blair, agachando la cabeza. Ella me acaricia la espalda, supongo que sabe que es lo que estoy pensando. No puede ser, tengo demasiada mala suerte…

- ¿Alicia?

Reconozco esa maravillosa voz, y solo hay una persona que tenga las narices de llamarme así. Levanto la cabeza corriendo, con los ojos muy abiertos y llenos de lágrimas. Y allí, delante de mí, está él, con una sonrisa de sorpresa en la cara.

- ¿¡Pero qué haces aquí!? – dice abriendo los brazos y acercándose a mí. Me levanto de un salto del sofá y me lanzo a su cuello, abrazándolo, soltando las lágrimas.

divendres, 21 de setembre del 2012

23. Espero verte pronto.


Llego a casa radiando felicidad. Mis familiares me felicitan, me abrazan, me besan… Están igual de contentos que yo. Supongo que, durante todos estos años, he sido una pesada que no ha parado de hablar de él y creen que ahora pararé de hacerlo… Pero no, no va a ser así. Ahora le quiero más que nunca. Ahora deseo volver a verle, volver a abrazarle… Y haré todo lo posible para que así sea.

Después de pasar las fotos al ordenador, llorar al verlas y subirlas a Facebook y Twitter (etiquetándole dándole las gracias por el día de hoy), me voy a dormir.

Por la mañana, vuelvo a hacer como ayer: me levanto corriendo de la cama, cojo la cámara y vuelvo a mirar las fotos, para comprobar que no es un sueño.

Bajo al comedor, desayuno y sonrío a mi madre. Esta vez no está con un diario en las manos, esperando a dármelo para hacerme feliz. Cuando acabo de desayunar, vuelvo a mi habitación y me cambio, hoy he quedado con unas amigas para pasar el día en la piscina. Antes de hacerlo, pero, me conecto a twitter.
En cuanto lo abro, suelto un chillido agudo, lleno de felicidad. Mi madre viene corriendo, preocupada, preguntándome que me pasa.

-¡Mira! ¡Mira, mamá! ¡Àngel me ha contestado y me sigue! – Vuelvo a chillar como una desesperada, saltando a la vez. Mi madre me mira lo más mal que puede, y mientras se va suelta un “cada día está peor”.

Cuando me sereno, leo lo que me ha puesto:

“Aliciaaaaa! Espero verte pronto! Besos guapaaaa! JAAAAAA”

Muero de amor al leer eso. Y más al comprobar que me sigue. Ahora, pero, no podré poner según qué cosas, ya que puede que me esté leyendo… Bueno, así nos tendremos más informados, espero… Algún día iré a verle a Barcelona y cuando me vea, sonreirá, lo sé… 

dijous, 20 de setembre del 2012

22. ¿Estás mejor?


Le rodeo el cuello con los brazos y, aun que no es muy alto, estoy de puntillas. No puedo controlar las lágrimas y sigo llorando, con la cabeza apoyada en su hombro. Para mi sorpresa, él no se separa, al contrario, suelta una carcajadita y con sus brazos me rodea la cintura. Me aprieta por la espalda contra él y se queda así, abrazado a mí, sin moverse.

Mientras yo intento controlarme y dejar de llorar, él me va acariciando la espalda, consolándome sin hablar. Puedo notar muchos ojos fijados en nosotros, pero no me importa: para mí, ahora solo estamos él y yo y me gustaría estar así siempre. Pero no se puede… Ellos tienen prisa y no puedo hacerles perder el tiempo.  El poco razonamiento que tengo me hace entender eso y, aun que me duele, me separo de él, secándome las lágrimas y sonriendo.

Se queda mirándome a los ojos, con su perfecta sonrisa en la cara, y con la mano derecha me coge por la mejilla y me seca una lagrimita que caía por mis ojos. Yo, que sigo con mis manos apoyadas en su pecho, las retiro y me las cojo, apretándome yo sola las manos para evitar el tembleque. Él deja ir mi cara y me coge con sus manos las mías, llevándolas a la altura de su barriga.

- ¿Estás mejor? – sonrío sonrojada.
- S… Si… Lo siento… – ríe, haciéndome sonrojar más.
- No pasa nada, no me ha molestado – aprieta mis manos – Nos tenemos que ir… – afirmo con la cabeza, entristecida – Seguiremos en contacto. Si algún día vienes a Barcelona, avísame. – vuelvo a afirmar con la cabeza, sonriendo. – Adiós, Alicia.
- Acabas de romper este bonito momento… – ríe.
- Estaba siendo demasiado dramático, mujer… – reímos. Nos quedamos mirando sonriendo.
- Bueno, ¿ya? – nos giramos, es Manu, hablando por todos. Afirmamos los dos con la cabeza, nos volvemos a mirar y Àngel me da un último abrazo rápido, pero precioso, me guiña un ojo y se va.

Me quedo allí de pie, observando cómo se van, cogiendo la mano de Blair, apretándola con fuerza. Cuando ya no se ven los coches, me giro y la abrazo, volviendo a llorar.

- Espero que llores de felicidad, porque no te puedes quejar. – río y digo que no con la cabeza. Cuando me separo la veo sonriendo de oreja a oreja. – ¿Quieres ver la buena pareja que hacéis?
- ¿Cómo?

Saca su móvil y me enseña una foto. ¿Una foto? No. Más que eso. Es la señora foto. Es la foto más perfecta que jamás veréis nunca. La foto de un recuerdo que guardaré siempre en el corazón: mi abrazo con Llàcer. 

dilluns, 17 de setembre del 2012

21. Muchas gracias.


Vamos hacia la heladería del pueblo. Para nuestra sorpresa, no hay casi nadie. Solo un grupito de chicos que al ver a Àngel se levantan alucinados y le piden una foto. Él se los concede sonriendo y eso me enfurece: conmigo la primera vez no reaccionó así…

Nos sentamos en una mesa, junto con Manu y Blair, y pedimos una horchata.

- ¿Te lo has pasado bien? – me pregunta Àngel.
- Muchísimo. – digo con una gran sonrisa. Él sonríe también, como modo de respuesta. – De verdad, Àngel… Gracias por haberte portado tan bien conmigo… Nunca imaginé que pudiese estar contigo, y menos comiendo, cantando y bailando… Ha sido el mejor día de mi vida.
- Ooooohh… – dice poniéndose una mano en el pecho– Muchas gracias, yo también lo he pasado muy bien. – y se queda sonriendo, con la sonrisa más perfecta que he visto nunca.

Blair y Manu siguen callados. La verdad, me dan un poco de pena. Durante todo el día han hecho de velas y ni siquiera se han quejado. Entre ellos han hablado poco, supongo que los dos son igual de tímidos, y eso me hace sentir mal.

- Manu, muchísimas gracias a ti, también. Has estado todo el día riendo con nosotros y aguantándonos. – sonríe divertido y tímido. Me contesta moviendo la cabeza, como queriendo decir “de nada” – Y Blair… A ti más de lo mismo. Si no hubiese sido por ti, nada de esto habría pasado hoy – me sonríe y me guiña un ojo.
- Todo lo he hecho por ti. – le devuelvo la sonrisa y la abrazo. Àngel y Manu aplauden la escena y gritan “ooooooooooh”. Las dos nos sonrojamos y nos separamos riendo por ello.

Acabamos de tomarnos la horchata y volvemos al teatro. Tienen que ir a buscar a los chicos e irse… Eso me entristece muchísimo, no quiero que se vayan. De camino al teatro, voy al lado de Àngel, riendo y hablando, aprovechando los últimos momentos.

Llegamos allí y ya están esperándolos.

- Bueno, Alice… – Àngel se queda parado enfrente de mí y me mira entristecido, pero con una sonrisa –  espero volver a verte. – sonrío y afirmo con la cabeza. Intento aguantarme, pero no puedo: acaba cayéndome una lágrima de los ojos. Àngel se da cuenta y suelta una risita, yo rápidamente agacho la cabeza y me seco la cara con la mano. – Vamos, Alicia, volveremos a vernos. – levanto la cabeza mosqueada y veo como sonríe, lo ha hecho aposta. Suelto una risita y vuelvo a afirmar con la cabeza, no soy capaz de decir nada. Él se queda ahí de pie, esperando que conteste, pero al ver que no lo hago, me dice adiós con la mano y empieza a girarse.
- ¡No! – grito. Él se gira asustado y, sin darme cuenta, me tiro encima de él. 

dissabte, 15 de setembre del 2012

20. ¡No puedo más!


Pasan los minutos y Àngel se mueve incomodo en la silla cada vez que suenan las canciones. Tiene ganas de cantar, pero hemos hecho una apuesta: a ver quien consigue estar callado y quieto durante toda la obra. La verdad es que es muy difícil y los dos movemos los hombros o picamos el suelo al ritmo de la música, para compensarlo un poco.

-¡No puedo más! – Àngel se levanta en medio de una canción, se pone detrás de las sillas y empieza a cantar y bailar. Empezamos a reír y aplaudir al verlo, tenemos suerte que los niños están inmersos en su mundo y que no nos oyen, pero aún así aflojamos la voz e intentamos no molestar.

Mientras estaba mirando a Àngel entretenida, Manu me coge de los brazos y me levanta, llevándome hacia él, haciendo que Àngel me coja y empiece a bailar pegado a mí, en plan vals. Noto como muero por dentro al notar su cuerpo contra el mío y casi no puedo moverme. Por culpa de ello Àngel me pisa y me pide perdón al momento e intenta separarse de mí, pero ya he aprendido la lección: voy a disfrutar del momento al máximo. Le digo que no pasa nada con la cabeza y vuelvo a cogerme a él, bailando yo. Àngel ríe divertido y vuelve a bailar, moviéndonos por el poco espacio que tenemos. Cuando acaba la canción, Manu y Blair nos aplauden y nosotros hacemos reverencias.

Continuamos viendo la obra sentados, pero cada vez que vienen canciones, acabamos cantando y haciendo el burro detrás de las sillas, para no estorbar a los niños. Durante la media parte descansamos y comentamos como lo han hecho… Aunque la verdad, casi no los hemos visto. Manu y Blair nos critican, diciendo que hemos sobreactuado en nuestras grandes actuaciones, pero no nos importa, nosotros somos felices.

Vuelve a empezar la función y todo sigue como al principio. Cuando está a punto de acabar, nos quedamos sentados, observando la reacción de los niños. Para mi sorpresa, muchos lloran, aun que es bastante normal: yo tengo 20 años y también lloré la primera vez… Es un final muy emotivo.

Acaba y todo el mundo se levanta a aplaudir, incluso nosotros. Cuando se empieza a cerrar el telón, nos vamos corriendo hacia los camerinos, para no encontrarnos con todos los niños que salen del teatro. Una vez allí, felicitamos a los chicos y les decimos que todo ha ido perfecto.

Pero no todo va perfecto. Esta es nuestra despedida: ahora ellos se irán a Barcelona a continuar con sus vidas y yo me tendré que quedar aquí, en este pueblo, sin poder hacer nada al respecto…

-Bueno Alice  – Àngel corta mis pensamientos  – ¿quieres ir a tomar algo mientras se cambian? – sonrío feliz, emocionada, parece que supiera lo que estaba pensando. No doy saltos de alegría porque intento parecer madura, pero la verdad es que tenía muchísimas ganas de gritar. Afirmo con la cabeza y me guiña un ojo. – Vamos a por una horchata. 

divendres, 14 de setembre del 2012

19. ¿Estás loca?


Nos dirigimos hacia uno de los palcos. Eso me deja extrañada.

- ¿No lo ves des de platea?
- ¿Estás loca? Allí están todos los niños, ¡me comerían! – me echo a reír.
- Que exagerado, por dios…
- Sí, sí, exagerado… Ya me pasó una vez… – Manu empieza a reír, quizás porque se acuerda de la anécdota. Àngel suelta una risita de las suyas y abre la puerta.

Es un palco bastante grande. Hay 8 sillas: cuatro delante y cuatro detrás. Àngel nos hace un gesto de caballero para que pasemos nosotras dos delante de ellos. Blair se sienta en la punta, esperando a que yo me siente en el medio, para que así Àngel se ponga a mi lado. Y así lo hago, me siento a su lado y me giro a esperar a Àngel. Pero, para mi sorpresa, es Manu quien se sienta a mi lado, sonriendo divertido. Supongo que ve en mi cara que eso me ha dejado traspuesta, ya que yo quería a Llàcer, pero le sonrío para no quedar mal.

Agacho la cabeza para ver como los niños se iban sentando en platea, y entonces, escucho como se mueven las sillas. Al girarme, estaba Àngel sentado a mi lado, riendo él solo. Me pongo roja y río yo también.

-Que, te habías asustado, ¿eh? – ríe divertido mientras me pongo roja.
-¿Yo? ¡Qué va! Más bien estaba aliviada, seguro que Manu se está calladito y me deja escuchar tranquila la función… – Hace ver que mis palabras le duelen, poniéndose la mano en el pecho y haciendo ver que llora, indignado.
-¿Ah sí? ¿Prefieres a Manu? – Se levanta – ¡Muy bien! – grita exagerando y poniéndose una mano en la cabeza – ¡Aquí lo tienes! ¡Quédate con él! – dice señalándolo y sentándose detrás.

Empiezo a reír fuertemente, la escenita ha sido demasiado. Él ríe divertido, sentándose otra vez en su sitio. Al sentarse, sonrío de oreja a oreja, llena de felicidad. Todavía no me creo que esté aquí con él, así, tan bien, como si nos conociéramos de siempre.

-Bueno… Ahora no me distraigas más, ¿eh? Déjame ver tranquilo esto. – dice Àngel, mirándonos a mí y a Manu.
-¿Perdona? ¡Pero si eres tú el primero que empieza a chillar! – le contesta Manu.

Acabamos todos riendo y cuando Àngel iba a contestarle se apagan las luces, a lo que él chilla “shhhhhhht”. Eso me pone nerviosa, odio que la gente haga eso, no lo he soportado nunca. Se apagan las luces, se abre el telón y empieza la música. 

dimecres, 12 de setembre del 2012

18. ¿Vamos?


Entramos dentro del teatro. Me enseñan los camerinos y como lo tienen todo organizado. Mientras ellos se cambian, voy con Àngel, Manu y Blair al escenario, a ayudar a montarlo. Como no sabían que se alargaría más, lo tenían todo guardado detrás del escenario.

Mientras lo estábamos arreglando todo, los dos se iban quejando del trabajo que estaban haciendo, diciendo que eso lo deberían de hacer los actores o los técnicos del teatro, que, por cierto, no estaban.

- Todo es culpa vuestra – les replico mientras se quejan de los técnicos – si lo hubieseis dejado todo arreglado al lado donde iba y no por ahí, ahora no tendríamos tanta faena…
- Perdone señorita, pero le recuerdo que no sabíamos que actuaríamos otra vez. – contesta Àngel desde la otra punta del teatro, arrastrando unas escaleras.
- Va hombre va, seguro que os lo figurabais… – Los dos ríen
- Pues sí, pero nos hicieron guardarlo todo… ¡Así que la culpa no fue nuestra! – grita Àngel.
- Ya claro, claro… – digo divertida mientras arrastro una piedra en la que se sientan en medio de la actuación.

Continuamos “peleándonos” y organizándolo todo. Cuando está todo listo, Àngel y Manu se tiran al suelo. Son iguales, me encanta. Yo me siento con las piernas cruzadas al suelo y Blair se sienta a mi lado susurrándome “no te podrás quejar, ¿eh?” en el oído. La miro sonriendo de oreja a oreja y la beso en la mejilla, achuchándole toda la cara con las manos.

Llega el resto del equipo y todos nos levantamos.

-Bueno, ¿estáis todos preparados? – dice Àngel.

Todos contestan que sí a la vez. Se ponen en círculo, unen las manos al centro y chillan “Geronimo Stilton” levantando las manos. Me quedo sorprendida, por lo menos se podrían haber buscado una cosa más original para chillar.

-Bueno, ya sabeis como va esto. Estar tranquilos aquí en las escaleras hasta que suba el telón. Tiene que salir todo perfecto, ¿eh? Nos vemos al acabar la función. – todos afirman con la cabeza. – ¿Vamos? – dice girándose hacia mí y mirándome directamente a los ojos, con una gran sonrisa.
- Sí, vamos. 

dilluns, 10 de setembre del 2012

17. ¿Te vas a poner celoso?


Las horas pasan rápido y cuando me quiero dar cuenta hemos acabado todos de comer y ya es hora de volver al teatro a prepararse. Durante todo el rato que hemos estado aquí, Àngel se ha portado conmigo como si fuera una más. Entre todos han estado explicando anécdotas de cosas vividas en los ensayos, de cómo se portaban antes de hacerse amigos, de fiestas a las que habían ido… No les molestaba nuestra presencia, al contrario, les encantaba contarnos todas esas cosas, les gustaba revivirlo y reían divertidos al contarlo.

Llega la hora de pagar e irnos. Eso me entristece ya que ésta será la última vez que esté con ellos… Ellos se quedaran aquí hasta esta noche: en cuanto acaben la función, se van a Barcelona otra vez a seguir con la gira.

- Bueno, para hoy no tienes entrada, ¿no? – me dice Àngel al llegar al teatro.
- No, para hoy no… – digo sin poder aguantar la sonrisa en la cara. Me entristezco y agacho la cabeza. Al ver mi reacción, ríe y me levanta la cabeza.
- Bueno, tienes suerte de poder ser una Vip hoy.
- ¿Cómo? – digo recuperando mi sonrisa. Él sigue con la suya en la cara.
- Bueno, tu amiga todavía no ha visto el musical, ¿verdad? Pues por colaros hoy no pasa nada, total, es la última función… – Eso me duele, pero no rechazo su invitación.
- ¿Así que podemos entrar? – digo eufórica. Eso lo hace reír y afirma con la cabeza. – ¡Muchas gracias!
- Va, no hagas ver que te alegras de volver a vernos actuar, que todos sabemos que lo único que quieres es estar un rato más con él. – dice Enric pasando por mi lado. Me pongo roja al instante y ni siquiera contesto. Oigo como Àngel empieza a reír y me pasa el brazo por encima.
- Que, ¿ahora te vas a poner celoso? – me quedo quieta, roja, sin moverme. Tengo a Llàcer rodeándome por el cuello, muy cerca de mí. Giro la cabeza y veo su perfecto rostro al lado del mío y noto como muero de amor por dentro. Sonrío como una tonta justo cuando él también lo hace y rápidamente agacho la cabeza, no puedo tenerlo tan cerca. Vuelve a reír, pero no me deja ir y eso me encanta.

diumenge, 9 de setembre del 2012

16. ¿Qué tal si hacemos un brindis?


Sus palabras resuenan en mi cabeza formando un eco interminable. Estoy quieta, sin contestarle, seguramente roja como un tomate y con los ojos súper abiertos. Por su cara de diversión, imagino que mi cara es demasiado.

Agacho la cabeza y consigo calmarme un poco. Después de carraspear y levantar un poco la mirada, consigo responderle un “gracias”.

Llega el camarero con lo que hemos pedido. Los chicos empiezan a coger sus platos y a robarse comida. Vaya tontería. Todos tienen patatas fritas en sus platos, pero parece que es más divertido robársela al del lado… O al de delante. Àngel me ha quitado dos patatas. Lo miro mal y él sonríe divertido. “Total, solo te sabes quejar si te llamo Alicia…”. Aquí me ha pillado, suelto una risilla y empiezo a comer, sin contestarle. Por debajo la mesa, Blair me pega una patadita. La miro y veo que me sonríe feliz, feliz por mí. Le sonrío también y le devuelvo la patadita, como señal de amor.

Llega una botella de vino. Aunque yo no bebo, dejo que me llenen el vaso, no quiero quedar mal delante de todos ellos. Aunque tenga que morir en el intento, me acabaré el vaso.

- Bueno, ¿qué tal si hacemos un brindis? – propone Àngel levantándose.

Todos se levantan a la vez, alzando la copa. Blair y yo somos las tontas de turno que nos quedamos sentadas viendo la rapidez con la que se han levantado. Al verlos todos de pie, nos levantamos corriendo, casi tirando el vino del vaso. Eso provoca una gran carcajada de Llàcer, pero no me importa, ya que se queda mirándome con su sonrisa perfecta.

- Brindemos por la gran actuación que hicisteis ayer, hoy en la plaza y la que haréis esta tarde. – Todos ríen divertidos y empiezan a brindar. – ¡Eh, eh, eh, eh! ¡Todavía no he acabado! – Separan las copas, extrañados. – Brindemos por estas dos grandes fans. – Me quedo sorprendida, sin saber qué hacer. – Nos han traído a un restaurante más chulo que en el que estábamos… O eso dicen ellas. – Ríen – Ahora sí, brindemos.

Vuelven a brindar todos a la vez. Àngel se queda esperando a que brinde primero yo con él, y así lo hago, con una gran sonrisa en la cara. 

dissabte, 8 de setembre del 2012

15. Estás más guapa cuando sonríes


Aquí estoy. Sentada en una mesa rodeada de “desconocidos” que ríen entre ellos contándose anécdotas y sin poder moverme de los nervios porque delante tengo a la persona que más quiero. Y ella, mientras tanto, está hablando con sus amigos o picándome a mí, para que le conteste mal, para hacerme hablar. No sé si alegrarme por eso o enfadarme porque no me deja ni un segundo… Sí, definitivamente en estos momentos soy la persona más feliz del mundo.

- ¿Te puedo preguntar una cosa, Alicia?
- ¡Que no me llamo Alicia! ¿¡Tanto te cuesta pronunciar “Alice”!? – Àngel empieza a reír fuertemente, así, con esa risa perfecta que me gusta tanto. Eso hace que se me pase de seguida el “enfado” y vuelva a sonreír tontamente.
- ¿Y es que no sabes tú que “Alice” es una manera pija de llamarte Alicia? – ni le discuto, sonrío al ver su enorme sonrisa. – De verdad, no sé que tienen hoy en día los padres, cada día poniendo nombres más raros a sus hijos…
- Oye, que Alice no es tan raro…
- No, Alice quizás no… ¿Pero qué me dices de tu amiga? – señala a Blair y ella se sobresalta. Durante el rato que llevábamos todavía no le había dirigido la palabra, la pobre solo nos escuchaba y reía con nosotros. – ¿Cómo se llamaba? ¿Blara? ¿Claire? – ¿Blara? Nunca había escuchado ese nombre y eso me produce empezar a reír como una loca. Àngel se contagia de mi risa y toda la mesa acaba callando para enterarse de lo que había pasado. Al darnos cuenta, callamos a la vez y me pongo roja. – Oye, ¡cada uno a lo suyo! – Les chilla a los chicos.
- Me llamo Blair… – dice cuando todos se giran.
- Eso, Blair. En la vida había escuchado ese nombre por aquí… Pero claro, como cada vez crecemos más con los nombres americanos…

Me quedo mirándolo embobada, todavía no me lo creo. Es todo demasiado perfecto. Después de tantos años persiguiéndole, sentada en la misma mesa que él, riéndome de sus tonterías e incluso peleándome con él.

-Y es que claro, si ahora tú te llamas Alice... ¡A saber cómo le pones a tu hija! Algún nombre oriental, que entonces esté de moda… – sigue con lo mismo, él a lo suyo… ni tan si quiera le contesto, escucho su monólogo divertida. – Sakura, Yuki o… ¡Yoshi!
- ¿¡Yoshi!? – Vuelvo a reír sin freno, este hombre es demasiado. Él vuelve a mezclar su perfecta risa con la mía, e intento parar para poder escucharle. Me quedo sonriéndole, observándolo.
- Nunca había escuchado una risa más escandalosa que la mía… – dice cuando consigue parar la suya también.
- ¿Tu risa escandalosa? Es perfecta… – Lo suelto casi sin darme cuenta. Él se queda mirándome sorprendido,  sonriéndo.
- Tu risa también es muy bonita. ¿Y sabes qué? Estás más guapa cuando sonríes. 

divendres, 7 de setembre del 2012

14. Creo que esto va a ser divertido


Cuando voy a dirigirme a él, salen los actores del restaurante, ya cambiados y despintados. Enric me ve, sonríe y viene a saludarme.

-¡Hombre! ¿Qué haces por aquí?
-Nada, me he enterado que estabais dando felicidad a los niños en la plaza y he venido a veros. – Ríe y parece que va a contestarme, pero Àngel le corta.
- Viene a comer con nosotros. – vuelvo a sorprenderme al escuchar eso, el sonríe divertido con mi reacción. Enric me mira sorpendido.
- ¿Ah sí? ¡Qué bien!
- Sí. Os voy a llevar a un restaurante de lujo. – Los dos ríen al escucharme, me estremezco al escuchar la risa de Llàcer y sonrío.
- ¿Está muy lejos? – dice Enric
- ¡Ya estamos! ¡Hijo, es que no se te puede sacar de casa!

Àngel empieza a gritar, así, tal y como es él, riéndose de Enric. Yo no dejo de reír, la escena es demasiado. Acaban separándolos Marc y Manu, diciéndoles que ya es hora de ir a comer. Àngel, rápidamente, me mira sonriendo.

-Bueno que, ¿vamos? – muero. Se queda mirándome divertido. ¿Cómo le puede gustar tanto hacerme esto? Pues pienso demostrarle que puedo tranquilizarme.
- S…Si, vamos. Ya verás cómo te gusta mucho. – Àngel sonríe y eso hace que sonría instantáneamente. No hay sonrisa más perfecta que la suya.

Empiezo a caminar hacia el restaurante al lado de Blair. Noto como se forma una fila detrás mío y eso me pone nerviosa. Me giro y efectivamente, estaban todos siguiéndome. Àngel y Manu iban delante, justo detrás de mí, riendo entre ellos, dirigiendo a los actores hacia el lugar.

Cuando llegamos allí, pido una mesa para todos y nos la dan.


-¿A esto lo llamas tu restaurante? – Suelta de repente Àngel, cuando ve la puerta.
-Oye, que aunque por fuera se vea como un cutre bar, por dentro está muy bien, listo. – Àngel empieza a reír, después de poner una gran cara de sorpresa al escuchar cómo le replicaba. Yo me pongo roja al instante y me giro.

Cuando nos preparan las mesas, todo el equipo empieza a sentarse, discutiéndose entre ellos para ver al lado de quien se querían sentar. Yo me siento en la punta, me da mucha vergüenza estar en el medio y que todos me miren y Blair se sienta a mi lado. Àngel, que se había quedado de pie en la otra punta de la mesa esperando a que todos se sentaran, va corriendo hasta la silla que está justo delante de la mía y se sienta. Me quedo parada, con los ojos muy abiertos y sin saber cómo reaccionar.

-Yo quiero sentarme delante de Alicia. – mi rostro cambia y le lanzo una mirada fulminante – Creo que esto va a ser divertido… – suelta después de una pequeña carcajada. Sí, yo también lo creo.

dimecres, 5 de setembre del 2012

13. Es normal que esté así, ¿no?


Espera, espera, espera. Me he perdido. ¿Àngel Llàcer me está invitando a ir a comer con ellos? ¿Enserio? No. No puede ser. Esto es una trampa, aquí hay gato encerrado.

- Claro, claro que venimos. – Blair corta mis pensamientos. Llàcer dirige la mirada hacia ella y suelta una risita.

Le suena el móvil, lo coge y se aparta de nosotras para hablar. Manu se queda allí, en la pared, mirando al suelo. Creo que está igual de cortado que nosotras. Blair me coge del brazo y me aparta un poco de Manu, para hablar conmigo.

- Alice, esta es tu oportunidad. ¿Quieres hacer el favor de no quedarte muerta cuando Llàcer te habla? – Agacho la cabeza, no me gusta que me riñan y menos por esto, no lo hago queriendo… – Mira, Alice, sé que esto te coge desprevenida, pero haz como si fuera una persona normal, háblale como si me hablaras a mi o a cualquier otro, si no lo único que conseguirás es que no te hable más.
- ¡Pero joder que no es tan fácil! Que siento como me mira, como me habla y no puedo hacer nada. ¡No puedo! Me quedo paralizada observando su perfección y no puedo creerme que es a mí a quien le dirige la palabra… ¿Y has visto cuando nos ha preguntado lo de ir a comer con él, como me miraba? ¡Lo ha hecho aposta! ¡Quería ver cómo me quedaba como una tonta mirándolo sin parar!
- Y lo ha conseguido…
- Claro que lo ha... – giro la cabeza, no es Blair la que me ha contestado. Manu está mirando la escena divertido. Hemos pasado de hablar susurrándonos a acabar chillando, y claramente, Manu lo ha oído todo.
- Mira, creo que no tendrías que ponerte tan nerviosa. – dice acercándose a mi – Àngel es una persona normal y corriente, como tú y como yo, y cuanto más vea que te pones nerviosa al hablarte, más lo hará. Hasta que al final piense que eres una aburrida y deje de hablarte.
- Pero es que es imposible no ponerme nerviosa… Es que es él, es el hombre de mis sueños… Llevo mucho tiempo detrás de él, persiguiéndole allí donde iba para verle, y ahora, de una día por otro, me lo encuentro en mi pueblo y me ofrece ir a comer con él… Es normal que esté así, ¿no? – digo agachando la cabeza, con los ojos llorosos.

Àngel vuelve de hablar por teléfono. Manu me guiña un ojo, como para darme fuerzas. Contengo las lágrimas, cojo aire y le sonrío. Voy a hablar con él. 

dimarts, 4 de setembre del 2012

12. ¿Qué hacéis por aquí?


Me quedo inmóvil, no puede ser… Àngel nos ha saludado tan tranquilo, como si nada, sin sus borderíos. Es más, está aquí, fumando, riendo con Manu, como si no les molestara nuestra presencia.

-Y bien, ¿qué hacéis por aquí?

Vuelvo al mundo real. Parpadeo. No, no estoy soñando, es él, y me está hablando a mí.

-Pues nada, hemos visto que estabais aquí promocionando el musical y hemos venido a veros. – le contesta Blair, con toda su naturalidad. ¿Cómo puede no estar nerviosa?
-Ah, que bien. – Suelta Llàcer con una risita al ver que no he contestado yo. Vale. Supongo que me ha reconocido.

Estoy paralizada observando la escena. Todavía no me lo creo. Àngel vuelve a hablar con Manu, pero no nos echa. No le molestamos. Blair me da un codazo para que haga algo. Es verdad. Tengo que reaccionar. No puedo hacer que el miedo actúe por mí, no puedo quedarme paralizada cada vez que le vea. Tengo que hablarle, tengo que hacerle ver que no soy una sosa, que yo de verdad estoy interesada en hablar con él.

-Àn… Àngel… – Àngel se gira y me mira divertido. ¿Le hace gracia que tartamudee?  Mierda, Alice, por favor, ¡habla claro y rotundo! ¡Vamos, hazlo por él! – Ehem. ¿Dónde iréis a comer? – Blair sonríe al ver que consigo hablarle. Él se sorprende con esta pregunta. Ríe.
-Bueno, ¿no lo ves? Estamos en la puerta de un restaurante.
-Sí, lo veo… Pero hay más restaurantes en este pueblo. – La voz se me va apagando con cada palabra. Es verdad, la pregunta era un poco tonta.
-¿Ah sí? – Sonríe – ¿Y hay alguno que sea mejor que este?
-Co… ¿Como mejor que este?
-Bueno, hay uno en la plaza de aquí al lado que está mejor de precio y hacen unas tapas muy buenas. – contesta Blair, ayudándome.
-¿Sí? Qué, Manu, ¿vamos allí? – dice Àngel divertido.
-¿eh? Ah bueno, no sé, como quieras. Están los chicos por aquí así que…
-Sí, sí, va. Vamos allí, que si ellas dicen que se come mejor será por algo. – Me sonrojo – Y si luego vemos que no nos gusta, no les hacemos caso nunca más. – Manu ríe y él se contagia de su risa.
-No, no – respondo rápido – vais a comer bien allí, os lo prometo.
-Más te vale. – contesta Llàcer. Me quedo sonriendo como una lela. – Bueno pues, ahora cuando salgan los chicos se lo decimos y vamos para allí – dice mirando a Manu – Os esperáis con nosotros, ¿no? – vuelve a mirarnos.
-Co… ¿Cómo? – contesto instantaniamente.
-Venís a comer con nosotros, ¿no? – de repente, su sonrisa normal desaparece, y en su rostro aparece una sonrisa divertida, de pillín. Sus ojos están centrados en los míos, buscando mi respuesta. Sabe que esto puede conmigo y espera ver como muero. Y, claramente, lo consigue. 

dilluns, 3 de setembre del 2012

11. No estás soñando


Todavía no puedo creerlo. Justo ayer, después de muchos años de intentarlo, conseguí verle y hacerme una foto, y pocas horas después le veo tan tranquilo en la plaza de mi pueblo… Esto es demasiado.

- Joder, es que todavía no me lo creo. No me puede estar pasando esto de verdad… Sigo soñando… – Blair me coge de la mano y la aprieta con fuerza.
- ¿Lo notas? – Asiento con la cabeza – ¿Ves? No estás soñando. Después de muchos esfuerzos por fin lo has conseguido. – Sonríe – y ahora no te quedes aquí quieta como una tonta, recuerda lo que dijiste ayer: todavía te quedan muchos sueños por cumplir con él.

Sonrío de oreja a oreja. Es verdad, quiero y necesito que me abrace, que me hable, estar con él como si fuéramos amigos… No sé cómo, pero voy a conseguirlo.

Acaban de bailar y cantar los chicos y dicen que si quieren más que esta tarde estarán en el teatro. Muchos padres corren hacia allí, para comprar las entradas. Ellos entran en el restaurante donde íbamos a comer, supongo que para cambiarse y comer ellos también.

-Vale, Blair, visualiza la situación: los actores están en el baño, cambiándose, y Llàcer está allí con Manu fumando… Bien… Nos acercamos sigilosamente y… – Blair me coge de la mano y me tira de ella, corriendo hacia ellos, sin dejarme acabar la frase.
-¡Hola! – grita Blair poniéndose al lado de Manu. Éste da un salto y se gira sorprendido, igual que Àngel.

No me lo puedo creer. Me vuelvo a quedar muda sin decir nada, con la misma cara de alucinación que Àngel y Manu. Manu empieza a reír, supongo que esta situación le ha hecho gracia. Àngel nos mira de lado pero también ríe. Muero con su risa.

-Hola – dice Àngel todavía riendo – menudo susto, chicas. 

diumenge, 2 de setembre del 2012

10. Va a ser un día movidito


No puedo moverme. Estoy quieta, paralizada, los ojos como platos y la boca más abierta aún. No sé ni siquiera si sigo respirando.

-Alice, cierra la boca o te entrarán moscas. – dice mi madre divertida.

Mi boca esboza una gran sonrisa, empiezo a reír y a chillar. Me levanto de la silla y empiezo a dar saltos de alegría. Mi madre se aparta y contempla la escena divertida.

-Esto es… ¡Es increíble! ¡Es el destino, mamá! – Veo que con la mirada expresa un “ya, claro” y se va sonriendo hacia la cocina, dejándome a mi allí en el comedor, saltando encima del sofá. – Tengo que llamar a Blair.

Corro a mi habitación a buscar el móvil, tengo que convencerla para ir a la plaza a ver a esos grandes actores… Qué digo. Sé perfectamente porqué quiero ir allí, y no es por ellos. Empiezan a sonar los pitidos de espera, pero nadie me coge el teléfono. Qué raro… Siempre lo tiene a mano.  Suena el timbre. No puede ser.

Abro la puerta y allí está ella, con el diario abierto por la página de la foto de Llàcer y una sonrisa traviesa que no le cabe en la cara.

-Te quiero, enserio. Eres demasiado. – le digo al lanzarme encima de ella, abrazándola lo más fuerte que puedo.
-Arréglate y coge dinero. Hoy va a ser un día movidito.

Me cambio rápidamente y cojo dinero para comer en el restaurante de la plaza. De camino voy temblando y chillando, todavía no me lo creo. Voy a tener otra oportunidad de verle. Pero… ¿Qué le diré? ¿Me reconocerá de ayer?

Antes de que pueda responder a mis preguntas, llegamos a la plaza. Me quedo inmóvil, contemplando la escena: miles de niños en la plaza, sentados en el suelo, aplaudiendo y gritando, observando la escena que tienen delante de sus ojos: Geronimo Stilton bailando con su fiel acompañante, el sapito.

Nos plantamos por los lados de la primera fila, mirando divertidas el espectáculo.

-Alice, mira en frente tuyo.
- ¿Dónde?
-Allí delante, donde las madres que gravan.

Y allí, al lado de unas señoras, camuflado, se encontraba él, riendo divertido, contemplando los bailes de sus chicos. 

divendres, 31 d’agost del 2012

9. ¿A qué esperas?


Me despierto contenta y feliz. He soñado con él, otra vez, pero esta vez todo era más bonito: nos encontrábamos en un bar, me reconocía y empezábamos a hablar. Él reía y decía bobadas, me contaba anécdotas vividas en los programas que había trabajado y movidas con algún que otro famoso. El haber soñado con él me hace dudar de lo que viví ayer. ¿Lo habría soñado también? Corro hacia la mesa y cojo la cámara. Cuando la abro, allí están: mis dos fotos con Àngel, Enric, Manu y Marc.

Bajo a desayunar con una sonrisa de oreja a oreja. Voy dando saltitos e imaginándome un mundo fabuloso en mi mente. Preparo la leche y los cereales y me siento en la mesa. De repente, aparece mi madre en la puerta, con un diario en la mano. Al cruzar nuestras miradas sonríe, divertida.

-Alice, creo que hoy vas a querer leer el diario.
-¿El diario? – digo extrañada. – Sabes que no me gustan nada ni el diario ni las telenoticias. ¡No sirven de nada!– Mi madre se queda quieta. Veo que no abaja el diario, sigue ofreciéndomelo. –  ¿Por qué quieres que lo lea? ¿Hay algo que pueda interesarme? – suelta una risita  – No me estarás buscando trabajo otra vez, ¿no?
-Sí, pero no encuentro nada, chica…  – la miro mal. Empiezo a comer, desinteresada en lo que me cuenta ella. – Toma, lee esto. – me pasa el diario abierto por una de las páginas centrales.

Y allí, ocupando dos páginas de diario, con un enorme título que se come casi la mitad de la primera, están ellos: Geronimo Stilton con su director. “El gran musical de la fantasía agota las entradas en una sola hora”. Estoy alucinando, no puedo creerlo.

-Léelo todo. – dice mi madre con una gran sonrisa en la cara, feliz de verme así.

El musical de la fantasía hace furor entre los niños. En tan solo una hora, muchos padres compraron las últimas entradas que quedaban libres. Entre los espectadores había niños de otros pueblos, que habían bajado aquí solo para ver al pequeño ratón. Otros muchos se quedaron con las ganas de entrar. ¿Usted es uno de ellos? Quédese tranquilo. Viendo la gran repercusión que ha tenido, Geronimo Stilton se queda un día más entre nuestras calles para poder hacer feliz a esos niños que no pudieron verlo ayer. Y si no solo quieres hacer disfrutar a su hijo en el teatro, llévelo a la plaza Mayor del pueblo, allí encontrareis a los protagonistas del cuento, bailando y cantando para vosotros. ¿A qué esperas? ¡Corre a por tus entradas!”